Colaboración

Ernesto Daniel Bollini

El día en que ganamos el mundial de Brasil 2014, yo estaba decidido a prestar mi colaboración. Puse a calentar el agua para el mate y me arrebujé en el sofá, frente al televisor, con la bolsa de bizcochitos. Pero Lío se mandó una apilada espectacular a los dos o tres minutos, y la selló con un golazo. Entonces, como un rayo repentino, me asaltó la convicción de que no debía moverme hasta que terminara el partido. Recién en el entretiempo el fuerte olor a quemado y un silbido persistente me inquietaron, pero no podía hacer nada. Con el pitazo final, los ojos llorosos por la emoción y el humo, salté por la ventana. Los festejos, los reportajes y la caravana los vi al día siguiente, en el televisor de la clínica.

Las manos

Ernesto Daniel Bollini

El día en que ganamos el mundial de Brasil 2014, me dio por mirar las manos de la gente. Sentí vértigo y algo de temor por la enormidad de lo que acabábamos de conseguir; me refugié entonces en lo pequeño. Las manos morenas subían a los ojos y secaban lágrimas con la misma firmeza con la que antes habían inventado conjuros y milagros. Nuestras manos se juntaban en lo alto de la popular, temblando. Las manos de las autoridades de la FIFA tomaban la copa y la depositaban en las manos de nuestros héroes, con destino de regreso triunfal y balcón. Pero había otras manos que, enguantadas en verde y amarillo, tapaban desesperadamente los ojos del arquero, en el vestuario, porque habían flaqueado justo sobre la hora.

Barboza

Ernesto Daniel Bollini

El día que ganamos el mundial de Brasil 2014, sobrevolaba la dulce mañana carioca el fantasma del ´50. El pueblo recordaba la final perdida a manos de los yoruguas y aquella gruesa falla del golero. Las supersticiones y las cábalas se desprendían de las manos ansiosas: persignaciones, cuernos de diablo, pases mágicos. Me acerqué al hotel desde el cual los jugadores brasileños, cautelosamente eufóricos, saldrían hacia el estadio. Cuando el guardavalla subió al micro le grité bien fuerte: “¡Barboza!” El uno me dedicó una mueca triste que se transformó en seguida en sonrisa sobradora. Pero yo sé que aquel balón último que se le escurrió entre los guantes sobre la hora fue mi obra. Por eso dije “ganamos”.

Ayuda

Ernesto Daniel Bollini

– Hola. ¿Hablo con “Escritores Anónimos”?
– Sí.
– ¿Con quién tengo el gusto de hablar?
– Lo siento, pero no puedo darle mi nombre. Somos anónimos.
– ¡Es cierto! De todos modos, llamo por una urgencia.
– Usted dirá.
– Necesito encargarle una conversación telefónica de seiscientos caracteres. Para mañana, de ser posible ¿Tiene stock?
– Dígame por favor la finalidad del texto, la institución a la que debe dirigirse y el beneficio económico que del mismo derive.
– ¿La finalidad?… Bueno, es para presentar en un concurso… mejor dicho, en un juego. Para una página llamada “Cuentos y más”. Y no tiene premios, tengo entendido, si es que a eso se refiere con “beneficio económico”.
– En ese caso, no nos interesa. Chau.

Minicuentos eróticos con un toque de humor. Parte VI

González Dorta, Virginia
Se levantó sin bragas, no pudo saber si alguien se las había quitado o había sido ella misma.

Lew, Sara
CHAPARRÓN
Llegaron empapados. Mientras secaban sus ropas en la estufa, sus cuerpos desnudos jugaban a calentarse. Y olvidaron otra vez el paraguas.

Lew, Sara
LA BECARIA
Con impasible cordura eludía sus encantos. Sin embargo, mientras desordenaba papeles ya apilados, sus pensamientos hurgaban bajo su falda.

Lew, Sara
DESENCUENTRO
“Aquí contigo” es lo que su marido, anhelante, le decía. “Allá y con otro” es lo que ella, resignada, se callaba.

Bollini, Ernesto Daniel
FOGOSOS
– ¡Jamás vi una mujer tan ardiente!… Calma… Te cogeré en cuanto pueda-, le dijo aquel bombero español a la muchacha atrapada en el incendio.

