Romano, Orlando

Orlando Romano
Orlando Romano

Un fogonazo

1. Decir que me propongo trabajar adrede con la microficción sería faltar a la verdad. Es algo que aparece, que se presenta como un fogonazo, una tentación pasajera, y de golpe estoy trabajando en un texto de esa naturaleza. Para mí, escribir es un juego, un juego muy serio en el que pongo todos mis sentidos para salir triunfador. Si fuese un hobby, no lo haría. Y creo que más allá de toda la seriedad y el respeto que se merece, este género no deja de ser para mí uno de los juegos más apasionantes de los que me ha tocado participar. Tuve la suerte de criarme en un hogar de mujeres solteronas y muy sabias (a su manera). Todo el tiempo me estaban relatando historias, al igual que mi abuelo. Y a la historia más larga, ellos tenían la virtud de reducirla al tamaño de un grano de arroz, y no perdía interés el relato, sino que se enriquecía. Eso me fascinaba. Desde mi niñez más temprana, yo me decía a mí mismo: “algún día quiero contar historias así”. Y desde entonces no dejo de hacerlo, a veces con mayor o menor fortuna.

Un invento de los artistas

2. Ignoro por completo lo que es la inspiración. Creo tanto en ella como en los duendes con los que mi madre me amenazaba si salía a jugar a la siesta. La inspiración es un invento de los artistas para diferenciarse de la gente común, para darse aires de genios o de seres especiales. Para rodearse de una aureola mágica. No hay inspiración: hay trabajo, hay dedicación, hay respeto por aquello que se realiza, hay también una mezcla rara de sufrimiento y de felicidad. Sufrimiento, cuando no se consigue lo que se ambiciona artísticamente; felicidad, cuando se lo consigue. Pero sobre todo hay necesidad: la del pájaro cuando vuela, la del salmón remontando el río; no se puede impedir, y si se lo impide, una luz se apaga por dentro, como una vela.

Forma y contenido

3. Un micro puede surgirme de una situación vivida en la calle, de la letra de un tango, del título de una película, o de alguna frase ingeniosa que siempre tiene mi hijo Matías en la punta de la lengua. Los aspectos formales que tengo en cuenta son la concisión, la brevedad, la fugacidad, la reducción, la condensación y el resumen. Podría añadir la prontitud y la ligereza, pero todo eso, lleno de contenido, de significación. Y mis temas son los sentimientos de las personas, sus trabajos, sus anhelos, sus sueños, sus penas y sus glorias. Sus pequeñas y grandes luchas diarias. Sus pasiones. Su fe en alguna clase de belleza, como diría Rilke.

Vida, amor y muerte

4. Tengo un buen puñado de cuentos fantásticos, pero no es el género en el que me siento más cómodo. Prefiero los realistas, los que muestran alguna característica filosófica e incluso psicológica; los que dejan algún mensaje abierto, en forma de abanico. También disfruto mucho jugar con el humor y el doble sentido. Creo que en todo microrrelato, como en cualquier texto que ambicione una pizca de eternidad, deben estar presentes los tres elementos fundamentales que hacen a nuestra condición de seres humanos: vida, amor y muerte. Y para que todo ese mecanismo se mueva, deben funcionar demasiados engranajes: precisión en los vocablos, brevedad, originalidad, una intachable sintaxis y una claridad semántica a prueba de malos entendidos.

La medida justa de sal

5. Todo remate esconde algo de misterio: es como la medida justa de sal que le ponemos a la carne asada: a puro ojo, en general. Yo prefiero que los remates se den naturalmente, sin ser forzados. No coincido con ese golpe a la mandíbula que se le asesta al pobre lector en la última frase o palabra. Pienso que si un escritor se acostumbra a rematar sus finales con un giro imprevisto de tuerca, corre el riesgo de pretender colocarse por encima del lector; cuando lo que tiene que buscar es que sea su cómplice, su secuaz, su compinche, su coautor necesario. El escritor es sabedor de casi todo, pero debe hacer de cuenta que sabe muy poco. Entonces el lector le palmeará la espalda (o el lomo del libro) y pensará “este tipo es mi amigo, mi copartícipe”. Yo voto por los finales abiertos, esos donde el lector decide cómo concluye la historia.

Lector medio

6. El Periodismo me dio la capacidad de observación, la objetividad, el ser claro, conciso y redactar sin floripondios, el ponerme en el lugar del lector para darle a leer aquello que su capacidad puede entender con el menor esfuerzo posible. Escribo notas para un lector medio. Y, del mismo modo, mis cuentos y novelas están dirigidos hacia un lector inteligente, avisado, pero que comparte ciertos códigos conmigo, códigos de lectura y de entendimiento mutuos. No busco brindarle una lección de nada, ni demostrarle lo inteligente que soy, porque en el fondo el lector debe sentir que es más inteligente que uno. Debe pensar “esto lo podría escribir yo, e incluso mejor”. Si yo le demuestro al lector lo brillante que soy (que no es el caso), y lo papamoscas que es él, es muy posible que cierre el libro y se vaya a ver Gran hermano, donde todo el mundo es menos inteligente que él.

Cuentos de un minuto

7. Mi primera obra, Cuentos de un minuto, viene a ser como mi bautismo en el mundo de la narrativa brevísima. Representa la ilusión, la esperanza, la entrada al mundo de las letras por la puerta de atrás, caminando en punta de pies para no molestar a la gente importante. Con ese libro anhelaba lograr grandes cosas, aunque en verdad sólo me importaba que mi madre y mi familia supieran que yo era capaz de lograr grandes cosas (si acaso escribir un libro es algo grande)… Le tengo un gran afecto, y a pesar de sus carencias literarias, lo tengo en la cima de mi biblioteca. Es el testigo de una época dorada que ya no volverá.

Entre los mejores

8. En cuanto a las antologías, puedo decir que son una bendición del cielo para los escritores desconocidos y que no publican con tanta frecuencia. Al español Fernando Valls (uno de los más destacados críticos de microrrelatos a nivel mundial), en una entrevista sobre jóvenes promesas se le ocurrió decir, quizás por desliz o generosidad, que yo era uno de los mejores microrrelatistas jóvenes en el mundo de habla hispana. A partir de entonces me invitaron a participar en toda antología habida y por haber, en ambos lados del continente, cosa que agradezco enormemente y no sé si merezco.

Cápsulas mínimas

9. Con respecto a mi segundo libro de micros, Cápsulas mínimas, es una prueba de madurez, es allí donde, sospecho, aparece el verdadero escritor, el escritor profesional, el que escribe a conciencia, sabiendo a las claras el efecto que puede provocar en los lectores. Y, sobre todo, el que escribe para que sus libros se vendan… Es el libro, así lo veo yo, donde me recibo como escritor de micros, si acaso hubiese una Universidad.

Micros-historias de mujeres

10. En cuanto al libro que se publicará dentro de poco, La ciudad de los amores breves, micro-historias de mujeres, es una especie de homenaje a todas las mujeres que me enseñaron a amar, y también a las que hice sufrir… Para bien o mal fueron muchas, y cada una me dejó como herencia un costado femenino que me ayuda a escribir cuentos filosóficos de mujeres, relatando sus pasiones, sus sueños, esperanzas y desengaños. Y también, lo confieso, es un pedido de disculpas, porque hubo un tiempo, una época muy estúpida, en la que me sentí superior a las mujeres; y qué equivocado estaba.

