Planes de novios

Daniel Frini

Como que mi nombre es Romeo que cuando nos casemos, Julieta, vamos a vivir en una casita de planta baja. Me tiene repodrido tu balcón.

Días de yeta

Daniel Frini

Días de yeta I
Íbamos en bici y se nos cruzó un gato negro. Mala suerte. Para el gato. Hoy comemos.

Días de yeta II
Pasé debajo de la escalera y la enganché con mi bota. El pintor se quebró ambas piernas.

Días de yeta III
Abrí el paraguas dentro de una habitación cerrada. La inundación llegó a la altura de los cuadros

Días de yeta IV
La malvada madrastra preguntó y no le gustó la respuesta. Enojadísisa, rompió el espejo. Así le fue.

Días de yeta V
Nombraron al quetejedi y me agarré, con fuerza, el huevo izquierdo. El moretón lleva veinte días. Duele.

Días de yeta VI
La vio con el vestido antes del casamiento. “¡Andate!” gritó ella. El se fue. Con su cuñada.

Días de yeta VII
“Si mandás este mail, te llegarán diez regalos”, decía. No lo mandé. Llegaron diez citaciones de Rentas.

Días de yeta VIII
Dicen que la pata de conejo trae suerte. Eso no es cierto. Al menos para el conejo.

Días de yeta IX
Cauto, no se hizo al mar en martes trece. Esperó otro día. El terremoto aniquiló la ciudad.

Días de yeta X
Se levantó con el pié izquierdo y metió el pié derecho, entero, en la taza de noche.

Días de yeta XI
―¡Toco madera! —dijo.
―¡¿Qué hace, degenerado?! —gritó Pinocho.
Purga condena por pederasta. Ya lo violaron tres veces.

Días de yeta XII
―¡Suerte, suerte! ¡encontré un trébol de cuatro hojas! —grito desaforado.
Para robárselo, lo molieron concienzudamente a palos.

Días de yeta XIII
Le perdonó la vida al grillo. No durmió en toda la noche. Llegó tarde. Perdió el trabajo.

Cómo duelen tus besos

Frini, Daniel

Mi piel se alegra cuando estás cerca, mi olfato no sabe encontrar otro olor más que el tuyo. Mi boca extraña tus besos que duelen tanto. Ya perdí casi todo el labio inferior y mitad del superior, pero no puedo dejar de besarte, caníbal.

Minicuentos eróticos con un toque de humor. Parte III

Maya, Estela
Quisieron hacer el amor apoyados en aquel roble viejo, pero se fueron por las ramas…

Maggio, Adriana Lis
Buscaba el punto g y cuando lo encontró, quiso la h y la i… En la jota ella lo editó y batieron records de venta. Tirada va, tirada viene.

Frini, Daniel
AMOR PLATÓNICO
Era militante del amor sin sexo. Hasta que debutó. Dicen que los más fanáticos son los conversos. Se confirma la regla.

Bollini, Ernesto Daniel
PLANIFICACIÓN
– Sos una bomba de sexo. Hagamos un trío- le sugerí al derramarme en ella.
– Sí- respondió, tocándose la entrepierna- Dentro de nueve meses.

Perinelli, Roberto
MI TÍA 1
Un cortocircuito dejó sin luz el dormitorio de mi tía. La auxilió un vecino, que por fortuna no sabía nada de electricidad.

Perinelli, Roberto
MI TÍA 2
Cuatro semanas atrás, un violador atacó a mi tía. Recién ayer el malhechor pudo entregarse a la policía.

Perinelli, Roberto
BAILARINA
La bailarina termina su número quitándose el sostén. Las tetas caen a la platea y aplastan al público de las primeras tres filas.

Perinelli, Roberto
GULA
Perica mostró sus senos al mudo, quien recuperó el habla y usó su voz para pedirle que se desnudara. Así hizo y el hombre quedó ciego.

Perinelli, Roberto
PRESAGIO
Haciendo el amor, ella gime citas de Lenin; él trozos del Mein Kampf. Para los vecinos esa relación carece de futuro.-

Resala, Graciela
SOLO
Como cada vez, la diminuta pastilla hizo lo suyo; pero esa noche ella faltó a la cita y él se quedó con la dureza interminable de su soledad.

Resala, Graciela
AMORES ALTOS
El hombre araña se sintió empequeñecido frente al solemne salto del tigre.

Resala, Graciela
LIMPITOS
Escuchó que él regresaba. No encontró otra excusa que disimular la huida del otro al grito de: ¡gracias Mr. Músculo!

Resala, Graciela
OFICIALISTA
Mientras la oposición no hacía más que quejarse por el aumento desmedido de la yerba, él no dejaba de subrayar cuanto tiempo libre tenían para el amor.

Cabrera, Rubén Faustino
LA TOMA DE LA BASTILLA
El Turco tomó la pastilla. Y en una hora, ella gritó, gozosa: “¡Vive la différence!”.

Cabrera, Rubén Faustino
SOLISTA
Te desnudé con la mirada, me encerré en el baño y te hice el amor hasta que mamá gritó: “¡Nene, queremos entrar!”.

