Halloween

Bece

El Mariano era dentro del plantel de peones, al que más le gustaba hacer bromas al resto de sus ocasionales compañeros. A él se le atribuye haber utilizado “jalapa” (Ipomea Purga) para escarmentar a un señorito de la ciudad que lo había agarrado de “punto” desde su llegada al campo, y que gracias a unos mates que le acercó gentilmente Mariano, casi desaparece por el inodoro, debiendo volver de urgencia a la ciudad “porque la comida del campo”, no le sentaba bien.

Harto de las bromas del Mariano, sus compañeros se aunaron en una venganza, y una noche de domingo oscura y ventosa, cuando regresaba medio obnubilado por alguna que otra copita demás, el Mariano y para no ser menos también su caballo, se espantaron al ver en la tranquera principal a un monstruo de gran cabeza con un ojo rojo y el otro amarillo, unos pocos dientes que parecían filosos y como una especie de luz que bajaba por todo un cuerpo sin formas. En menos que canta un gallo el Mariano, lúcido como por arte de magia estaba otra vez en el pueblo, dispuesto a volver al campo solo al día siguiente y bien avanzada la mañana, situación que permitió a sus compañeros utilizar en un puchero, el zapallo grande y redondo que tan bien había cumplido, previa preparación con un celofán rojo y otro amarillo, una sábana de la Matilde y una linterna, su rol de monstruo penando en la noche.