Así era mi padre

Corallini, Claudia

Siempre elegante, con peinado a la gomina, su bigote fino y prolijo, su traje bien planchado y sus zapatos bien lustrados. Claro, debía estar siempre presentable, ya que cada mañana lo esperaban sus alumnos. Era maestro de una escuela técnica industrial. Siempre muy respetado, admirado y querido.
Te tuve, papá, pero era muy chica cuando te perdí. No alcance a conocerte lo suficiente. Me quedó un vacío en mi corazón. Recuerdo poco tu voz, hablabas lo justo y necesario. No eras muy demostrativo, no recuerdo un te quiero seguido de tus labios.
Pero yo te acepte así, tal cual eras. Reservado, callado. Así te conocí y así te quise. Te extraño papá. Desearía tenerte para demostrarte cuánto te quiero y disfrutarte más. Te amo papá y siempre te recuerdo, FELIZ DÍA.

Carta de un desconocido

Corallini, Claudia

Carolyn recibió una carta y una rosa blanca, sus favoritas. Desde ese instante en que abrió el sobre y leyó las primeras líneas nunca imaginó que su vida cambiaría para siempre. Era una carta de amor, de esas que solo un eterno enamorado enviaría, puro, sincero. Pero ¿quién se la enviaba? ¿Cómo sabía aquella persona tanto de su vida? ¿Por qué no se identificaba?

Le decía tantas cosas bellas y tan ciertas, con secretos que nunca se los contaría a nadie, o por lo menos no recordaba. ¿Cómo sabía el desconocido que adoraba las rosas blancas? Le corrió un escalofrío por todo su ser que soltó la rosa y de su dedo índice brotaron gotas de sangre que cayeron sobre la hoja.

Se quedó mirando fijamente el papel y se estremeció nuevamente. No era casualidad que las gotas cayeran sobre cinco letras que al unirlas formaron un nombre, RALPH. La persona que portaba ese nombre había significado algo en su vida hace 20 años atrás. No podía creer lo que estaba ocurriendo, que Ralph volviera a aparecer en su vida y de esa manera…

Al día siguiente en la portada del diario matutino Carolyn leyó: “El abogado Ralph Derry murió en su habitación del hotel. Al lado de su cuerpo se encontró una carta en borrador dirigida a Carolyn Maura. Todas las sospechas recaen en la mujer…”.

El espejo

Corallini, Claudia

Revisando el arcón de los recuerdos, encontró un espejo con marco dorado y flores celestes. Se miró en él y vio la cara de una niña de ojos grandes y marrones, sonrisa dulce y alegre. No reconoció quien era, la imagen la asustó y guardó el espejo.

Al rato se miró en el que estaba sobre la pared del living y vio a la anciana, con las marcas de los años en su cara, sonrisa triste, apenas si era una sonrisa. Ahora sí se reconoció, era ella, aquella niña que alguna vez había sido y solía jugar a ser grande y a mirarse en ese espejo que guardaba con tanto celo en el arcón de los recuerdos.