Grafitti

Tuchin, Florencia

Me detuve, impactado, en la esquina de Álvarez Thomas y Virrey Avilés. Una mujer cautivante con ojos que hablaban por sí mismos, se tapaba la boca con un pañuelo, como si reprimiera algo. Ella era una belleza, joven, pero marcada por la experiencia y el sufrimiento. Sonó mi celular, mi mujer llamaba desde la realidad concreta: No llegaba a buscar a los chicos al colegio.
Durante la semana siguiente no pude desprenderme de la imagen de la chica. En casa, en el trabajo, todos me notaban distraído.
Volví al lugar donde la había visto. Sólo encontré desilusión. Donde antes estaba ella, ahora se leía: “Cuidado pintura fresca”.