Parrilla, Ernesto
AMBIGUO
Había algo en ella que me seducía, aunque por entonces no me decidía si eran sus tetas o sus bigotes.

Parrilla, Ernesto
CONDENADO
Algunas cruces vienen desde la cuna, como el caso de los Gatiesa al bautizar a su primogénito con el nombre de Elber.

Parrilla, Ernesto
BOCHADO
Se llevó a marzo Educación Sexual. Según la profesora el oral fue bastante bueno, pero la práctica no le alcanzó.

Parrilla, Ernesto
AGUANTE
– ¿Aguantás toda la noche?
– ¡Claro rubia!
– Entonces aguántame que tengo sueño.

Parrilla, Ernesto Antonio
XXX
Siempre había querido ver con su mujer algo chancho antes de hacer el amor, pero ella no tuvo mejor idea que alquilar Babe.

Parrilla, Ernesto Antonio
METEJÓN
Coincidieron en el ascensor, se enamoraron en el trayecto e hicieron el amor en la terraza. Fueron padres bajando por las escaleras.

Parrilla, Ernesto Antonio
ADVERTIDOS
Era ninfómana. Ninguna enfermera en el geriátrico se lo creyó. Y tras su primera noche, velaron a seis ancianos.

Hurtado González, Luisa
EN EL ASILO
Todos le llamaban príncipe azul, ellas y ellos, nadie como él para sacar rentabilidad a esas benditas pastillas.

Hurtado González, Luisa
CASIMIRO
“El tamaño no importa”, se repitió una vez más, mientras extendía la mirada por las grandes tetas de la mujer que tenía delante.

Hurtado González, Luisa
OPTIMISTA
El microrrelatista creía que nadie mejor que él para sacarle partido a aquel colgajo de más bien escaso tamaño.

Puga, Fernando Andrés
ORTOGRAFÍA
Suspendido entre los paréntesis de tu cadera, acentúo tu signo de admiración. Acaso tu boca coma mi crema mientras arribamos al punto final.

Cairo, Miriam
FRAGMENTO AMOROSO DE UNA MUJER CASADA I
La sexualidad de una mujer casada, es tan lúdica, elíptica y marginal como la poesía.

Cairo, Miriam
FRAGMENTO AMOROSO DE UNA MUJER CASADA II
La mujer casada es altamente remediativa, altamente girondeana: le importa un pito.

Cairo, Miriam
SEXO DE UNA MUJER CASADA
Pequeña empresa criminal de no hacerse rica de golpe, sino de a poco, y en silencio, mientras el esposo duerme.

Cairo, Miriam
OÍDOS SALACES
Él coloca los labios en esos labios y la onomatopeya del otro corazón es todo el argumento.

Cairo, Miriam
CRIATURAS DE LAS TORMENTAS
La mujer sucia: “El hombre es polvo, del polvo viene y con el polvo se va.”

Cairo, Miriam
SIGILO
Una curiosidad mal sana me lleva a espiarme por el ojo de la cerradura.

Cairo, Miriam
IMPROMOTUS
El sexo se traduce como una tarea de latín hecha por un pésimo alumno de gramática: asociación libre.

Minicuentos eróticos con un toque de humor. Parte III

Maya, Estela
Quisieron hacer el amor apoyados en aquel roble viejo, pero se fueron por las ramas…

Maggio, Adriana Lis
Buscaba el punto g y cuando lo encontró, quiso la h y la i… En la jota ella lo editó y batieron records de venta. Tirada va, tirada viene.

Frini, Daniel
AMOR PLATÓNICO
Era militante del amor sin sexo. Hasta que debutó. Dicen que los más fanáticos son los conversos. Se confirma la regla.

Bollini, Ernesto Daniel
PLANIFICACIÓN
– Sos una bomba de sexo. Hagamos un trío- le sugerí al derramarme en ella.
– Sí- respondió, tocándose la entrepierna- Dentro de nueve meses.

Perinelli, Roberto
MI TÍA 1
Un cortocircuito dejó sin luz el dormitorio de mi tía. La auxilió un vecino, que por fortuna no sabía nada de electricidad.

Perinelli, Roberto
MI TÍA 2
Cuatro semanas atrás, un violador atacó a mi tía. Recién ayer el malhechor pudo entregarse a la policía.