Sexo débil

11. Nací en un hogar de clase media baja, rodeado de tías solteronas, primas mayores, jóvenes vecinas sin novios, un ejército de mujeres que me consideraban como una especie de osito de peluche… Me sobró el cariño femenino. Gracias a esa cercanía aprendí que la mujer es más sabia, más intuitiva, más simple (sin ser nunca vulgar). Es capaz de regalar todo el cariño que tiene a cambio de nada, a cambio de sentirse bien consigo misma. Es capaz de sentir piedad en el más alto grado, piedad por el que sufre una gran pena de amor, la pérdida de un hijo, o piedad por el niño que extravió un globo en el parque. Si los hombres alimentáramos nuestro lado femenino, el mundo marcharía con un amoroso equilibrio. Hoy la mujer es poderosa: se vale por sí misma, trabaja, es independiente, cría a los hijos (y lo hace todo bien). Cuida de su salud y la de su familia (hasta la de los amigos). Y por si fuese poco, cuando la naturaleza la bendice, es capaz de llevar vida adentro suyo: un ser capaz de todas estas cosas no es un sexo débil, aunque a muchos les resulte cómodo o beneficioso afirmarlo así. El temor a la mujer es un cáncer de esta sociedad. Es el horror a lo distinto, a lo que es mejor que nosotros, a aquello que no entendemos del todo.

Escritor profesional

12. Mi dedicación a la producción de textos es constante; pueden ser muy malos, lamentables en un sentido estético, pero permanentemente estoy produciendo. En mi escritorio o en mi computadora siempre hay tres o cuatro libros propios, de diversos géneros, que van cobrando vida en el mismo momento, sin pausa, sin preferencias por uno o por otro. Distinto es el caso cuando debo entregar alguna obra a una editorial; en tal caso, con fecha de entrega pactada, y a veces sin tiempo, sí me aboco a uno en particular; pero a los otros no me los quito de la cabeza. Como tampoco me quito de la mente las docenas de proyectos de libros que tengo para el futuro. Eso lo aprendí de algunos escritores europeos, sobre todo de los españoles; es a lo que yo llamo ser un escritor profesional, un escritor establecido (en general desconfío de los escritores de fines de semana, esos que sólo escriben porque les sobra el tiempo o porque encontraron un verso que rima con el nombre de la mujer o el hombre que aman). Escribir es un trabajo duro. Uno tiene que luchar con esa sensación de sentirse menos, porque mientras tus compañeros de estudios ya han construido edificios o son presidentes de multinacionales, uno todavía está sudando su primera novela. Ni hablar de la familia, que te mira de reojo cuando pedís un segundo plato de sopa y no aportaste nada para el almuerzo… un escritor profesional debe saber lidiar con todos estos obstáculos. ¿Mi ideal? Lograr que miles de niños y jóvenes sean felices leyéndome, y que los adultos se olviden por un momento de sus problemas repasando mis historias…

Leer entrevista completa.

Berti, Eduardo

Eduardo Berti
Eduardo Berti

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi, el 14 de marzo de 2007.

Flash fiction

1. Los americanos hablan de “Flash fiction”, como si escribir microrelatos fuese rápido, cuando en realidad el tiempo de escritura que insume es enorme. El género es falsamente rápido: uno cree que el escritor lo escribió rápidamente, y no es así. Por otro lado, se lo puede leer rápidamente, pero los buenos microrelatos tienen muchas claves de relectura. Dejan mucho afuera, como señala la famosa teoría de “la punta de iceberg” de Hemingway. Acá creo que es el brillo de la punta, ni siquiera la punta, una olita, y todo lo que queda afuera es un mundo muy grande como para que el lector pase directamente al siguiente. Sería un pecado. Yo no voy a dar consejos como un médico, si quiere leer el libro de microcuentos en media hora, hágalo, pero luego reléalo.

Como las cerezas

2. Los microrelatos son como las cerezas: producen adicción. Habría que ponerlo en el lomo, como en los cigarrillos: “Leer cuentos cortos produce adicción como las cerezas, y otras cosas”.

Leer a Piñera

3. Cuando yo empecé a escribir microrelatos, ni sabía qué los eran microcuentos, y menos qué iba a ser un libro de eso. Cuando ya tenía diez o quince ya hechos, le comenté a unos amigos lo que estaba escribiendo y me dijeron: “Tenés que leer a Virgilio Piñera”. O quienes leían algún cuento mío encontraban reminiscencias de otros autores; de ahí en adelante fui tomando más autoconciencia.

Diferencia entre cuento y relato

4. Existe una diferencia entre cuento y relato, cosa que yo no distingo entre microcuento y microrelato. Lo que se dice es que el relato es más largo y de trama más abierta, mientras que el cuento tiene más esa cosa de “círculo perfecto” de la vieja doctrina de Poe y que tiene menos personajes, pero yo tengo mis dudas. En realidad, el relato vendría a ser otra zona de transición entre el cuento y la nouvelle. En el relato se permiten más digresiones, más personajes secundarios. Pero es muy difícil establecer diferencias; yo descreo de toda esta cosa rígida. En muchos lugares cuento y relato se tocan.

El boom

5. Hay un boom del microrelato, no sólo acá en Argentina, sino en los países de lengua española en general y también cada vez más en otros países, como China, Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda. Me parece que este boom tiene algo de moda, y que se lleva muy bien con Internet y con los blogs. Es un género que queda cómodo para la falta de tiempo que tiene la gente para leer, va de la mano con la velocidad de estos tiempos. Por otro lado, también creo los microcuentos son fruto de un desgaste de la forma, sumado al hecho de que ahora la cosa va hacia la brevedad. Hay un viejo libro de Ítalo Calvino, Lecciones para el próximo milenio, donde destaca algunas cosas que él cree que se van a venir; ahí señala la brevedad, la intensidad, y cita El dinosaurio de Monterroso. Tal vez el espacio que tenía el cuento para renovarse iba más por el lado de las elipsis muy fuertes y la brevedad. Está bueno que los géneros tengan espacio y se puedan desarrollar.

Escribir a mano

6. Una vez me preguntaron porqué escribía a mano dije que tal vez fuera para no sentir que seguía haciendo periodismo. En los primeros años yo estaba muchas horas dentro de la redacción y me escapaba al bar de la esquina, y estaba un poco obligado a escribir a mano. No fue una decisión sino cosas que se fueron dando. Hay muchos escritores de mi generación que escriben a mano, con Pablo De Santis lo hemos charlado alguna vez. Me parece que ahí hay algo mucho más sensual. Yo siento que hay menos intermediación, que hay toda una cosa del pulso, la sangre y la respiración que juega en la escritura a mano. Además uno lleva una libreta que puede tener en todos lados. Escribir en bares es hermoso, o en los colectivos cuando conseguimos asiento. Es como una guitarra comparada con un piano, al que no podés llevar a todos lados. Yo tengo cuadernos con novelas enteras.

Fábrica de ideas

7. Mi usina de ideas por suerte no la sé. No es conciente y, ante el miedo de una sequía, es muy variada. Son las mismas cosas que le provocan ideas a la mayoría de los escritores. Hay cuentos que surgen a partir de un personaje, otros que nacen a partir de un lugar, otras, de una situación. Algunos se disparan a partir de una frase. Sobre todo en los cuentos hiper breves, que comienzan con una frase que se vuelve una especie de acertijo y después uno puede pasarse meses buscándole una continuidad.

Humor a primera vista

8. El humor es un elemento muy importante en el microrelato. Igual creo que los mejores microrelatos no son los que tienen intención de chiste, sino los que te provocan tal vez con una sonrisa pero a la vez te dejan esa sensación más profunda.

