Pesadilla

Sánchez Bonet, Daniel

Estás con ella en la cama, a solas, y con la luz apagada. La abrazas, la aprietas con pasión, le susurras cosas, la acaricias, le das la vuelta y sigues besándola hasta que, por fin, la vuelves a colocar en su sitio, bajo tu cabeza.

Sánchez Bonet, Daniel

Daniel Sanchez Bonet
Daniel Sanchez Bonet

Nació en Castellón, España, en 1982. Licenciado en Humanidades y Master en Periodismo de Agencia, es un viajero empedernido: ha vivido en Londres, Italia, Valencia, Madrid, Santander, Sevilla, Granada e Islas Canarias. Como microrrelatista, ha recibido hasta el momento más de 30 menciones literarias sobre el género, entre ellas, finalista de Relatos en Cadena de la Escuela de Escritores. Por otro lado, sus microrrelatos han formado parte de varias antologías y convocatorias en revistas digitales. Integra el Comité Editorial de La Internacional Microcuentista (revistamicrorrelatos.blogspot.com), es autor del blog Microrrelatos a peso (microrrelatosapeso.blogspot.com) y publica semanalmente una columna de opinión (Hola, me llamo microrrelato) en el diario SigloXXI.

Precauciones

Sánchez Bonet, Daniel

Leocadio es uno de esos tipos precavidos que antes de tocar nada, se sienta en una silla, desenvuelve con mimo el manual de instrucciones y termina por leérselo. Así, de cabo a rabo: con puntos y comas.
De momento, no le va nada mal. Lleva más de 30 años con su mujer.

Despiste

Sánchez Bonet, Daniel

Cuando llegaron al aeropuerto se dieron cuenta de que se habían olvidado los billetes, los certificados de las vacunas y el pasaporte ¡Vaya despiste! Al llegar a casa, cabizbajos, los encontraron junto al bebé.

Pesadilla

Sánchez Bonet, Daniel

Estás con ella en la cama, a solas, y con la luz apagada. La abrazas, la aprietas con pasión, le susurras cosas, la acaricias, le das la vuelta y sigues besándola hasta que, por fin, la vuelves a colocar en su sitio, bajo tu cabeza.

Vaso de agua

Ramos Ramella, Daniel

Después de dejar el vaso de agua medio vacío, volité antes de mirarme lentamente en el espejo y reaccioné. El vaso había caído, miré como dejaba chillar y como los cristales de vidrio se dispersaban entre la alfombra, mientras el agua se amotinaba y luego se diluía por el felpudo gigante.

Viendo el vaso medio vacío y medio destrozado, tomé mi último sorbo de saliva y me quedé sediento toda la noche, sin vaso, sin agua, sin vaso medio lleno, pero con una gran preocupación: de no pisar los vidrios cuando me levante a volver a tomar un nuevo vaso de agua, un vaso medio lleno u otro vaso vacío.

Ataduras

Sánchez Bonet, Daniel

La cuerda que presionaba el cuello de Leocadio fue volviéndose cada vez más molesta, casi asfixiante y es que no era poco el peso acumulado por sus preocupaciones del día a día: que si un contrato indefinido, que si una hipoteca a 40 años, que si un matrimonio vitalicio… También, las estrechas calles de su barrio que cuadriculaban cada uno de sus movimientos, las rutinarias conversaciones con sus amigos de toda la vida o los estrictos horarios que fijaba el despertador de su habitación.

Aquella mañana de principios de semana, Leocadio decidió por fin acabar con todo. Le bastó con aflojar esa cuerda imaginaria que le estrangulaba hasta la extenuación y desaparecer: dejó el trabajo, firmó la baja definitiva de su hipoteca, abandonó a su mujer y lanzó aquel molesto aparatito metálico por la ventana.

Fue un suicidio en toda regla.

Libertad

Ilustración de Juanno
Ilustración de Juanno

Sánchez Bonet, Daniel

Harta de seguir las órdenes de su dueño, éste, le concedió su tan ansiado deseo y le cortó los hilos, dejándola libre para siempre. Desde entonces, apenada, la marioneta sigue abandonada en una estantería, mientras busca una cuerda con la que poder suicidarse.

Salud, amor y dinero

Sánchez Bonet, Daniel

Todos los soñadores pensaban lo mismo: primero, la salud, luego, el amor y por último, el dinero. Lástima que una lámpara mágica con un genio dentro costara un ojo de la cara.

Libertad

Sánchez Bonet, Daniel

Harta de seguir las órdenes de su dueño, éste, le concedió su tan ansiado deseo y le cortó los hilos, dejándola libre para siempre. Desde entonces, apenada, la marioneta sigue abandonada en una estantería, mientras busca una cuerda con la que poder suicidarse.