Inolvidable

Fabián Vique

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014 mamá, papá y Bertita chocaron contra un camión de Coca Cola y murieron en el acto. Los enterramos sin velatorio y fuimos al obelisco a festejar.

Micros al Oeste. Jornada de Microficción

El sábado 27 de octubre, a las 18:30 hs., se llevará a cabo la II Jornada de Microficción “Micros al Oeste”, en la Biblioteca Municipal de Morón “Domingo Faustino Sarmiento”, Brown 763.

Leerán los escritores:
Giselle Aronson
Martín Gardella
Alexandra Jamieson Barreiro
Luis Lhooner
Gilda Manso
Ana Ojeda
Martín Palacio Gamboa
Juan José Panno
Juan Romagnoli
Fabián Vique

Entrada libre y gratuita

Libertad es un sustantivo abstracto

Vique, Fabián

“¿Qué es la libertad?”, preguntó el Coronel. “No sé”, dijo el soldado. “Mátenlo”, dijo el Coronel.

“¿Qué es la libertad?”, preguntó el Coronel. “Una porción de pizza”, dijo el soldado. “Mátenlo”, dijo el coronel.

“¿Qué es la libertad?”, preguntó el Coronel. “Que un te toque librar un domingo”, dijo el soldado. “Mátenlo”, dijo el Coronel.

“¿Qué es la libertad?”, preguntó el Coronel. Nadie contestó.

“¿Qué pasa que nadie contesta?, preguntó el Coronel. “Ya no hay soldados”, dijo una voz. “Entonces mátenme”, dijo el Coronel.

Y lo mataron.

Vique, Fabián

Fabián Vique
Fabián Vique

Los primeros pasos

1. Empecé el Profesorado de Lengua y Literatura porque me gustaba leer. El deseo de escribir surgió después, cuando descubrí la microficción. Una de mis profesoras nos inició en este género y nos incentivaba permanentemente a redactar microrrelatos. Paralelamente, conocí la revista Puro Cuento y me convertí en un asiduo lector y participante de los concursos que organizaba. Haber obtenido el primer premio la segunda vez que envié mis relatos hizo, de hecho, que pudiera creer en la honestidad y efectividad de los certámenes literarios. De todos modos, escribir no era una tarea que tomara demasiado en serio, pero al cabo de un tiempo acumulé varios textos y se me ocurrió publicarlos en una colección de minilibros que denominé: Minicuentos.

En 100 palabras

2. Una vez recibido empecé a dar clases en escuelas del partido de Morón, en donde vivía. En 2000, Laura, mi ex esposa, tramitó becas para profesores en España, y, contra mis pronósticos, las ganamos. El programa tenía una duración de seis meses, pero cuando terminó quise realizar un curso de doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid. Ya no había beca, así que busqué fuentes de ingreso alternativas. Fue entonces cuando me topé con un concurso de microrrelatos de 100 palabras. La idea me gustó tanto que me propuse redactar 100 micros de 100 palabras. Ni gané el concurso, ni llegué a los 100 micros, pero reuní 25 en una edición artesanal que titulé Con las palabras Contadas, y salí a venderlas al Parque del Retiro, donde un amigo se ganaba la vida cantando y tocando la guitarra. Me quedaba charlando con los que iban a pasar la tarde y vendía mis libros. Así sobreviví mientras avanzaba en la carrera, hasta que decidí abandonar el “hippismo”.

¿Traducir microrrelatos?

3. En 2003 surgió la posibilidad de trabajar como lector de español en la Universidad de Kragujevac y profesor colaborador en el Instituto Cervantes de Belgrado, Serbia. Fui por un año pero me quedé cuatro. En una ocasión les propuse a los alumnos armar y traducir una antología de microrrelatos. Resultó un ejercicio arduo pero muy enriquecedor, porque había que abordar el sentido literal y profundo de los textos para encontrar las correspondencias más adecuadas, igual que en la poesía.

Quimeras de la vida

4. Aunque el Instituto estaba dispuesto a financiar la publicación, no pudimos conseguir la autorización de todos los escritores, y el proyecto quedó trunco. Pero una tarde el director, que había leído unas micros mías en la revista Quimera, me preguntó si tenía más. Se las llevé, le gustaron y a partir de ese momento empecé a trabajar en la edición bilingüe de mi tercer libro La vida misma y otras microficciones, junto con Silvia Monros-Stojakovic, una serbia que había vivido la mitad de su vida en Buenos Aires, y había sido amiga y traductora de Julio Cortázar. Después, la Universidad de Kragujevac publicó igualmente la antología Amantes, dinosaurios y fantasmas, que salió también en edición bilingüe, en este caso con los textos en serbio, en alfabeto cirílico.

