Forza juve

Queipo Rodríguez, Antonio

Mi primer encuentro con el fútbol creo que fue en el año ochenta y dos. Acababa de cumplir siete años y un inoportuno sarampión me tenía atornillado al sofá del salón. No había colegio ya, y si lo había no lo echaba de menos.

Entre picores y cucharadas de jarabe gastaba el tiempo viendo televisión. Un hombrecito menudo y desgarbado hacía goles todas las tardes. Se llamaba Paolo Rossi y tocó el cielo aquel verano.

Pero quién me marcó para siempre fue otro tipo que exhibía en el pecho una enseña similar. Llevaba el catorce y lo recuerdo corriendo por el verde del Santiago Bernabeu poseído por no sé que extraña fuerza sobrenatural. La fuerza del fútbol a once, supongo. Los brazos abiertos y los puños apretados, mientras meneaba la cabeza de un costado a otro. Nunca olvidaré aquella huida hacia ninguna parte.

Era Marco Tardelli, un defensor todo terreno reconvertido a medio volante de sutil y fino toque. Acababa de batir a Harald Schumacher desde la frontal para colocar arriba a Italia en la final de la Copa del Mundo. Ese día me enamoré de este juego, y también de los Zoff, Scirea, Gentile y Cabrini. Ellos, junto a Rossi y Tardelli, saltaban cada domingo al Comunale con la camisola “bianconera” de la “Vieja Dama” y tal vez ahí me revelaron el mensaje: JUVENTUS: un modo di essere, di esprimersi e emozionarsi. ¡FORZA JUVE VINCI PER NOI!

El banderín

Queipo Rodríguez, Antonio

Hola a todos. Mi nombre es Pablo y hasta hace unos meses era un banderín de corner del campo de fútbol de El Reguerón.

Y digo era, porque desde que la federación y el ayuntamiento decidieron que Cangas debía tener un campo de hierba sintética como los pueblos grandes, estoy al paro.

Yo soy un banderín de los de toda la vida: palo de madera y tela barata, azul y roja, como los colores del Narcea.

Tengo pasado mucho frío en la esquina del río, pero sé sufrir.

Eso me lo enseñó mi abuelo, que de esto también sabía un rato.

Él vio jugar a Juaqui el Soliso, y un día, sacando un corner le puso la mano encima.

Siempre estuvo orgulloso de eso.

También disfrutó mucho viendo jugar a Chichi y a todos aquellos chavales que se reunían en verano para jugar partidos y eran invencibles.

Sólo quería pediros un favor: si sabéis de algún campo de hierba natural en el que necesiten un buen banderín, dejarme mensaje aquí.