Cabrera, Rubén Faustino
EL PRÍNCIPE AZUL
La princesa sabía que él había tomado la pastilla. Y le cantó dulcemente, esperanzada: “Tu amor es azul como el mar azul…”.

Cabrera, Rubén Faustino
COMPLEMENTO
“Tengo espacio para esos quince centímetros que te sobran”, dijo ella. Y él, gustoso, complementó.

Mancilla, Eduardo
PROFESOR DE ORTOGRAFÍA
Prefiero el sexo oral al escrito.

Mancilla, Eduardo
MUJER IMPOSIBLE
En su cuerpo gasto todos mis besos esta noche, presintiendo que voy a despertarme en cualquier momento.

Mancilla, Eduardo
ALZHEIMER
Grabé en mis manos, cada curva, cada intersticio, cada profundidad de su cuerpo, aunque sabía que al otro día perderían la memoria.

La vida por la patria

Frini, Daniel

Me estoy muriendo, papi. Pero estoy feliz, porque voy a encontrarte ¡No sabés lo que te buscamos la vieja y yo! En comisarías, hospitales y morgues, desde el Comando hasta la Nunciatura. Mamá le preguntó a cuánto milico encontró, pero nada. Yo tenía trece. Te extrañamos tanto. Ella se quedó seca de tanto llorar, y al final se apagó la pobre. Y allá está, como ida, en casa.
Ahora estoy acá, después de una pila de días cagado de hambre y frío, en las queridas islas, sin nadie que me ayude y desangrándome después de que una ráfaga de proyectiles siete sesenta y dos me borrara las piernas.

Noción de Patria

Frini, Daniel

Che, qué bueno poder festejar el cumpleaños de la Patria de esta manera, aunque esté tan lejos. Me imagino que allá deben estar todos más que contentos, que hasta el más pelandrún debe tener una bandera en su casa ¡Y el obelisco! ¡Qué lindo debe estar hoy! Y la Plaza, y el Cabildo… Allá en la escuela los chicos deben estar con frío, a pesar del chocolate caliente; y sin entender qué se festeja. Pero yo sí se que celebramos. No te lo puedo expresar con palabras, pero por ahí andan metidos mis abuelos y los tuyos; y el mate amargo, calentito, bien temprano, mientras sale el sol, con medialunas de manteca recién hechas; y la vieja Rosa, en pantuflas, barriendo las hojas de la vereda y quemándolas en un montoncito; y don Armando que vuelve de comprar el diario, y el río sucio, y los tilos de la plaza de la otra cuadra de mi casa, y el Matador en el setenta y ocho; y, ¿porqué no?, esta trinchera sucia y congelada donde nos morimos helados, pero de la que vamos a salir pronto, apenas le ganemos la guerra a los ingleses.

Contrabando

Frini, Daniel

“No sé que pasa en tierra. Desde la cubierta del Patty y a unas doscientas yardas, puedo ver el Fuerte y, si me paro en uno de los barriles que descansan cerca del palo mayor, la cúpula de la Recova y la torre del Cabildo.

Desde temprano veo gentes que afrontan la llovizna y el frío, y entran por la alameda y la Calle del Fuerte, a la Plaza Mayor.

Ayer estuve en tierra, bajando las telas que las spinning jennys fabrican en Lancashire, y vi a los hombres discutir acaloradamente. El viejo Douglas, despensero del Patty, que entiende algo de castellano, oyó decir que estos monkeys quieren liberarse del yugo de los godos. Ignorantes, herejes y revoltosos. Como si fuera posible desafiar al Señor Dios, que por algo nos ha dado reyes. No van a llegar muy lejos”.

Esto decía Birger Evans, gambucero, mientras ayudaba a envolver con lonas- para proteger del clima y bajar a tierra- los bultos con ediciones de Du Contrat Social de Rousseau, Promenade du sceptique de Diderot y The Wealth of Nations de Smith; tan apreciados por los abandonados criollos del Real y Puerto de Santa María de los Buenos Aires.

Sospechoso

Frini, Daniel

– Es el numero tres, Señor Detective. Ese es el que estaba en la cama de mi abuelita, y que intentó comerme cuando le dije “¡Qué orejas tan grandes tienes!”.

– Bien Caperucita, Has hecho un muy buen servicio a la comunidad.
En la fila de sospechosos, el número tres, el Topo Gigio, lloraba.

Etapas de un asesinato

Frini, Daniel

Cuando Mr. McCormick llamó a su criado, éste le llevó el five o’clock tee, tal como hacía todos los días.

– Felicidades- dijo el sirviente- se cumplen hoy tres mil veces que trato de matarlo con el té envenenado. Un récord que el Señor sabrá disfrutar.

– No lo crea Usted – habló McCormick. Morí el tercer día en que me sirviera veneno. Solo que mi digestión es lenta.

Letras de amor en su rostro

Frini, Daniel

Nunca supe su nombre. Nos miramos y fue amor a primera vista. Pude leer en sus ojos el amor, la pasión, esas ganas de entregarse por completo al otro. Todo duró unos tres segundos. Tocó timbre y se bajó del colectivo. Nunca más volví a verla. Por ahí me equivoqué. Una de dos: o no soy bueno para la lectura de rostros, o ella escribió en su cara con muchos errores de ortografía.