La vuelta al pago

5. Aunque me gustaba el trabajo, con el tiempo sentí que estaba perdiendo el contacto con la lengua literaria. Yo hablaba en español con mis alumnos y colegas, pero el contacto con el lenguaje que se requiere para escribir era insuficiente. En aquel período escribí poco y casi todas las historias ocurrían en Argentina. El lugar en el que uno vive sin duda influye en la manera de componer, pero yo no había incorporado el idioma serbio. Quizá se me aparecían personajes o escenarios locales, pero las voces y los acentos eran siempre de la lengua materna. Así que volví, retomé las clases en la ciudad de Morón, y fundé mi propia editorial: Macedonia Ediciones.

El sueño de la mariposa

6. Lanzar la editorial fue una aventura audaz y temeraria. Cuando volví a Buenos Aires me propuse comenzar un emprendimiento propio y editar libros que fueran lindos para mí, para los amigos que andaban publicando por ahí, y para los demás lectores y escritores que hacemos ediciones de tirada baja. Como siempre me consideré un macedoniano acérrimo, se me ocurrió que podía homenajear al escritor utilizando su nombre. En 2007 publiqué Variaciones sobre el sueño de Chuang Tzu, en rigor una miscelánea de textos, no todos eran microrrelatos. Muchos los había difundido ya a través de mi blog: www.delasavesquevuelan.blogspot.com y otros los había escrito para leer en un ciclo de poesía, El precio, donde tenía una columna de microficción.

Un crecimiento desparejo

7. Hay una clara disparidad en el desarrollo del género en los distintos países. En Serbia, por ejemplo, casi no encontré microficcionistas. No hay un movimiento como el que existe en muchos países de Latinoamérica. En España hay revistas y páginas webs que son muy seguidas, y se hacen concursos y se publican minicuentos a mansalva. Varios escritores reconocidos en otros géneros han publicado microficciones y eso le dio mayor visibilidad y entidad al género.

La microficción en las aulas

8. En mis clases también recurro mucho a la microficción, aunque no es tan fácil de enseñar como puede parecer. Es un género tan elíptico que requiere de un lector con cierto bagaje literario para poder captarlo. No obstante, una vez incorporadas algunas técnicas, resulta muy útil para motivar la producción textual, porque a los chicos no les gusta escribir textos largos. Por otra parte, es una herramienta que permite abrir las puertas a la literatura.

De la escritura a la oralidad

9. En Buenos Aires hay muchísimos encuentros de poesía y cuentacuentos que sostienen la tradición oral de la literatura. Pero que yo sepa no hay ciclos de microficción. Aunque se leen minicuentos en los congresos, al que no le interesa la teoría tiene que fumarse horas de ponencias entre uno y otro (con el respeto y el amor que les tengo a mis amigos teóricos). Por eso el año pasado nos propusimos con Sandra Bianchi recuperar este carácter oral tan a tono con el género, y fundamos la Orden de la Brillante Brevedad. Hicimos un encuentro en Haedo, otro en Buenos Aires y un tercero en Mendoza. Y seguiremos.

Cuentos soñados

10. Se me han venido a la mente microficciones durante viajes en trenes o colectivos. También cuando salía del cine. Muchas veces, apenas me ponía a leer libros, a la primera hoja de una novela de 800 páginas se me ocurrían 800 posibles minicuentos y ya no podía seguir adelante. Era una tortura: así fui perdiendo mi erudición novelística. Pero la gran mayoría de mis textos son mañaneros, escritos apenas me despierto. Mi inconsciente es el creador, porque son cuentos soñados. Y creo que mis sueños van perfeccionando su formato literario: no imagino una historia para contar, imagino un texto literario armado. Mis manos sólo tienen después que ejecutarlo. Vienen hasta con el género puesto, son microficciones o poemas, o híbridos que pueden ser una cosa u otra según como se los lea.