Literatura como juego

9. Hay otra lectura que es la literatura como juego y el lector tratando de descifrar pistas. Hay un libro de (Raymond) Queneau que se llama Ejercicios de estilo, y que es la misma historia contada 99 veces: en pasado, en futuro, con preguntas retóricas. Otro libro que se tradujo al castellano es La disparition de (Georges) Perec, un texto que no tiene la letra “e”. Acá lo titularon El secuestro y le quitaron la “a”. Y hubo críticos que en el momento en que salió la novela no se dieron cuenta de que faltaba la letra “e”. El riesgo de estos juegos es que uno muchas veces se queda en lo formal. Son juegos que van más con los cuentos o textos cortos, que en una novela. Porque una novela apoyada en un juego así pude provocar que sea mucho más divertido hablar de esa novela que leerla.

Arrojarse al vacío

10. Me da miedo ser conciente de todo. Está bueno ser conciente de la técnica, de cómo manejar las armas, pero me gusta reservar cierta espontaneidad. Un buen plan es combinar cierta inocencia con cierto saber. Es difícil mantener el equilibrio, pero estoy convencido de que hay varios momentos en la escritura. Hay un momento en el que uno se pone a escribir como un loco, y después otro en el que, como un viejo sabio, se lee a sí mismo para corregir. Ahí es importante ser conciente, tener un saber. Pero está bueno arrojarse al vacío cuando uno escribe, aunque es difícil.

Saer, lector de lujo

11. Uno de los mejores regalos que te hace la literatura es tener buenos lectores, lectores de los que uno se siente orgulloso. Saber que Saer leyó un libro mío, que pasó unas horas de un mes leyéndolo, no tiene precio. Otra sorpresa fue cuando un amigo me comentó que había visto algunos cuentos de La vida imposible en unos blogs, que es algo parecido a lo que pasa con la aparición de las canciones en las canchas. Es hermoso que a alguien, por propia iniciativa, se le haya ocurrido postear unas palabras que vos escribiste. Es alguien que se reconoce y siente que puede hablar a través de lo que vos escribiste.

El ejemplo de Picasso

12. Hay una famosa frase de Picasso que dice: “Lo mejor que te puede pasar es que la inspiración te agarre trabajando”, y no durmiendo, o triste porque no te viene la inspiración. Hay que aprender a tirar y también hay que escribir mucho, porque cuanto más escribís, más empezás a encontrar en cosas que te cuentan (cosas que lees, una noticia, lo que sea), cuentos, novelas, ficción. Así uno entra en un estado de escritura constante.

Leer entrevista completa.

Shua, Ana María

Ana María Shua
Ana María Shua

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi, el 21 de marzo de 2007.

Comer bombones

1. En la mini ficción se produce una fuerte concentración del sentido y por eso, por más que sean cortitos, es muy cansador leer muchos textos de mini ficción, uno detrás de otro. Porque cada uno requiere cierto tiempo para apropiárselo, unos segundos para disfrutar del efecto, porque deja una especie de regusto, que necesita un espacio de tiempo. Son como los bombones, si uno come una caja se empacha.

Todo empezó con Borges y Bioy

2. Acá todo empezó en 1953 con los Cuentos breves y extraordinarios, de Borges y Bioy Casares. Fue la primera antología de microcuentos que se publicó en América Latina, y después continuó en México con Arreola. En realidad acá todos los maestros del cuento han escrito cuentos brevísimos. En Argentina el cuento breve tiene una gran tradición, porque han escrito mini ficción Borges, Bioy Casares, Cortázar, Marco Denevi, Isidoro Blaistein, Enrique Anderson Imbert. La gente en realidad no debería sorprenderse de la existencia del microcuento. Hace unos 10 o 15 años el cuento brevísimo fue descubierto por la crítica. Entonces empezaron a aparecer muchos artículos al respecto, se empezó a difundir en las universidades, se encontró un nicho donde ponerlo, se establecieron sus límites y a partir de eso empezó a tener más difusión.

Pasión

3. Si uno siente la pasión de la lectura, no resulta imposible transmitirla. El que realmente goza leyendo es una especie de adicto, y promover la lectura le resulta tan fácil como a un adicto la droga. Simplemente yo creo que el lector compulsivo, contagia a la gente que tiene alrededor. Yo soy una lectora muy ecléctica, por eso también escribo un poco de todo. Me encanta el mini cuento, el cuento y la novela. Todo lo que sea narrativa de ficción me apasiona.

Página en blanco

4. Cuando uno tiene límites, la imaginación funciona mucho mejor y más afiladamente. Por eso el tema recurrente de la página en blanco, la página en blanco es eso: la imaginación librada a sí misma, sin ningún marco.

Nena mercenaria

5. De chica cuando escribía “tema: composición”, me salían muy bien, tenía siempre “excelente”. Cuando no los vendía, porque como los hacía muy rápido…Soy mercenaria desde chiquita. Yo empecé a vender mis cuentos a eso de los siete años, y más tarde cambiaba las composiciones por figuritas brillantes.

Escribir cansa

6. Escribir una novela para mi es agotador, es un trabajo que tiene algunos momentos placenteros, también otros muy sufridos. Sobre todo el momento en el que no se sabe para dónde dispara. Además, uno va escribiendo y lo que queda atrás es un material informe, confuso y desagradable. Mi técnica para poder avanzar en una novela es no corregir, entonces en el trayecto van cambiando los nombres de los personajes, cosas de la novela que en el momento en que estoy escribiendo ya se que voy a tener que volver atrás para cambiar y justificar. Pero trato de llegar hasta el final, aunque sea en esa calidad de material desagradable, sino sé que nunca voy a poder terminar de escribirla.

El punto final

7. Cuando uno llega al punto final, al principio no se queda con una sensación placentera porque una novela es un texto que te ha tenido concentrado durante mucho tiempo, y uno ha estado viviendo durante ese tiempo en el doble mundo de la realidad y la novela. Uno camina por la calle y habla en su fantasía con sus personajes. Y de repente uno de esos dos mundos en los que vive se apaga, y uno siente una sensación de vacío por un tiempo. Además, todo lo que uno tenía trató de ponerlo en la novela, hay un vaciamiento real.

Las claves

8. El escritor no tiene todas las claves de su propia producción. Todas las lecturas me parecen aceptables, puede tener mucha razón un crítico en descubrir cosas que el propio autor no vio. Aunque hay muchas cosas que son fantasías de los críticos. Todo lo que escribe un escritor de ficción es deliberado y no lo es. Uno sabe lo que escribe, no es inocente, y al mismo tiempo aunque domina los recursos no domina todo, no controla con toda precisión cuáles son los temas sobre los que va a escribir. Las decisiones las hace sobre un corpus predeterminado dictado sobre su inconsciente. Yo como lectora no trato de descifrar qué es lo que quiso decir, sino leo lo que está en el texto.

El ingenio

9. En la mini ficción hay un juego de ingenio, que cuando uno se mete en el género trata de eludir. Es un peligro también el ingenio. En términos generales, todo lo que a un escritor le sale fácil, es un peligro. Para llegar a obtener lo mejor de sí mismo, tiene que trabajar a contrapelo, lejos de su facilidad, o al contrario, llevar su facilidad al extremo. Pasarse del otro lado.

Consejos

10.

