Monólogo para el heredero desviado

Eduardo Mancilla

-¿Qué más quieres de mí? Te lo he dado todo: cuna de oro, una vida llena de lujos y bienes, he elevado tu autoestima, te pago una carrera universitaria costosa, y ahora que vas camino a ser alguien, así me retribuyes, pretendiendo la revolución.

Minicuentos eróticos con un toque de humor. Parte III

Maya, Estela
Quisieron hacer el amor apoyados en aquel roble viejo, pero se fueron por las ramas…

Maggio, Adriana Lis
Buscaba el punto g y cuando lo encontró, quiso la h y la i… En la jota ella lo editó y batieron records de venta. Tirada va, tirada viene.

Frini, Daniel
AMOR PLATÓNICO
Era militante del amor sin sexo. Hasta que debutó. Dicen que los más fanáticos son los conversos. Se confirma la regla.

Bollini, Ernesto Daniel
PLANIFICACIÓN
– Sos una bomba de sexo. Hagamos un trío- le sugerí al derramarme en ella.
– Sí- respondió, tocándose la entrepierna- Dentro de nueve meses.

Perinelli, Roberto
MI TÍA 1
Un cortocircuito dejó sin luz el dormitorio de mi tía. La auxilió un vecino, que por fortuna no sabía nada de electricidad.

Perinelli, Roberto
MI TÍA 2
Cuatro semanas atrás, un violador atacó a mi tía. Recién ayer el malhechor pudo entregarse a la policía.

Perinelli, Roberto
BAILARINA
La bailarina termina su número quitándose el sostén. Las tetas caen a la platea y aplastan al público de las primeras tres filas.

Perinelli, Roberto
GULA
Perica mostró sus senos al mudo, quien recuperó el habla y usó su voz para pedirle que se desnudara. Así hizo y el hombre quedó ciego.

Perinelli, Roberto
PRESAGIO
Haciendo el amor, ella gime citas de Lenin; él trozos del Mein Kampf. Para los vecinos esa relación carece de futuro.-

Resala, Graciela
SOLO
Como cada vez, la diminuta pastilla hizo lo suyo; pero esa noche ella faltó a la cita y él se quedó con la dureza interminable de su soledad.

Resala, Graciela
AMORES ALTOS
El hombre araña se sintió empequeñecido frente al solemne salto del tigre.

Resala, Graciela
LIMPITOS
Escuchó que él regresaba. No encontró otra excusa que disimular la huida del otro al grito de: ¡gracias Mr. Músculo!

Resala, Graciela
OFICIALISTA
Mientras la oposición no hacía más que quejarse por el aumento desmedido de la yerba, él no dejaba de subrayar cuanto tiempo libre tenían para el amor.

Cabrera, Rubén Faustino
LA TOMA DE LA BASTILLA
El Turco tomó la pastilla. Y en una hora, ella gritó, gozosa: “¡Vive la différence!”.

Cabrera, Rubén Faustino
SOLISTA
Te desnudé con la mirada, me encerré en el baño y te hice el amor hasta que mamá gritó: “¡Nene, queremos entrar!”.

Cabrera, Rubén Faustino
EL PRÍNCIPE AZUL
La princesa sabía que él había tomado la pastilla. Y le cantó dulcemente, esperanzada: “Tu amor es azul como el mar azul…”.

Cabrera, Rubén Faustino
COMPLEMENTO
“Tengo espacio para esos quince centímetros que te sobran”, dijo ella. Y él, gustoso, complementó.

Mancilla, Eduardo
PROFESOR DE ORTOGRAFÍA
Prefiero el sexo oral al escrito.

Mancilla, Eduardo
MUJER IMPOSIBLE
En su cuerpo gasto todos mis besos esta noche, presintiendo que voy a despertarme en cualquier momento.

Mancilla, Eduardo
ALZHEIMER
Grabé en mis manos, cada curva, cada intersticio, cada profundidad de su cuerpo, aunque sabía que al otro día perderían la memoria.

Cita de ciegos

Mancilla, Eduardo

La sintió llegar. Cerró sus ojos y la pudo ver, pero cuando ella habló, aunque no reconoció su voz, supo de quién se trataba, porque la palabra es hembra y el destino macho.

Televisión interactiva III

Mancilla, Eduardo

Susana charlaba animadamente con una invitada a su programa, en un momento intransferible, surgió el siguiente diálogo.
– Hemos traído un dinosaurio de la Patagonia, comentó la señora.
– ¿Vivo?, inquirió Susana siendo el hazmerreír de los presentes.
En ése momento llegó al estudio Mariano Grondona y los que rieron quedaron compungidos.