Libros de microficciones

11. La vida misma y otras microficciones, que reedité en 2010, reúne textos que fui escribiendo a lo largo de los años y sinceramente fue difícil encontrar un criterio que permitiera agruparlos a todos. Son pocos los libros de microrrelatos que fueron pensados desde el inicio como una totalidad, y, a decir verdad, me produce algo de claustrofobia ese tipo de estructuras. Además, es divertido jugar con las posibles clasificaciones y muy gratificante dar con un modo de organización válido pero flexible. En este caso, lo central en la primera sección es la anécdota, en la segunda los personajes y en la tercera los planteos “filosóficos” o argumentales.

El escritor ideal

12. El cuento que le da nombre al libro juega con la antítesis ficción-realidad. Es sobre un niño que construye un mundo de fantasías mientras juega a la play station y es devuelto a la realidad por un cachetazo de su madre. Creo que es también una metáfora de la literatura y una burla a los escritores, y a mí mismo. El libro tiene varias referencias metaficcionales, pero todas tienden a romper con el mito del escritor con mayúsculas. Mi modelo es el escritor laburante, como Roberto Arlt, que depende de los lectores para que lo sigan publicando en el diario, o inseguro como Marco Denevi, que durante una entrega de premios teme no saber qué responder cuando le pregunten por su estilo. Afortunadamente, esto de poner a la literatura en un altar se ve mucho menos entre los microficcionistas.

Fabián Vique

Es profesor de Lengua y Literatura, editor y escritor. Nació en Buenos Aires el 24 de junio de 1966, pero ejerció su profesión también en España y Serbia.

Creador del blog www.delasavesquevuelan.blogspot.com y coordinador de ciclos literarios, en 2007 fundó su propia editorial: Macedonia Ediciones.

Es autor de la colección de minilibros Minicuentos (1997), Con las palabras contadas (2003), La vida misma y otras microficciones (Instituto Cervantes, 2007/ 2da ed. Macedonia, 2010), La tierra de los desorientados (Macedonia, 2008), y Variaciones sobre el sueño de Chuang Tzu (Macedonia, 2009).

Cuentos y poemas suyos aparecen también en diversas revistas y antologías, como Escritos disconformes, nuevos modelos de lectura (Universidad de Salamanca, 2004), De mil amores (Thule, 2005), Mil y un cuentos de una línea (Thule, 2007), La pluma y el bisturí (Catálogos, 2008) y Por favor sea breve 2 (Páginas de Espuma, 2009).

A lo largo de su carrera obtuvo varias distinciones, entre ellas el Primer Premio en el XIV Concurso de Cuentos Breves de la revista Puro Cuento (1992), en la categoría Literatura de la Tercera Bienal de Arte Joven de la Ciudad de Buenos Aires (1993), y en el XII Concurso de Cuentos de la Universidad Autónoma de Madrid (2003).

La vida misma

Vique, Fabián

Después de doblegar ejércitos, someter países, fusilar insurrectos y repartir botines, el niño apaga la Play Station y acude al llamado.

Sobre la mesa se enfría la leche que una vaca fabricó, un tambero ordeñó, un camionero transportó, una empresa pasteurizó y homogeneizó, un almacenero vendió y su madre calentó, endulzó y enchocolató.

– ¡No quiero leche, quiero whisky!- grita el niño.

La madre le da vuelta la cara de un cachetazo y el niño bebe sin chistar.

La vida misma. Macedonia Ediciones.

El prosista irreprochable

Vique, Fabián

Nunca puso un adjetivo de más. No cayó en el psicologismo ni en el panfleto.

No cultivó la literatura pasatista pero tampoco militó en el experimentalismo.

No fue solemne ni cursi ni pretencioso ni meramente sarcástico. Jamás escribió una línea.

La vida misma. Macedonia Ediciones.

Una realidad

Vique, Fabián

Me desperté a las tres de la madrugada, sobresaltado, bañado en sangre, con un puñal clavado en el medio del pecho.

“Menos mal”, me dije, “era solo una realidad”, y seguí durmiendo.

La vida misma. Macedonia Ediciones.

Fidelidad

Vique, Fabián

Soy fiel. Soy fiel a mi deseo, a mis impulsos, a mi instinto, a mi apasionamiento, a mi tendencia a enamorarme de cada mujer que conozco. No soy fiel.

La vida misma. Macedonia Ediciones.