* Hay que ser un lector apasionado, si uno no es un lector que le apasiona leer literatura de ficción, no tiene porqué intentar escribir. Por que hoy hay mucha gente que quiere escribir y no quiere leer.
* Si ya es un gran lector y quiere empezar a escribir, tiene que haber un equilibrio entre subestimarse y sobreestimarse. Porque si uno está en la situación de que todo lo que escribe le parece abominable, mediocre o estúpido, se paraliza. Y si a uno le parece que todo lo que escribe es un aporte a la literatura universal, empieza a creerse un genio incomprendido, no acepta críticas, se frustra, y consigue el mismo resultado que la subestimación, la parálisis.
* No hay que desanimarse ante lo rechazos editoriales. Los argentinos tenemos una muy fuerte tradición de cuentistas; los escritores generalmente comienzan escribiendo cuentos, que son muy difíciles de publicar. Mis primeros libros fueron rechazados en todas las editoriales, y la edición de los Días de pesca se la pagué a Corregidor. Hay que ser severamente autocrítico. Yo noto que mucha gente escribe maravillosamente bien y también escribe muy mal, y ellos no se dan cuenta del contraste de unas partes con las otras. Se enamoran de todas las palabras, entonces no progresan., y el conjunto de sus textos no tienen valor. Todos, los grandes escritores, los buenos y los mediocres, escribimos cosas que no tiene valor, que no tienen sentido. Por algo dice el refrán: “Hasta Homero duerme a veces”. Algunas veces la diferencia entre un buen escritor y uno mediocre, es la autocrítica, el darse cuenta que no todo lo que uno escribe es bueno.
* Hay que presentarse a concursos, no hay que pensar que todos están arreglados, tal vez lo estén en los que hay mucho dinero en juego. La mayor parte de los concursos son lícitos, los jurados son otros escritores y les encanta descubrir nuevos autores.
* En la literatura hay altas cumbres, pero que forman parte de una cordillera. No hay que achicarse, sino uno no va a poder escribir nunca. Uno se puede conformar con ser una montañita de esa cordillera. Una lomita, una estribación de la precordillera.

Leer entrevista completa.

Sasturain, Juan

Juan Sasturain
Juan Sasturain

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi, el miércoles 7 de marzo del 2007.

El cuento malo si breve, dos veces malo

1. El cuento corto está ligado sobre todo al cuento como sorpresa. No me imagino a Henry James escribiendo un cuento corto, porque el concepto del cuento para él pasaba por otro lado. El privilegio en el cuento corto está dado en la trama, que en general incluye una sorpresa. Es como llevar a su mínima expresión los preceptos de Poe. Por eso, cuando un cuento corto es malo, es peor. Lo malo, si es breve, es peor.

Como con la mano

2. Antes escribía a mano. Ahora tengo una libretita donde apunto cositas para incluir en novelas. Pero después, la computadora. Me llevo bastante mal, aunque me vino bárbaro porque yo escribo mal; soy disléxico, no sé escribir bien a máquina, escribo con dos dedos y le yerro a las teclas, entonces tengo que estar corrigiendo continuamente. Ya no me imagino cómo hice antes, en los ochenta, cuando escribí la novela Arena en los zapatos, iba pegando papelitos. Era un infierno.

Un asesino serial

3. En general no tengo un plan muy determinado cuando empiezo a escribir una novela, lo cual me ha causado problemas graves en el pasado. Sobre todo cuando escribo novelas de género, donde la trama es importante, como en los policiales. No es una pose, ni un chiste. Yo mataba a los tipos, y ni yo sabía quién los había matado. Eran historias que publicaba como folletín; cuando no sabía qué hacer, aparecía un cadáver para que la trama siguiese. Después eso se notaba, porque al final tenía que agregar veinte o treinta páginas de explicaciones y había veces que ni siquiera llegaban a ser del todo claras. Pero no es recomendable, porque te cuesta mucho más avanzar. En uno de los policiales que estoy escribiendo ahora, traté de controlar más eso, por lo menos saber bien a dónde iba a terminar, aunque en el medio se me desparramó bastante.

Elogio de la escritura

4. El calígrafo (de Pablo De Santis) está escrito en la mejor prosa castellana de estas latitudes. Pablo ha escrito muchas cosas buenas, antes y después, pero la perfección, la justeza de cómo abre y cierra… Leés el primer párrafo y te caés de culo. Uno puede leerlo en el mismo registro de Bioy, con la misma tensión, con el mismo efecto de prosa argentina. Eso es lo que hacen los escritores.

Agarrar los libros

5. No recuerdo que de chico me contaran cuentos en mi casa. Capaz estoy siendo injusto, pero creo que no. Mi vieja cantaba algunas cositas, pero no me acuerdo que alguien se sentara a contarme cuentos. Después sí agarré los libros y las historietas, pero nadie me los ponía enfrente, yo me los compraba.

Leer al pato Donald

6. Los primeros relatos que me gustaron fueron las historietas de Disney, del Pato Donald. Una que recordé siempre, es la que el tío Patilludo, Donald y los sobrinos encuentran la Atlántida. Había, por ejemplo, unas máquinas de música que funcionaban con anguilas enchufadas y, después de un tiempo de estar ahí, les salían branquias. Con los años uno, que trabaja de esto, se da cuenta de que eso lo había escrito Karl Barks, un guionista que escribió cosas maravillosas para la Disney, o sea que no era cualquier boludez. Ahí había un autor.

La crítica de la educación pura

7. Con respecto a la educación, podemos criticar lo que se hace, que es lo más fácil (risas). Antes se imponía desde la ortodoxia de un canon: yo en segundo año leía a Marianela, de Galdós. Hoy en día es al revés, hay cierta condescendencia: ya que los pibes no leen, démosles historietas, Mafalda, que lean algo. Se les da más de lo que ya saben o lo que ya quieren por temor al rechazo. Están equivocados. Me quedo con Marianela. Tienen que darte lo que vos necesitás o lo que querés saber, en lugar de subrayarte lo que vos ya sabés, que es una manera de subestimarte. Que te abran la cabeza, que puedas descubrir mundos que desconocés. Aprender que hay un universo al cual podés acceder, pero que nadie te lo va a entregar, te vas a tener que romper el cuello y leer mucho…

Los colores de la pasión

8. Para mí lo más importante es la pasión para poder transmitirle a los alumnos lo que realmente les gusta. El pelado Marcángeli, mi profesor de segundo año de literatura en el año 59 o 60, llegó un lunes a la mañana y transcribió un soneto que se llamaba A la efigie de un capitán de los ejércitos de Cromwell, que había salido en La Nación del domingo. Era un soneto de Borges, y yo no sabía quién era Borges, qué era un soneto ni quién era Cromwell. No sabía un carajo, pero ése soneto, puesto ahí, nos hizo dar cuenta a algunos que teníamos alguna sensibilidad. Todo depende de la pasión que se transmite. Pero para eso, el que lo transmite debe creerlo. No debe dar un programa, sino hacerte dar cuenta de que lo que te está compartiendo es muy bueno y sos vos el que se lo está perdiendo. Tiene que vendértelo bien, pero para vendértelo tiene que ya tenerlo incorporado él.

Profesores embalsamadores

9. En la facultad yo tenía varios profesores embalsamadores, que eran capaces de matar hasta lo más hermoso. Se leía para cumplir, no por placer. En eso Borges fue un profesor excepcional, aunque yo no lo tuve. Le importaba tres carajos, decía: “Vamos a leer, vamos a disfrutar y a saber por qué esto es hermoso, es inteligente, cuál es el mundo que esconde este texto”.

