Venganza

Vázquez, Diego

Todo comenzó en una casa de la ciudad porteña de Villa Crespo. Era una familia normal compuesta por tres personas: madre, padre e hijo. El padre un hombre de 44 años tenía una particularidad, era fanático, muy fanático de Almagro. Desde chico que lo seguía y lo alentaba. Desde que tenía memoria su padre lo había llenado de camisetas y fotos de ese club. Y desde los 4 años que él lo llevaba a la cancha, partido que recordaban tanto el padre y él, ese partido contra defensa y justicia, por la 6ta fecha del nacional, que fue como un bautismo sagrado.

En fin esa locura inexplicable del padre la había heredado el chico. Eran innumerables, las alegrías y tristezas que ya habían sufrido juntos. Como todo argentino y futbolero, detestaban a algún equipo de los denominados grandes. Este lugar lo ocupaba Boca juniors. No sé si era envidia o qué pero ninguno de los dos podía ver una camiseta de boca, ni siquiera podían ver los colores azules y amarillos juntos.

Entre sus recuerdos más lindos estaba esa tarde de lluvia en la lejana ciudad de Tres Arroyos, donde habían conseguido el último asenso, en una emotiva definición por penales. Y ellos estaban ahí en la cancha y gritaban, abrazados uno con el otro, sintiéndose realmente felices y juntos.

Un día el padre y el hijo tuvieron una fuerte discusión, sobre un tema la verdad poco relevante. Pero el chico tomó un odio, en su interior, y ese odio quedó marcado a fuego, en su cuerpo. Pasaron algunos días en que éstos no se hablaron, el chico había pensado una y otra forma de devolverle ese dolor, esa decepción, de lo que hasta ahí era su héroe, su modelo, y ahora lo veía como un ser irracional e injusto.

Pasaron meses de ese escándalo y todo se había normalizado. El padre pensó que ya todo había pasado pero estaba muy equivocado. Ese dolor no se borraba tan fácilmente.ç

– El domingo tenemos un partido jodido, ¿no?- preguntó amistosamente el padre.

– Se…- respondió sin darle mucha importancia este chico.

El padre se refería a que el domingo Almagro enfrenaría a Boca, y además de lo que eso significaba, Boca tenía que ganar para salir Campeón. El padre no se sentía muy bien así que, prefirieron verlo por la televisión que ir a la cancha. Habían pasado 85 minutos, y el partido seguía 0 a 0. El padre estaba rebalsado de alegría por amargarle la fiesta a Boca y evitar la consagración de este, pero todavía faltaban 5 minutos.

La pelota se fue al corner, el delantero de boca se disponía a patear, el padre, en una actitud netamente pasional, estaba cada vez más nervioso. El padre, desde su asiento intentaba marcar al 9 goleador de boca, gesticulando acciones de defensor, sin embargo su hijo no estaba completamente en actitud de defensor, sino que nervioso también, se encontraba mas concentrado, al asecho de algo. El corner salió y un defensor de boca cabeceó y metió el gol. El padre no podía creer lo que estaba pasado y miró a su hijo para encontrar alguna respuesta, pero sólo encontró al chico gritando eufóricamente “goooool”. Seguido por el grito de “¡Dale campeón!”.