El vuelo

Ramos, María Cristina

La vid estaba exuberante aquel verano. Cada tarde, la niña corría entre las hileras. Con la mano, extendida como un ala, iba rozando la redondez de los racimos. Los terrones se rompían a su paso y algunas guías verdes se prendían en su pelo. Pero, un día, un viento de acero cortó en gajos el aire y se llevó a la niña, la envolvió en una onda transparente y la convirtió en algo pequeño y volátil.

Desde entonces, vuelve. Vuela por las viñas y roza con el ala, sensible como una mano, la redondez de los racimos.