El placer de leer y escribir

10. Escribir es una cuestión de placer, como leer. Está el famoso consejo de Briante: “Los Sábatos y sabatitos, todos preocupados por el destino de la humanidad y el haber sido tocado por el rayo de iluminar a la humanidad, para qué escriben si sufren”. Después, como todas las cosas placenteras, tiene su cuota de laburo, no necesitamos explicitar nada. Hasta las cosas que más nos gustan, y por ser las que más nos gustan, en algún momento se complican y hay que hay que remar, pero se parte de un lugar que es básicamente placentero. El trabajo debe siempre tener algo de placentero, ya que incluye el esfuerzo.

Leer entrevista completa

Apo, Dora

Dora Apo
Dora Apo

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi, el miércoles 28 de marzo de 2007.

Cuentos propios

1. Los cuenta cuentos no aprendemos de memoria, sino que adaptamos los textos. Le sacamos toda la parte literaria porque para contar no necesitamos, o mejor dicho, no podemos contarlo con las palabras del escritor. Lo que hacemos es relatar cuentos tradicionales- con presentación de personajes, argumento, conflicto, clima y desenlace- y contarlos en distintas formas, en primera persona, o en tercera. Yo soy defensora de la primera persona. Y tengo una gran ventaja: a mis 75 años, puedo contar de todas las edades de la vida.

Hijos que no leen

2. Cuando voy a dar cursos al interior, y la gente se me acerca para me decirme que sus hijos no leen, yo no les digo nada. Después me pregunto porqué mis hijos leen… Yo me acuerdo que en mi casa, mi marido se la pasaba leyendo, y mi madre- que era una autodidacta porque había hecho hasta segundo grado nada más- también, entonces se hablaba constantemente de literatura. O sea, no podés mandar a leer a un chico si vos estás mirando televisión.

Niños críticos

3. El crítico más grande es el chico, porque cuando no le gusta, se levanta y se va. En cambio el grande, le guste o no le guste, se queda. Igual uno nota cuando el público en realidad no está.

No a la moraleja

4. Yo soy enemiga de los cuentos con moraleja. Si en el cuento está la moraleja, no tenés que andar diciéndola, parece para estúpidos. Si se dice la moraleja no tiene sentido el cuento.

Leer para narrar

5. El que quiere empezar a narrar, lo primero que tiene que hacer es leer, leer y leer. Si no tenés un antecedente de lectura, es muy difícil; poca gente es la que puede empezar a leer a los 50 años. Yo he leído cuentos a montones, tengo como 500 cuentos en la cabeza. Después hay que aprender a adaptar el cuento, no entusiasmarse con la literatura del escritor, sino limpiarlo, y contarle a la gente lo que quiso contar el escritor pero con nuestras palabras.

En cada cuento una historia

6. Cada cuento por lo general, tiene una historia de porqué se lo cuenta. Yo cierro mi espectáculo con uno de Ray Bradbury, que no es de ciencia ficción sino una historia que a mi marido lo enloquecía. Siempre me pedía que lo contase y, para que se quedara contento, yo lo relataba. Ahora que él murió, siempre los homenajes son póstumos, lo cuento al final, y cuando termino siempre digo: “Estés donde estés, te lo dedico mi Amor”.

Saki y Cia

7. Saki me encanta, hacía unos cuentos aniquilando a la sociedad inglesa, muy sutil, muy irónico, yo cuento cuentos de él. Está el cuento La ventana abierta que es maravilloso. Y después hay otro que se llama Té, que es una crítica brutal a la hora del té de Inglaterra. También cuento mucho de García Márquez (soy muy fanática de él), de Galeano, de Benedetti. Maupassant, antes de volverse loco del todo, escribía muy buenos cuentos, con presentación de personaje, conflicto, clímax y desenlace. Enrique Anderson Imbert, que acaba de morir, hacía unos cuentos de miniatura bellísimos. Wimpi también hacía cuentos hermosos. Teniendo todos esos autores extraordinarios, no me voy a poner a contar cuentos míos. Es más: mío ya no tengo nada, los tiré.

Leer entrevista completa.

De Santis, Pablo

Pablo De Santis
Pablo De Santis

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi el miércoles 7 de marzo de 2007.

Mano a mano

1. Antes escribía sólo en cuadernos Gloria, ahora en cualquiera. Cuando no existían las computadoras uno iba pensando y armando las cosas antes de sentarse a escribir; ahora eso casi no se hace, no hay necesidad, uno va pensando mientras escribe. Igual, yo sigo escribiendo a mano, hago un esquema previo, y así más o menos sé a donde voy. Hay cambios, pero sé a donde va a terminar.

Grandes y chicos

2. Para mí no hay mucha diferencia entre los cuentos de adultos y los infantiles, no los pienso tan distintos en cuento al lenguaje y al idioma. Si en cuanto al mundo imaginario. Me parece que hay una especia de forma libro infantil, prescindiendo de los chicos. Si uno toma Peter Pan, El mago de Oz, Alicia en el país de las maravillas, me parece que es un género marcado por elementos muy imaginativos y una especie de falta de represión en la escritura. Es una escritura absolutamente libre que lleva a que a veces en esos libros haya cosas realmente inquietantes. Cuando uno escribe para chicos, en general sucede eso; se empieza a escribir algo que es a veces más extraño que lo que uno escribe para adultos, ya metido dentro de tradiciones, dentro de gustos literarios. Cuando escribo para chicos, siento que no sé para donde voy.

María Elena Walsh

3. De chico me leían bastantes cuentos. Soy de una generación en la cual María Elena Walsh tenía una influencia absoluta. Ya se consideraba la literatura infantil como algo con presencia propia.

Literatura en la escuela

4. Antes lo que hacía estragos en las escuelas era la idea de la “historia de la literatura”. La literatura no existía, sino que existían los movimientos y se olvidaba que había algo real dentro de todo eso. Todas esas cosas son como invenciones, cosas abstractas. Lo único real son los textos.

Cuentos cortos de lectura difícil

5. A veces no sé hasta qué punto los cuentos cortos son de lectura fácil, porque presuponen una experiencia de lectura. En muchas ocasiones dan por sentado elementos de un género, como si le exigiera al lector algún tipo de experiencia previa. En general, tienen principio, medio y fin, pero muchas veces ni siquiera tienen un principio porque ya se sabe un poco cómo empieza. Lo que importa es sobre todo el final; el cuento corto tiene un final que toma todo, es todo final.

El graffiti

6. Me preocupa esta idea del graffiti en los programas de educación, de que todo vale en la cultura. Un cuento de Borges, el graffiti, todo es más o menos lo mismo porque está mal poner algún tipo de jerarquía, es “antidemocrático”. Pero no es lo mismo una gran novela que una nota periodística cualquiera. No es lo mismo.

Regalar un libro

7. A mis hijos más grandes siempre les regalaba libros de historieta, sobre todo cuando me iba de viaje les traía esos que acá no se conseguían. También les he regalado muchas veces libros de Juan Sasturain. Me gusta mucho, sobre todo, La lucha continúa. Otro autor que es interesante para los adolescentes es Paul Auster; son libros que tienen la profundidad pero también el entretenimiento.

El cuento como noticia

8. A mí me gustan mucho los libros de Thomas Bernard, hay una que se llama El imitador de voces. Son cuentos cortos, muchos disparatados, que a veces parecen casi noticias de diario. Con lo cual el cuento corto siempre tuvo algo de la noticia. Por ejemplo, Infernaliana, un libro de Charles Nodier, uno de los primeros libros de cuentos cortos, eran una colección de noticias sobre fantasmas y vampiros. Pretendían ser una colección de noticias reales.

