Guerra doble

Dublín, Esteban

No es necesario un silencio sepulcral para escuchar con nitidez los sonidos que se tejen a las afueras de la casa. Si no es el de las balas cruzadas que incrementan el número de víctimas a cada hora, es el del llanto incesante de madres y niños que se lloran entre sí. Yo apenas me asomo para ver los vestigios del humo gris, que penetra en la casa de los vecinos por el solo hecho de su condición religiosa. Sin miedo, ellos también se han armado, dispuestos a morir con dignidad antes que abandonar sus hogares. En todo caso, lo más grave de todo es que en medio de la guerra prefiero la batalla campal que se libra afuera de la casa. Adentro, papá y mamá no hacen más que insultarse.

Dublín, Esteban

Esteban Dublín
Esteban Dublín

Nació en Bogotá, Colombia, en 1983. Profesional en publicidad, en 2008 realizó el Taller de Microliteratura en La Escuela de Escritores de Madrid. Sus microrrelatos han sido elegidos para componer antologías latinoamericanas, publicados en diferentes revistas impresas y digitales, y premiados en Chile, Argentina y España. En 2010, la editorial Adéer Lyinad publicó su libro Preludios, Interludios y Minificcciones. Representó a Colombia en el VI Congreso Internacional de Minificción de Bogotá, Colombia. Actualmente es parte del Comité Editorial de La Internacional Microcuentista (revistamicrorrelatos.blogspot.com) y publica periódicamente en su blog, Los cuentitos (estebandublin.blogspot.com).

Azul

Dublín, Esteban

El Rey Ovidio IV ha fallecido esta mañana. El parte médico informó que fue imposible encontrar un donante con su tipo de sangre.

Preludios, Interludios, Minificciones.

Azul

Dublín, Esteban

El Rey Ovidio IV ha fallecido esta mañana. El parte médico informó que fue imposible encontrar un donante con su tipo de sangre.

Preludios, Interludios, Minificciones.

Trastorno

Ilustración de Juanno

Dublín, Esteban

El pastor no lograba explicarse por qué siempre después de las noches de luna llena desaparecía una de sus ovejas y, menos aún, la razón por la que amanecía desnudo, empapado en sangre y cubierto de huesos en medio del rebaño.

Preludios, Interludios, Minificciones.

Tiempo

Dublín, Esteban

—¿Qué haces aquí? —preguntó la muerte.
—Me cansé de esperarte —respondió el anciano—. Vengo por ti.

Preludios, Interludios.Minificciones.

Mito

Dublín, Esteban

—¡Cuántas veces tengo que decirle que las sirenas no existen, niño!
—¡Pero, papá! —replicó el pequeño unicornio—. ¡Juraría que acabo de ver una!

Preludios, Interludios, Minificciones.

Guardián

Dublín, Esteban

Aunque cueste creerlo, en medio de las figuras celestiales, existe un ángel que vela porque se respete el uso correcto de las palabras. Sin duda, su trabajo es arduo y basta conocer las labores que realiza para entender por qué. El ángel no sólo debe vigilar que la gente use correctamente la palabra desde la gramática, la fonética y la ortografía, sino que debe estar pendiente de que se honre el valor moral de cada vocablo. Cuando alguien viola alguna de estas normas, el ángel marca el ‘pecado’ del mortal en el cielo y con la suma de fallas determina el futuro estado de su alma. Si alguien le echara un vistazo a las marcas del ángel, fácilmente se daría cuenta de que los publicistas están condenados al Limbo; los periodistas, al Purgatorio y los políticos, al Infierno.

Izquierda

Dublín, Esteban

¿Por qué hay tanta gente, mamá? ¿Y por eso tienen que gritar así? ¿Por qué estamos aquí en la plaza? ¿Mamá, por qué tienen así al maestro? ¿Cómo? ¿Cómo que no es un maestro? ¿Y todo lo que me enseñó que es? ¿Y por qué lo arrastran así? ¿Un qué? ¿Qué es un opositor? ¿Y el de negro quién es,

Secreto

Dublín, Esteban

Cerré la puerta sin hacer ruido y fui a acostar a los niños. Por ningún motivo podía dejar que se enteraran de qué había en el sótano. Siempre esperaba a que estuvieran lejos, sacaba el plato de lentejas y lo bajaba sigilosamente. Me aseguraba de que no entraran cerrando con doble seguro y colgándome las llaves como collar. En todo caso, a pesar de las precauciones que tomé, un día les ganó la curiosidad y me siguieron. Cuando descubrieron lo que pasaba, no tuve más remedio que dejarlos ahí con su padre.