Capra aegagrus Kri-Kri

Bradel, Elina Cristina

Seis y catorce de la mañana en “Pato volao”. Don Filemón toma mate bajo el ciruelo. Sentado, junto a él, su fiel amigo “el Jefe” lo custodia cual granadero a presidente.
– ¡Don Zoilo, véngase pa’ la mesa, le cebo unos mates y después sigue cazando pulgones de los viñedo’!
– No sabe, Don Filemón. Eso’ pulgone’ están matando las estaca’ nuevita, vio. El resto del viñedo está con hongo’. Y hoy a la noche se vienen a comer jabalí los Faramiñán. ¿Qué quiere que haga?
– Vaya con el Jefe a traer las capras que están en la loma. Le sacamo’ el vino del pellejo, lo mezclamo’ con agua, y listo, hay vino para el jabalí de hoy.
Don Zoilo y el Jefe caminaron hacia la loma para traer las capras. Llegaron a la loma, y estaban todas las capras ahí, pastando, otras durmiendo. El Jefe empezó a ladrar para avisarles que tenían que volver a lo de Don Filemón, pero las capras ni se inmutaban.
Pasó una hora, pasaron dos horas, y nada, las capras se habían atrincherado. Es más, estaban paradas frente a Don Zoilo y a “el Jefe”, con sus cuernos imponentes, retándolos a pelear. ¡Pero Don Zoilo y el Jefe no querían pelear, sólo querían despellejarlas para sacarles el vino! Estaba brava la situación, así que Don Zoilo decidió volver a lo de Don Filemón para contarle lo que pasaba con las capras rebeldes. Y el Jefe lo siguió al regreso.
– ¡Don Filemón, Don Filemón, las capras se atrincheraron en la loma!
– ¿Qué dice, Don Zoilo?
– Eso, las capras no quieren bajar de la loma. “El Jefe” trató de moverlas, y le hicieron frente, le querían pelear a “el Jefe”, vio, y él no quiere pelear, y yo tampoco. Estuvimo’ como dos horas tratando de moverla’, pero no quieren esas fiera’. Están brava’.
– ¿Así que están brava’?. Vamo’ a ver quién es más bravo.
– Don Filemón llamó a “el Jefe”, agarró la faca, un balde verde, y le dijo a Don Zoilo: “de acá no se me mueve, en un rato volvemo’”, y emprendió camino hacia la loma.
Llegó a la loma. Habrá estado siete u ocho horas. El Jefe lo ayudaba.
Don Zoilo vio, a la distancia, la silueta de Don Filemón y, anticipándose, a “el Jefe”. De más cerca, observó que Don Filemón estaba empapado en sangre y el Jefe tenía una pata e’ capra en la boca.
– Don Zoilo, no hemo’ quedado sin capras brava’, pero despellejé a toda’. Mire todo el vino que tenían encima- y le mostraba a Don Zoilo el balde lleno de vino chacolí.
Eran las cinco y cuarenta y dos de la tarde. Don Filemón, acariciando a “el Jefe”, le dijo a Don Zoilo:
– Vaya sacando agua del pozo para agregarle al vino. ¡E’ una delicia de capras, que buen pellejo tenían! Ah, y saque del freeze’ el jabalí, que vamo’ a ir prendiendo el fueguito. A las 8 y quince viene’ lo’ Faramiñán.