Leer entrevista completa.

Oche Califa

Oche Califa
Oche Califa

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi, el 21 de marzo de 2007.

La muerte en la literatura infantil

1. El dolor, el sufrimiento, la tristeza, la muerte también existen en la literatura para chicos. Son tópicos que existieron toda la vida en la literatura infantil. Esto no es nuevo. Los cuentos folclóricos, aunque no son cuentos para niños pero sí los incluyen entre sus oyentes, relatan historias truculentas. Ha habido una “época rosa” de protección al menor, que de alguna manera perdura, pero no tan respetada. Es esta cosa de no generarle conflictos, lo que para mí es una actitud más prejuiciosa que llevárselos. En las ediciones europeas es todavía notorio esto; no aceptan el dibujo grotesco, todo es bello.

Exceso de protección al menor

2. Hay sociedades que en determinado momento no quieren que se lea determinadas cosas y luego sí. Al pensar en los orígenes de la literatura infantil me acuerdo de la revista Pebete, de la década del veinte, y si la revisás, tenía publicidades de cigarrillos. El chico daría vuelta la página, sabiendo que eso no iba dirigido a él. Hoy esto sería un “escándalo mediático”, para utilizar un término de moda. Hay un exceso de protección, que en general termina en una suerte de moderno fascismo porque dicen: “No, esto es sexista; aquello es discriminatorio”. Es el autoritarismo de lo políticamente correcto, y terminás no hablando de nada.

Enseñar a escribir

3. Pienso que sí se puede enseñar a escribir, pero luego está todo en el talento personal. Hay una escritura que es posible; después los resultados hay que verlos. Igualmente, de la gente que va a los talleres, no todos quieren ser escritores profesionales; muchos lo utilizan como un lugar de expresión personal, encontrar un ambiente, un clima, un espacio donde compartirlo con otro. No todo se debe hacer para conseguir hechos tan espurios como el de ser un escritor profesional; sino que se puede disfrutar de lo que se escribe, lo que se escucha de la escritura de los compañeros, el conocer nuevas cosas para leer. Si de todo ese conjunto sale un buen escritor, mejor.

Leer a los hijos

4. A mis hijos les leía y les contaba, algunas veces sobre la marcha, algunos cuentos que inventé y que no son trasladables a la literatura. Tenían éxito; había que contarlos muchas veces. Hacía un juego, que luego supe que lo pautó Gianni Rodari (el escritor italiano), que es el cuento en el que uno va cambiando los personajes a propósito, porque lo ha contado muchas veces. Por ejemplo uno dice: “Por el bosque iba una niña que tenía una caperuza verde”. Y mi hijo corrige: “No, roja”. “Bueno- contesta uno- roja. Entonces un día su tía le dice”. “No- dice mi hijo- la mamá”. “Bueno, la mamá le dice que lleve un cajón de frutas”. “No, una canastita”. Esos juegos son cuentos interactivos, tenían mucho éxito con mis chicos.

La industria del libro

5. “El libro es igual que los zapatos”, decía Juan Bautista Alberdi. La literatura funciona como una industria: entonces el señor empresario necesita que su cuenta esté equilibrada, si le da ganancias mejor; necesita dirigirse con cierta certidumbre de éxito en el mercado y por lo tanto estandariza la producción. Eso es bastante visible en los últimos años en los que hay formatos instituidos. Esto presiona al escritor, que sabe que si escribe en una extensión o formato que no es viable, en términos industriales- editoriales, se va a quedar con el manuscrito en su casa. Eso es lo dominante, pero como Argentina tiene muchos campos culturales de alternativismo, aparecen modelos más arriesgados, ingeniosos, y algunos, justamente como traen lo distinto, les va bien.

Leer entrevista completa.

Brasca, Raúl

Raúl Brasca
Raúl Brasca

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi, el 28 de marzo de 2007.

El tamaño no es importante

1. Un texto corto es una microficción dependiendo del poder de sugerencia que tenga. Por ejemplo, La mariposa, de Salvador Elizondo dice: “La mariposa es un animal instantáneo inventado por los chinos”. Tiene la forma de una definición, pero el contenido desmiente la forma, es una microficción. Con respecto a las líneas, incluso se ha escrito que es toda prosa literaria que tiene longitud menor a una página. Para mí eso es tan general que no dice nada. De esa manera se pierde la discusión sobre las particularidades que tiene cada texto, y yo creo que hasta un poema se puede leer como microficción. Hay muchos poemas que puestos en un libro de poemas son inconfundiblemente poesía, pero en un contexto de microficción pueden ser microrelatos. La cosa genérica tiene que ver siempre por cómo se lee lo que se lee, y eso te lo da el contexto.

Lo esencial es invisible

2. Para escribir microficción hay que tener una idea clara de lo que se quiere decir. Renunciar a descripciones, renunciar también a la composición psicológica del personaje, porque implica que el personaje tiene que actuar en diferentes situaciones para que el lector pueda entender cómo es el personaje. Prestar mucha atención al sonido. Pero fundamentalmente en microficción es esencial más que lo que se va a decir, lo que no se va a decir. Todo el efecto que puede tener está sustentado en lo que no se dice, en la elipsis. El final de la microficción generalmente no es un final fáctico como lo es en los cuentos, sino que sugiere, dispara, más de una posibilidad. Y una vez que ya sabemos lo que vamos a decir y lo que no, hay que fijarse muy bien el orden en que se lo va a escribir. Eso también forma parte de la estrategia para lograr lo que uno quiere.

Todo vale

3. En microficción, sobre todo en textos que son muy elípticos, todas las lecturas valen y pueden ser muy variadas. Esa es la gracia de la microficción: darle una enorme participación a quien lee. En un artículo que hice, decía que una manera de concebir la microficción es como una carrera entre el autor y el lector, donde el autor coloca toda la ambigüedad que pueda soportar el texto, y el lector se ocupa se saltar acrobáticamente esas elipsis, esos abismos de ambigüedad.

Ingeniería literaria

4. Ser ingeniero me sirve mucho para la escritura, creo que todo sirve para todo. Sin el pensamiento sistemático relacionado con las ciencias exactas, yo sería otro escritor. La lógica se complementa con una cosa poética, que uno puede tener o no tener. Yo di clases de química muchos años en la universidad, y algunos alumnos me decían: “Pero yo esto no lo voy a usar en mi carrera, para qué lo estudiamos”. No hay que creer que aprendemos cosas que no usamos, siempre se usa todo lo que somos. Por otro lado, no es una cosa rara que alguien relacionado a la ciencia se dedique a la literatura. Lewis Carroll era matemático, Robert Musil era ingeniero; acá tenemos el ejemplo de Ernesto Sábato que era físico.

Teoría mínima y vital

5. Entre los libros de teoría sobre microficción argentinos tenemos el libro de David Brugnagmalovich, Microrelatos, el Breve manual para reconocer mini cuentos, de Violeta Rojo (una profesora venezolana, que tiene una edición venezolana y una mexicana). Esto no se consigue acá. Después está La micro-ficción bajo el microscopio de Lauro Zavala, donde él reúne sus artículos. Próximamente, si el Fondo de las Artes nos habilita la plata, estarán las actas del Encuentro Nacional de Microficción, que se hizo en Buenos Aires en 2006, organizado por Sandra Bianchi, Luisa Valenzuela y yo.