Perinelli, Roberto
BAILARINA
La bailarina termina su número quitándose el sostén. Las tetas caen a la platea y aplastan al público de las primeras tres filas.

Perinelli, Roberto
GULA
Perica mostró sus senos al mudo, quien recuperó el habla y usó su voz para pedirle que se desnudara. Así hizo y el hombre quedó ciego.

Perinelli, Roberto
PRESAGIO
Haciendo el amor, ella gime citas de Lenin; él trozos del Mein Kampf. Para los vecinos esa relación carece de futuro.-

Resala, Graciela
SOLO
Como cada vez, la diminuta pastilla hizo lo suyo; pero esa noche ella faltó a la cita y él se quedó con la dureza interminable de su soledad.

Resala, Graciela
AMORES ALTOS
El hombre araña se sintió empequeñecido frente al solemne salto del tigre.

Resala, Graciela
LIMPITOS
Escuchó que él regresaba. No encontró otra excusa que disimular la huida del otro al grito de: ¡gracias Mr. Músculo!

Resala, Graciela
OFICIALISTA
Mientras la oposición no hacía más que quejarse por el aumento desmedido de la yerba, él no dejaba de subrayar cuanto tiempo libre tenían para el amor.

Cabrera, Rubén Faustino
LA TOMA DE LA BASTILLA
El Turco tomó la pastilla. Y en una hora, ella gritó, gozosa: “¡Vive la différence!”.

Cabrera, Rubén Faustino
SOLISTA
Te desnudé con la mirada, me encerré en el baño y te hice el amor hasta que mamá gritó: “¡Nene, queremos entrar!”.

Cabrera, Rubén Faustino
EL PRÍNCIPE AZUL
La princesa sabía que él había tomado la pastilla. Y le cantó dulcemente, esperanzada: “Tu amor es azul como el mar azul…”.

Cabrera, Rubén Faustino
COMPLEMENTO
“Tengo espacio para esos quince centímetros que te sobran”, dijo ella. Y él, gustoso, complementó.

Mancilla, Eduardo
PROFESOR DE ORTOGRAFÍA
Prefiero el sexo oral al escrito.

Mancilla, Eduardo
MUJER IMPOSIBLE
En su cuerpo gasto todos mis besos esta noche, presintiendo que voy a despertarme en cualquier momento.

Mancilla, Eduardo
ALZHEIMER
Grabé en mis manos, cada curva, cada intersticio, cada profundidad de su cuerpo, aunque sabía que al otro día perderían la memoria.

Desentierro

Bollini, Ernesto Daniel

¿Democracia? ¡Dos días duró! Devastadora debacle: Divisiones de dragoneantes desfilaban divisando disidentes, diezmándolos. Desolación, dolor, derrota. Dios, dócil, displicente, dejaba desparramos de desesperación. Diversos diarios decían disparates. Deambulaban duendes de desaparecidos. Duro destino de desesperanza…
Desperté diciendo: “Demonio del desentierro, dejanos dormir…”

Falta Inodoro

Bollini, Ernesto Daniel

Mendieta recorría la pradera buscando a su fiel amigo extraviado, don Inodoro Pereyra, en el triste crepúsculo. En ese instante, creyó divisar entre la hierba un movimiento que le pareció un signo. Hay momentos en que la llanura parece querer decirnos algo, pero nosotros estamos mirando a Tinelli.
– ¡Soy yo, Don Perfecto, su vecino!- dijo una voz entre los yuyos.
– ¿Y qué anda haciendo por acá?- preguntó Mendieta.
– Me parece que es obvio lo que ando haciendo. Tuve un desorden estomacal.
– Siempre dije que el único sitio para el estómago es la primera porción del aparato digestivo. ¿A qué tanto desorden?
– Este solar de pastos blanditos es muy confortable. No olvide, don Mendieta, que mi baño es una humilde letrina.
– Entonces, andamos igual, don Perfecto. A los dos nos falta Inodoro. ¡Qué lo parió!
– En ese caso, lo ayudo a buscar al amigo, Mendieta.
– Gracias, pero no se moleste. Ya lo aconseja el refrán. Al amigo no lo busques, Perfecto.