El sueño escrito que quisiera se haga realidad

Mancilla, Eduardo

De los personajes de Fontanarrosa, Boogie es el que me atrapa. Tal vez porque compartimos algunos rasgos (solo algunos, aclaro) de la zona profunda y compleja de la personalidad aunque, últimamente, en algunos capítulos de sus tiras noto llamativos cambios.
En el que deseo describir, lo veo charlando animadamente con Inodoro Pereyra, mientras acaricia a Mendieta que lo mira con la confianza de quién espera un balazo en la nuca.
¿Quién lo hubiera imaginado? Tomando mates dulces cebados por la Eulogia, disfrutando de la vida en familia, explayándose sobre tópicos sencillos y campechanos.
Les confiesa que se hartó de aporrear, humillar y matar personajes, que a partir de ahora cambiaría de vida, empezaría a ir a la cancha a ver partidos de fútbol y a sentarse en los bares de Rosario a dejar pasar el tiempo con sus amigos.
Es evidente que estamos ante un suceso de reencarnación telúrico, seguro que vuelve porque los extraña. Salud negro.

Carta al Negro

Mancilla, Eduardo

Viernes 26 de Julio de 2007

Hola Negro:
Hace una semana que te fuiste de viaje y aprovecho para escribirte unas líneas. Como no fuimos amigos, a pesar de que te conocía mucho y vos a mi nada, aprovecho la impunidad del anonimato para declararme “amigo tuyo para siempre”, total, ¡ahora no vas a decir que no…!
Te comento que la ciudad está vacía, solitaria, triste, aplastada, es como que perdió el alma, o algo así, no te puedo explicar bien pero tal vez sea una sensación mía, ahora entiendo el dicho ese que dice: “brilla por su ausencia…” y por ahí sí, puedo decir que está sin luz, ¡y nada que ver con la crisis energética eh…! Hablo de una luz superior, esa que irradia calor y color humano.
Negro, ahora que somos amigos, quería pedirte prestado a Mendieta para cruzarlo con mi perrita Lola, es una cocker divina, rubia, buenita, sabes qué, haríamos mucha guita con la cría. Bueno, pensalo y después me decís.
Desde que te fuiste no hago más que leer y releer tus cuentos, como una compulsión y me doy cuenta de que estoy en todos, estamos en todos, porque vos nos dibujabas en ellos, ¿cómo no sentirme identificado?
El viernes pasado venía manejando por Corrientes y Pasco, eran las siete de la tarde y escuchaba Continental, cuando aparecieron el turco Whebe, Alejandro Apo y Víctor Hugo diciendo unas cosas increíblemente bellas y sensibles sobre vos, no pude más que detener el coche en la mano izquierda y dejar fluir el llanto, te juro que llovían los bocinazos y las puteadas, pero me las banqué como un macho, de todas maneras Corrientes es ancha por ahí y había lugar para todos.
Bueno Negrito, no te quiero aburrir más con mis cosas, si bien abusé un poco con nuestra nueva amistad, necesitaba decirte esto, creéme que lo necesitaba. ¡De más está decir que siempre te perdoné que seas canayón…! Aunque no viene al caso.
Te dejo un abrazo de gol, como dice el mariscal Perfumo.
Tu nuevo amigo, Eduardo Mancilla.

GreenPeace, la venganza.

Mancilla, Eduardo

El reo, pescador furtivo, sonrió cuando leyeron el veredicto del jurado. Condenado a la horca. Pensando que la pena de muerte estaba abolida en ése estado, la mueca de risa se transformó en estupor cuando fue trasladado al estanque mayor de Mundo Marino.

Policiales

Mancilla, Eduardo

El titular de Crónica confundió a los lectores cuando anunció el increíble asesinato del occiso.

Confesión del alcohólico anónimo.

El trago me acompaño hacia él, estaba armado, me apuntó, al mismo tiempo hice lo mismo, cerré los ojos y comencé a disparar hasta que el tambor quedó dando vueltas y el humo de pólvora se despejaba. Él debió haber muerto, yo quedé mutilado por las esquirlas del espejo.

Abuso sexual.

En rueda de reconocimiento la octogenaria reconoció al violador, en un instante de distracción de los detectives, la anciana se dirigió al joven que segundos antes había señalado y enfrentándolo sin temor alguno le dijo: -Vamos a casa, querido-.

Inseguridad

Diario La Capital de Rosario (Decano de la prensa Argentina)

Una patrulla policial ultimó en Lomas de Alberdi a una peligrosa banda conformada por tres delincuentes con frondozo prontuario, de ocho, diez y once años cuyo aguantadero está localizado en el barrio La Cerámica. Los cuerpos mutilados por los disparos quedaron en el asfalto. El comerciante, que solicitó la presencia de los efectivos, pudo reconocer, felizmente, a uno de los malhechores quién entre sus ropas aun conservaba los efectos del robo. Un pequeño pino que decía: “Feliz Navidad”.

Cagones

Mancilla, Eduardo

Enfrente estaba el equipo imbatible del campeonato, con sus grandes hazañas y hombres insuperables. Debíamos extremar los recursos, formamos dos líneas de cinco defensores, nos colgamos del travesaño todo el partido, tiramos la pelota a la tribuna ni bien podíamos tocarla, fingimos lesiones hasta la exasperación, intentamos sobornar al árbitro con alguna hermana bien dispuesta. Incluso, antes del partido, hablamos con una curandera que leía el agua, finalmente, caímos derrotados por el único lado vulnerable: el miedo.