Corte y confección

6. Desde los Breves cuentos extraordinarios, que Borges y Bioy recortan y retitulan, se desarrolla lo que yo llamo “microficciones del lector”, porque el verdadero autor es el lector que encontró esa cosa que tiene una suficiencia semántica y le agrega un título que alimenta eso. Para mí eso es reescritura, es escribir sobre lo escrito. Hay un microrelato hermoso de Mark Twain, que se llama Mi reloj y dice: “Mi hermoso reloj nuevo adelantaba, pero lo mandé a componer y rápidamente dejó muy atrás a los mejores relojes de la ciudad”. Cuando hicimos la antología no teníamos la fuente y me volví loco buscándola por todos lados. Un día estaba leyendo Textos cautivos de Borges (que son las reseñas que él publicaba en El Hogar), y encuentro una sobre un libro de humor inglés del año 1937. En éste Borges da su teoría del humor y da como ejemplo el texto de Mark Twain que seguía a continuación: Mi reloj. Me dije, ¿de dónde lo habrá sacado Borges? Ahí empecé a desconfiar. Seguí buscando y encontré entre los cuentos de Mark Twain, uno que publicó en la revista Galaxi en 1874 que se llama Mi reloj. Era largo; lo que yo había leído era una partecita bien chica o una especie de resumen. Pero Borges no pone “Borges”, sino que se lo adjudica a Mark Twain. Mentira, porque tampoco es de Mark Twain. Ahí aparece otro tema de discusión: ¿quién es el autor de ese mini relato? ¿Mark Twain o Borges?

Autores varios

7. Algunos de los autores hispanoamericanos de microficción que me gustan son: Borges; Julio Torri (una autor mexicano que es el pionero en el género), Arreola, Monterroso, Denevi. De los jóvenes hay muchos: Pablo De Santis, Pablo Berti. No me quiero olvidar de nadie porque son amigos, quedo mal con media humanidad. Marcelo Birmajer, Juan Savia, Orlando Romano, que es tucumano, Juan Romagnoli, que fue publicado en El cuento varias veces, Roberto Perinelli, y todos los demás.

Bibliotecandado

8. Yo siempre que invito a microficcionistas a mi casa, cierro la biblioteca con llave, porque sé lo que yo haría en una biblioteca como la que yo tengo si fuera de otro.

Leer entrevista completa.

Schujer, Silvia

Silvia Schujer
Silvia Schujer

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi, el 21 de marzo de 2007.

El misterio de la creación

1. Mi proceso creativo empieza cuando lo que se me aparece es una imagen, y con ella una historia, que ya trae en sí a sus posibles lectores. Si es una historia con un conflicto muy sencillo, seguramente será contado con pocas y simples palabras. Esto no quiere decir menos bellas; tampoco que no exijan una bonita combinación. Si la trama es más compleja, necesariamente va a requerir de un vocabulario y otros recursos, lo que supone que tendrá otros lectores, otra experiencia lectora. Por eso en general lo primero que pienso y trabajo es la historia. Mi trabajo principal es hacer funcionar esa historia, no hay preguntas externas.

Maestros con cariño

2. María Elena Walsh es la que hace un aporte muy grande a la literatura infantil moderna. Ya hay una previa con Horacio Quiroga u otros autores, que no necesariamente escribían para chicos aunque destinaron una parte de su obra a ellos. Pero creo que la que hace el gran aporte es Maria Elena Walsh; ella ingresa el disparate en la literatura, digamos que la desescolariza un poco, le da una intención más literaria. Después de ese quiebre pasa un tiempo, ya que en el medio está la dictadura militar. Empiezan a aparecer los cuentos del Chirbitil, a haber algunos movimientos, pero me parece que sale con mucha más fuerza en el ´83, con la vuelta de la democracia. Pienso que porque los que escribían por lo bajo los años anteriores comienzan a emerger.

¿Y lo nuevo, dónde está?

3. Yo lo que veo en la literatura infantil actual es ciertos cambios en lo que es el formato; vienen más originales, pero de formato. Literariamente, yo no percibo un salto, siento más de lo mismo; no veo un crecimiento, o textos que me resulten profundamente interesantes, como los de otros años. Yo descubrí, un poco tarde, que aparecían Pablo De Santis, Marcelo Birmajer, una nueva camada muy interesante. La producción mejoró desde el punto de vista industrial. Ahora, en el contenido, me parece que en algunos casos involucionó, por lo que estuve leyendo recientemente. Veo una chatura notable.

Blancanieta

4. Una de las causas por las cuales las historias tradicionales no mueren es porque son narraciones con mucha carnadura, mucha emoción, todo lo demás está lavado. Yo hace veinte años que escribo cuentos para chicos, y me resulta gracioso que siempre le termino leyendo a mi nieta Blancanieves. Esto a mí me hizo reflexionar muchísimo sobre los cuentos tradicionales, preguntarme dónde está el enganche. Y hay razones que son super literarias.

Leer entrevista completa.

Isnardi, Hernán

Hernán Isnardi
Hernán Isnardi

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi.

El nacimiento

1. La Máquina del tiempo nace con la idea de generar un lugar donde poder publicar algo, porque los escritores no tenemos un lugar. Para publicar en lugares serios, aunque no sé si hay demasiados, tenés que ser amigo de alguien; no importa demasiado el talento. Esto salió en papel, y por supuesto, al segundo número fracasé como el 95% de las revistas; y apareció la maravillosa Internet. En papel salió en el ´97, y ya a fines del ´98 la subí a la web, cuando todavía no tenía mucha idea de qué era eso. Al principio celebrábamos las diez visitas por mes, o las veinte, era increíble, ahora tengo 70 mil por mes, y lo más lindo es que se hizo despacio pero teniendo el público que yo quería tener, porque además todo el mundo viene y te dice: “vos deberías hacer esto, lo otro, tendrías que agregar esto o aquello”. Y yo no, mantuve la web que pensaba. Por ejemplo de Antonin Artaud, de Charles Baudelaire, de Edgar Alan Poe, de Katherine Mansfield, de Salvador Elizondo, de Abelardo Castillo, de Franz Kafka, de esos creo que es uno de los sitios más completos en castellano de todo Internet.

El mundo no termina en Villa Urquiza

2. Uno empieza a ver que entran más personas de México que de Argentina, y de España casi como en Argentina, y te das cuenta de que el mundo no termina en Villa Devoto o Villa Urquiza, y que publicás una nota sobre traducciones y te escribe una mujer de Austria quejándose. Saqué un artículo sobre las malas traducciones de lo Premios Nobel, porque son terroríficas, y es inentendible, porque cierra hasta comercialmente, si vos decís que para un autor chico no pagás una buena traducción, bueno, ¿pero a un Premio Nobel?

Lo que pasa además, es que las mejores traducciones está hechas por los escritores, por una cuestión elemental que es la de la escritura; escribir no es fácil, y las malas traducciones están por todos lados; las traducciones que uno recuerda, generalmente están hechas por escritores. Decíamos antes que la mejor traducción Las flores del mal de Baudelaire, la hace Ulises Petit Murat en prosa, sobre un libro escrito originalmente en verso. Es extraordinaria. Por su parte, Bartolomé Mitre sigue siendo el mejor traductor al español de la “Divina Comedia”, en tercetos, con rima; es monumental. Once años laburó para eso, entonces ahora se usan otros tiempos y la verdad es que no podés traducir un libro en tres meses ni en cuatro ni en cinco.

