El juicio

Fabián Roggero

La ansiedad de Romeo era un tema más grave, a Julieta, en cambio, solo le receté un clonazepam por las noches, declaró el psiquiatra.

Cuento con A

Roggero, Fabián

Américo aún alienado arriba a Andalucía. Atento, ansioso, almorzará, andará, aguardará, aunque Alicia acusó ayer ante altas autoridades al asesino.

Infierno

Roggero, Fabián

Imaginen el infierno. El mío es peor. Un lugar pequeño, una caja rectangular, piso metálico, sogas y redes por todos lados, ruido de motores, mucho ruido, oscuro, muy oscuro, noche. Un guardia sin ojos vigila, otro de nuca maneja, el copiloto, voces de radio que no se entienden, entrecortadas, precisas. Más allá, entre vientos desatados, al borde de la puerta, atado para no caerse el muy cagón, un humano como nosotros espera para hacer su trabajo. Nos agarra de las solapas, de los pelos, del forro del culo, no importa ya; nos arrastra bien hasta el borde, manotazo, las uñas que no se agarran, patadas desesperadas, inútiles, mucho ruido, el vacío, el viento desatado, la noche desde el cielo negro infinito, a mil metros de altura, ya sin vida casi, al encuentro del mar.