¿Quiénes son los Reyes?

Ribbert, Elsa

Era costumbre, el ritual “de los Reyes Magos” comenzaba la noche del cinco de enero.

Pero aquel cinco de enero fue diferente. Avanzada la noche, escuché un relincho extraño y desperté enseguida. Me levanté y caminé despacio hacia la puerta del patio, donde estaban los zapatos. Grande fue mi sorpresa al ver a tres hombres disfrazados, con unos sombreros muy raros, tocando los paquetes. “¿Son ladrones de regalos?”, me pregunté. Muy quieto observé la situación. Estos señores no se llevaron nada, acomodaron los obsequios, salieron al patio, cada uno agarró con una soga a un camello y se fueron.

Esa noche perdí mi inocente ilusión infantil, me enteré de que los Reyes Magos no eran mis padres.

Clasificado

Ribbert, Elsa

Aviso destacado, del día domingo 02-01-2011 en un matutino local.

“¡Último Anuncio! No se lo puede perder.

Taller de capacitación: 6 de Enero, un día especial.

Dictado por los Tres Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar.

El martes 04 de Enero de 2011 a las 18 hs., en el Hotel Che Ratón, Salón Multicolor.

Temario: Cómo interpretar una carta. Dónde comprar más y mejores regalos. Cómo mantener el misterio. Cómo colocar los regalos en los zapatos sin ser vistos.

Debate integrador y conclusiones finales.

Se entregará material y certificado de asistencia.

Cupos limitados. Arancel: pastito, agua y galletitas.

Informes e inscripciones al teléfono: 0800-444-REYES (73937)”.

Un relato increíble

Ribbert, Elsa

El cuadro inspiraba miedo. No sé si podré describirlo, porque todavía me cuesta creerlo. Fue la noche del cinco de enero. Me desperté por los gritos y me levanté. Cuando llegué al living no podía dar crédito a mis ojos. Al lado de los zapatos estaban mis padres, al frente había tres hombres disfrazados con coloridas túnicas y coronas en sus cabezas. Pero lo más asombroso fue que uno de ellos, el de barba blanca, les decía muy enojado: “¡Es increíble que no puedan hacer bien un trabajo tan sencillo! Sólo hay que leer las cartas, comprar los juguetes y ponerlos en los zapatos sin que nadie se dé cuenta”. Papá pedía disculpas y mamá prometía que sería mejor el año próximo. Sólo sé que, aunque nadie me crea, yo no estoy loco.