El honor de este baile

Brown, Esteban

Ella está distraída en la escena, y no deja de pensar si podrá verlo hoy, creo que esa era la única razón que encontró para venir a esta hora.
Al verla, él se le acercó directo, cambió de mano y dejó su vaso de whisky irlandés sin terminar, apoyándolo al paso sobre una mesa al azar, mientras se hace paso entre la gente, no detiene su marcha, acomoda su moño del esmoquin negro, enderezándolo y ajustándolo a la par, sigilosamente llega hasta su envés, y a poco menos de medio metro de su oído se inclina para hablarle, mientras se desliza hacia el frente por su izquierda, apoya su mano sobre su hombro y entra en su cuadro visual, allí, sonrisa mediante, comienza su proposición y la ayuda de algún ademán de lord, de tanto en tanto engalana a su propuesta.
– Una canción nos llama, ¿puedes sentir la música en el aire?
Ya casi frente a ella, aposta de rodilla al piso, y continúa:
– ¿Que no hay música, para bailar? – actúa sorprendido – , pues, que bailes ahora depende de ti.
– Yo siento la música presente y aquí estoy invitándote, ¿me harías el honor?
– Por cierto, ¿te han dicho que estás muy linda esta noche?
– Puedes tomar mi mano para levantarte, apóyate en mí y no serenes a tus pies, solo déjalos que sigan su paso, y así verás que les permitirás brillar otra vez.
La sonrisa de la abuela solo muestra la punta del iceberg, ante la proposición de su nieto menor. –Valió la pena venir hoy – pensaba sin dejar de sonreír ni de sujetar con fuerza el brazo de su nieto, con quién dejará que sus pies vuelvan a brillar, una vez más.

Eco

Brown, Esteban

Trataba de verte, así me muestro, porque te buscaba, donde al final me encontraste, si tan solo dejara de forzar que suceda, lo que casualmente se dio.
Dos historias tan iguales como la cara de una moneda, aunque tan distintas como su cruz.

Sueño de color nicotina

Brown, Esteban

Salí a fumar un cigarrillo; lo he intentado varias veces y creí que la última vez lo había logrado, pero aún no puedo dejarlo. Está frío y la noche presenta el aire cargado de lluvia en suspensión, linda noche para fumar, me dije, mientras buscaba en mis bolsillos el encendedor que parecía nunca encontrar.
Me alejo del bullicio y sigo buscando, aquí estás, exclamo contento al encontrarlo, mientras mi cigarrillo tambalea subiendo y bajando de la punta de mis labios, como si estuviera ansioso por la proximidad del encendedor y el inicio del rito.
Por fin el fuego chamusca y tuesta el seco tabaco, haciéndolo suavemente quemar; chispea al oído, mientras aspiro la mejor de las bocanadas tibia de sabor. Es una fría noche, y de tan fría que está, yo no creería que pudiera llover si quisiera. Al frío lo siento ahora en mis ojos, como si se congelaran en cada brisa mis lagrimales y quebrara la punta de mi nariz con un filoso cincel al respirar; No, no creo que llueva, pensaba, no por lo menos dentro de estos minutos que disfrutaré del peor de los hábitos que pudiera elegir. O hasta que despierte de este magnífico sueño de un ex fumador.

Vuelvo

Brown, Esteban

Vuelvo a entrar a mi cuarto, y puedo ver que todo sigue igual, está todo como lo dejé hace un rato, pensaba emocionado; quizás la imagen que devuelve el espejo de la entrada no es la misma que la de ayer, pero lo que nunca había cambiado en mí, eran las ganas de que este día volviera alguna vez, de volver el tiempo atrás.
¿No ves que no soy el único que esperaba este momento? ¿Qué importa si han pasado 20 años?
Suena mi teléfono y mi agenda anuncia una tarde bastante ocupada; Reunión con viejos amigos, están todos iguales. Los extrañé de verdad.

Devoto del dolor

Brown, Esteban

Dócil dromedario de dunas decantadas de destierro. Divulgase dádivas de despoblada desolación.
Dotado de distintiva distancia, despojado del deleite, devoto destinatario del decálogo de desiertos. Dueño del digno denuedo del desafiante. Detrás de difíciles decisiones diarias, debiste descubrirte distintos dones de dirección.
Desenvuelto de descargada doctrina, divisa donde dirige defensa del desgastado dinosaurio del desahuciado.
Dominado de desdén, dormita debilitado dentro del desesperanzador dictamen del destino. Dime dorado diamante dirigente, ¿dónde descansas del difícil destino de dolor?