La América

Goldin, Elena

Y aquí llegué a la América, señor Virrey, sí aunque usted no lo crea, aquí estoy y de aquí no me muevo.
No vayas a América, me dijeron señor Virrey, que allí los animales son monstruosos.
Y yo les dije que no temía ni a leones ni a osos, que algunos se enfrentaban a los leones como Don José y no iba a ser menos. Además, a mi tierra, donde vivía, señor Virrey, le dicen la tierra y ruta de los dinosaurios.
Vengo de un lugar donde los primeros milenios de la vida de nuestro planeta me resultan tan apasionantes como desconocidos. Si usted, señor Virrey pudiese viajar atrás en el tiempo descubriría, en mi antiguo hogar, La Rioja, durante el período Cretácico, que estaba poblada de dinosaurios.
Usted no lo creerá señor Virrey, y yo no debería decírselo pero en América hay un animal más feroz que los de mi tierra, que se le mete a uno en la sangre, como un mosquito y le pica, pero es sutilmente distinto, señor Virrey del animal que hablamos, este pone a los hombres como animales, estos van por más y más, y así señor Virrey voy llegando al tema que quiero referirle
Esta historia fiel y cierta, no la hizo quien escribió la historia, es solo apenas la sombra de estos hechos, la historia, ya la cantaba en sus prosas el poeta don Gonzalo de Berceo, y más que Dios, Jesucristo o el Espíritu Santo, lo que cualquier habitante de mi pueblo no le hará faltar nunca, señor Virrey al vecino, es una copa de vino
Y así, la culpa, señor Virrey no está en el clima, no está en la feroz América, está en nosotros señor Virrey, y aquí estoy yo, sin casi confesarlo, solo a usted señor Virrey, en esta ruta, en esta feroz América, en la Mendoza de los vinos, mis vinos.
Contrariamente a lo que ha repetido hasta el cansancio la historia oficial, señor Virrey, antes de la llegada nuestra, señor Virrey de los inmigrantes a Mendoza, ya existía una industria del vino importante, con bodegas de grandes dimensiones para esta época, como es el caso de las bodegas y viñedos de don José Albino Gutiérrez, le hablé de don José, señor Virrey, pero no mejor lo dejo para otro momento.
Donde duermo y paso las horas, es en los lagares para la molienda de la uva, en los corrales de alambiques donde se elabora el aguardiente, sí señor Virrey, como escuchó, el aguardiente.
Y desde ahí comienzo a relatar mi historia, fue en aquellos patios, construyendo con obrajes de cal y ladrillos, las instalaciones más delicadas de las bodegas, resalto delicadas, señor Virrey, tan delicadas como aquel lienzo que ví en España, que representaba las batallas de los ángeles con los demonios, así estuve yo, señor Virrey, enfermo perdido ciegamente en esa batalla, hasta que encontré el camino, mi camino.
Ohh!! maldita América, tan lejana y tan soñada por mí, hoy aquí sentado viendo pasar mi historia y esta historia en los patios soleados, abiertos cuál pampa cuyana, recuerdo cuando llegó el día, aquel día donde el vino de Mendoza tuvo también un rol relevante en la independencia nacional, usted no entenderá señor Virrey de que le hablo, espere y le contaré…
La verdad está en las voces de los comunes, como yo señor Virrey, no pretendo títulos ni honores, sino contarle los hechos tal cuál pasaron
A mí, señor Virrey me tocó un espacio importante en el escudo real de esta historia, usted dirá señor Virrey que no soy quién para opinar de estos asuntos, pero hace tantos años que estoy aquí, que no puedo callar
He conocido un hombre que parecía un Rey, quizás escuchó de él, Don José de San Martín, pero tardaré más de diez años en enterarme, si la noticia ha llegado a vuestros oídos, ya que pareciera que la pampa cuyana está afuera del tiempo y quizás éste sólo transcurre para envejecer.
Siguiendo el relato del vino de Mendoza y su rol en esta historia basta señalar que en mi encuentro señor Virrey con San Martín y compartir uno que otro vaso en aquellas noches de ronda e ingenio, lo eligió como alimento y como fuente de energía para los soldados que debían cruzar los andes, señor Virrey, aunque usted se sorprenda, no fue sorpresa para él compartirlo para librar las batallas decisivas en Chile.
Señor Virrey, en aquellos años muchos pensaban que era imposible cruzar con un ejército de 5.000 hombres, cargados con armas y cañones, entre nieve, precipicios y muy bajas temperaturas. Dentro de la estrategia planificada por San Martín y este inútil escritor, el empleo del vino ocupó un lugar importante: Sabe cuántas mulas destinó, señor Virrey, las conté, 113 mulas para transportar el fruto de la vid, y de esa manera asegurarle a cada soldado una botella por día.
En esta hazaña, reconocida en la historia universal, el vino de Mendoza prestó un servicio decisivo, luego la energía del sol, que captó, señor Virrey, el grano de uva, llegó al brazo y al corazón de los patriotas, para abrir el camino de las nuevas naciones de América.
Que épocas doradas esas, señor Virrey, – yo, los soldados y mi vino mendocino.
Después de la guerra de la independencia, señor virrey, comenzó este dolor, esta elección, ya que al independizarnos, comenzamos a romper los lazos con España, sí, señor Virrey, con usted, con mi patria, mi casa, mi ruta de los dinosaurios. Pero señor Virrey, aquí encontré a la mujer soñada, a la riqueza esperada, al amor inesperado y señor Virrey, en los años que siguieron, el nivel de la actividad con mi vino, se mantuvo en estándares elevados, siendo el motor de la economía de Mendoza, y el motor de mi corazón.
Adiós señor Virrey, hoy más que nunca me despido, levantado mi copa, mi amigo, de éste tan dorado vino.