El taller y cómo lograrlo

3. A mi taller ha venido un montón de gente maltratada por otros talleristas. A mí me parece que no debería ser así, porque se supone que debo sacar lo mejor de vos, no lo peor. Yo no sé si vos tenés temperamento para bancarte que te diga: “lo tuyo es una basura”. Porque vos me tenés como un buen referente, qué sé yo, por lo que yo publico en la revista, y tal vez dejás de escribir, y te arruino. Hay muchas historias de escritores que en sus primeros intentos de publicación fueron rechazados. Pero también aparece otro juego con las revistas, porque a un taller acude alguien que quiere prepararse, y a la revista, supuestamente envía textos alguien ya preparado.

Encuentro con Abelardo Castillo

4. Con Abelardo Castillo, el proceso de la grabación de sus textos tardó desde marzo de 2003 a marzo de 2005. Primero hicimos una parte, salieron mal algunas cosas, y luego grabamos la segunda parte. En realidad el tiempo que tardamos fue más por falta de fondos que por otra cosa. Yo lo conocí a él en el años ´98, una vez que le hice una nota; le llevé las revistas en papel, el número uno y dos, diciéndole que si le parecía una revista digna le iba a hacer una nota. Y al otro día recibí un mensaje de Sylvia, su mujer, diciendo que habían quedado encantados con la revista y que cuando quisiera podíamos hacer la entrevista. Hice la nota, y a partir de ahí mantuvimos una relación literaria bárbara. Conmigo ha sido inmensamente generoso. Y cuando pensé este proyecto de hacer voces de escritores, que no es nuevo, pero desde la década del ´60 en que Yánover grabó a todos los fenómenos contemporáneos a él, nadie más grabó nada, y arranqué con el proyecto y conseguí grabaciones de Tennyson del año 1890, de Walt Whitman, de Guillaume Apollinaire del ´14, y me di cuenta de que por ejemplo no teníamos la voz de Abelardo Castillo, estábamos completamente fuera de foco; entonces se lo propuse y me dijo que estaba encantadísimo. Así fue que grabamos seis o siete poemas, un cuento que en aquél momento era inédito y que es formidable; hay fragmento de novelas, y están las mínimas para escritores, que son extraordinarias.

Los talleres de Internet

5. Los talleres por Internet de algún modo están estructurados como los presenciales, como si vinieras una vez por semana a mi casa. Se manda un mail grande semanal, y el alumno manda un cuento, un poema, o dos. Entonces en esa semana yo lo leo varias veces, le hago la corrección y luego en base a esa corrección le mando lecturas nuevas. Como para ir mejorando, como para cambiar la dirección. Todos los talleres, por lo menos los míos, los hago en base a la persona que tengo enfrente, no es que tengo una fórmula. Y con estos alumnos de Internet, en la gran mayoría de los casos no tengo más contacto que por mail. Y además otra ventaja de Internet es esa, te tenés que comunicar vos como corresponde para que el otro te entienda. Además tenés la mayúscula, o los signos de exclamación, o sino les pongo en francés antiguo: “Sos una bestia”.

Lecturas recomendadas

6. Me acuerdo de algo que leí de Borges, que decía: “Si querés escribir, lo último que tenés que hacer es crear una revista literaria”. Yo publique siete u ocho notas desde que nació la revista, y creo que ni una nota por año, porque no tenés tiempo. Se te va en la lectura, porque los libros que recomiendo son los que me gustaron a mí. Para eso tengo que leerlos. Más o menos 20 libros por mes, porque además a mí los libros que no me gustan no los recomiendo, porque hacer una crítica mala de un libro es un poco perder el tiempo, yo te tengo que recomendar lo que tenés que leer no lo que no.

Galería de ídolos

7. Si hubiera podido optar por hacer algún taller, hubiese elegido el de Abelardo Castillo. Porque aparte es el tipo que más sabe, lejos. Leyó todo lo que vos ya leíste, y varias veces. Otro que para mí es dueño de una literatura monumental es el “Negro” Dolina. Su último libro, El bar del infierno, me parece genial. Los libros del Ángel gris, tenían esa originalidad, esa cosa de barrio. Ahora, me parece que recobró una nueva identidad más universal. Y otros que me gustan de acá son Perla Suez, escritora cordobesa que es de lo mejorcito que hay, Liliana Hecker, Sylvia Iparraguirre, Andrés Rivera, Héctor Tizón, Juan José Saer, Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal. Marechal es uno de esos tipos que pueden escribir sobre lo que se les ocurre, y magníficamente. Castillo es otro. No hay muchos de esos, serán tres o cuatro. Castillo dice que de Borges, de Arlt y de Marechal viene toda la literatura de este siglo. Además el nivel intelectual que tenía Marechal era descomunal. Hay un libro suyo que se llama Descenso y ascenso del alma por la belleza que es increíble, y ahí tenés desde Platón hasta lo que se te ocurra.

Bioy en la mira

8. En un momento hice un número sobre Bioy Casares, y Bioy debe ser un tipo de los más irregulares de nuestras letras; es un escritor que tiene cuentos memorables, y prácticamente la mitad de su obra la podés tirar a la basura sin el más mínimo inconveniente, no te genera ni siquiera culpa. El me dijo a mí: “Yo no tengo autocrítica”, entonces publicaba cualquier cosa. Los últimos libros son terroríficos, desde ese de Graffitis, o Descanso de caminantes; son malos, lo pintan a él como un tipo horrendo; publicaba los días en los que se iba a acostar con la mujer de su amigo Octavio Paz en Francia, a parte, a quién le importa eso. Pero también tiene cosas como Memoria de paulina o la Invención de Morel, que son memorables.

Libros que no muerden

9. Idos, niños y descoloridos, de Jorge Luis Sagrera, es el inicio de la editorial La máquina del tiempo, un proyecto que espero no sea muy ambicioso. Sí que lo sea desde el punto de vista literario, pero se nota que de ambición económica yo carezco. Soy un desastre. Por eso pedí la ayuda de Baulelaire; tengo una lista de títulos, como por ejemplo las críticas de arte de Baudelaire, que sigue siendo el mejor crítico de arte de la historia o más o menos; el hombre descubrió a Delacroix en pintura, a Wagner en música, para que se den una idea de nivel de la cabeza del tipo. Después Aurelia de Nerval, que hace añares no se edita, y que si se editó ha desaparecido bruscamente. Ensayos de Poe, que si bien se han editado son traducciones viejas. Vargas Vila, un escritor colombiano monumental, y el libro que pienso editar de él se llama “Ibis”, libro que salió por el 1900 y que al leerlo, mucha gente se suicidó. Se publicaron en España, recién en el 2000, sus diarios. La idea es hacer con estos autores un fondo, que me permita editar a escritores nuevos sin que ellos tengan que pagar sus ediciones. Esa es la base.

Como subsistir

10. Con la página intenté buscar subsidios millones de veces. Este mes estoy terminando el subsidio que me cedió el Fondo Nacional de las Artes por tres meses, maravilloso, y eso fue lo único que conseguí en estos diez años. Después Secretaría de Cultura de la Nación, las telefónicas, los bancos, no es que no te apoyan, ni se enteran, porque vos dejas el pedido en mesa de entrada y no hay nadie que lo haga llegar.

Llevé un proyecto a la Cámara Argentina del Libro, porque los chicos leen cada vez menos; la idea era regalarle los discos en los que el autor lee sus cuentos, nada más habría que poner el compacto y sentarse a escuchar, les pedí que paguen la edición, y después voy yo a cada escuela en la que se regalen, a hacer la presentación, pero ni siquiera me atienden; toco el timbre y no hay nadie. Supongo que deben estar haciendo cosas importantes.