Fútbol: sin receta, pero con chamuyo

Benitez, Gonzalo

Iban 5 minutos del segundo tiempo, cuando el ayudante de campo lo mandó a calentar. Un rato después, harto de correr, miraba más al director técnico que a sus compañeros de equipo jugar. Era su primera vez en el banco de suplentes, le costaba manejar la ansiedad, y cada mueca de su entrenador lo ilusionaba con ser llamado para ingresar.

Faltando solamente el tiempo añadido por el árbitro, lo vinieron a buscar. Su metro noventa pesó mucho en la decisión, ya que en un hipotético córner en contra ayudaba su altura. El entrenador se acercó y le dijo que ingresaba por el número 18, para jugar al lado del volante central, reforzando la marca en la mitad de la cancha.

El joven debutante, que moviendo su cabeza había aceptado los dichos del DT, se dejó llevar por los impulsos. Entró y rápidamente se alejó del mediocampo, donde debía jugar, para asociarse con los delanteros. Así, su equipo consiguió generar un tiro libre sobre un costado.

El capitán, derecho de nacimiento, acomodó la pelota, luego levantó su mano izquierda, y por último, sorpresivamente, efectuó un disparo a ras del suelo. El balón pasó por debajo de la barrera, que había saltado, pegó en el poste y quedó boyando. Allí, apareció el grandote volante, que recién había entrado, para con su juventud puntear la pelota y mandarla al fondo de la red.

Acto seguido, hubo festejo, revoleo de camiseta y llanto. A su vez, el árbitro dio por finalizado el partido. Sin embargo, lo más curioso sucedió en la rueda de prensa, cuando el entrenador declaró que todo había salido tal cual como lo planearon desde el banco. “Sabía que este chico nos podía cambiar la suerte. No por su altura, sino por su técnica. Le pedí que toque con los delanteros, y que en las pelotas paradas vaya al rebote, porque si buscaba de cabeza lo iban a marcar”, explicó el DT.