Gracias a la vida, gracias a la vida

Francisco Javier Velázquez Muñiz

Cuando contemplaba el hilo ondulado que se desprendía del humo de su cigarro dio con la frase que buscaban sus pensamientos y escribió “Gracias a la vida que me ha dado tanto”.
Después, cuando recordó que la semilla tiene que morir para que nazca el árbol creyó que esa imagen que pensaba podría ser la metáfora perdida que había encontrado sin buscar.
Sólo entonces escribió: “Gracias a la vida, gracias a la vida”.
Y así, el poema, hecho con dichas y quebrantos, se convirtió en el canto de ustedes y de todos. El mismo canto.