Violeta negra

Graciela Resala

Gracias a la vida, la misma fecha para ellas.
Un 4 de octubre despertó violeta. Otro, se cubrió de negro.
Risa y llanto. Los dos materiales que forman el canto.
El canto de ellas que es el mismo canto
El canto de ellas que es nuestro propio canto.

Minicuentos eróticos con un toque de humor. Parte III

Maya, Estela
Quisieron hacer el amor apoyados en aquel roble viejo, pero se fueron por las ramas…

Maggio, Adriana Lis
Buscaba el punto g y cuando lo encontró, quiso la h y la i… En la jota ella lo editó y batieron records de venta. Tirada va, tirada viene.

Frini, Daniel
AMOR PLATÓNICO
Era militante del amor sin sexo. Hasta que debutó. Dicen que los más fanáticos son los conversos. Se confirma la regla.

Bollini, Ernesto Daniel
PLANIFICACIÓN
– Sos una bomba de sexo. Hagamos un trío- le sugerí al derramarme en ella.
– Sí- respondió, tocándose la entrepierna- Dentro de nueve meses.

Perinelli, Roberto
MI TÍA 1
Un cortocircuito dejó sin luz el dormitorio de mi tía. La auxilió un vecino, que por fortuna no sabía nada de electricidad.

Perinelli, Roberto
MI TÍA 2
Cuatro semanas atrás, un violador atacó a mi tía. Recién ayer el malhechor pudo entregarse a la policía.

Perinelli, Roberto
BAILARINA
La bailarina termina su número quitándose el sostén. Las tetas caen a la platea y aplastan al público de las primeras tres filas.

Perinelli, Roberto
GULA
Perica mostró sus senos al mudo, quien recuperó el habla y usó su voz para pedirle que se desnudara. Así hizo y el hombre quedó ciego.

Perinelli, Roberto
PRESAGIO
Haciendo el amor, ella gime citas de Lenin; él trozos del Mein Kampf. Para los vecinos esa relación carece de futuro.-

Resala, Graciela
SOLO
Como cada vez, la diminuta pastilla hizo lo suyo; pero esa noche ella faltó a la cita y él se quedó con la dureza interminable de su soledad.

Resala, Graciela
AMORES ALTOS
El hombre araña se sintió empequeñecido frente al solemne salto del tigre.

Resala, Graciela
LIMPITOS
Escuchó que él regresaba. No encontró otra excusa que disimular la huida del otro al grito de: ¡gracias Mr. Músculo!

Resala, Graciela
OFICIALISTA
Mientras la oposición no hacía más que quejarse por el aumento desmedido de la yerba, él no dejaba de subrayar cuanto tiempo libre tenían para el amor.

Cabrera, Rubén Faustino
LA TOMA DE LA BASTILLA
El Turco tomó la pastilla. Y en una hora, ella gritó, gozosa: “¡Vive la différence!”.

Cabrera, Rubén Faustino
SOLISTA
Te desnudé con la mirada, me encerré en el baño y te hice el amor hasta que mamá gritó: “¡Nene, queremos entrar!”.

Cabrera, Rubén Faustino
EL PRÍNCIPE AZUL
La princesa sabía que él había tomado la pastilla. Y le cantó dulcemente, esperanzada: “Tu amor es azul como el mar azul…”.

Cabrera, Rubén Faustino
COMPLEMENTO
“Tengo espacio para esos quince centímetros que te sobran”, dijo ella. Y él, gustoso, complementó.

Mancilla, Eduardo
PROFESOR DE ORTOGRAFÍA
Prefiero el sexo oral al escrito.

Mancilla, Eduardo
MUJER IMPOSIBLE
En su cuerpo gasto todos mis besos esta noche, presintiendo que voy a despertarme en cualquier momento.

Mancilla, Eduardo
ALZHEIMER
Grabé en mis manos, cada curva, cada intersticio, cada profundidad de su cuerpo, aunque sabía que al otro día perderían la memoria.

Por siempre

Resala, Graciela

Ese día el Negro estaba tan aturdido que deambulaba por todos lados buscando algo sin saber qué; repentinamente se topó con la puerta. Dudó y prefirió mirar por la cerradura.

Vio como Tato se acomodaba la peluca mientras ensayaba su “ vermut con papas fritas y good show!”; al lado, de la mesa del rosarino, se escapaba la Eulogia para escuchar al Flaco cantando  ‘muchacha ojos de papel” y más atrás un coro ensayaba entusiasmado una canción que le resultaba familiar. No dudó más y entró. Hugo, el anfitrión de ese día, lo estrujó contra su cuerpo mientras el coro entonaba, una vez más, el estribillo “Te veo bien, estás siempre buscando. Te veo bien, vivito, vivito y coleando”.

Para Juan

Resala, Graciela

Armar su biblioteca le llevó muchos años en los que exhibió una paciencia irritante.
Llegó a tener unos dos mil ejemplares, todos eran libros usados. Recorrió kilómetros, de geografías variadas y extravagantes, en busca de cada ejemplar. Novela, poesía, ensayo, entrevista, cuento; el género no era lo importante. En realidad, no los leyó nunca, jamás pasó de la primera hoja. Su interés eran las dedicatorias y buscó todas. A mi querido hijo Juan; A mi amigo Juan; A Juan, el amor de mi vida; Para vos, Juan.

Políglota

Resala, Graciela

Atormentada por la imposibilidad de encontrar el idioma con el que construir sus sueños, se especializó en el sueño mudo.

Procastinación

Resala, Graciela

Sólo conocía de gratificaciones en las demoras.
Cuando la muerte lo abrazó, sintió un inmenso alivio; había llegado a su fin ese éxtasis doloroso de una vida familiarizada con la parálisis del acto.

Alfonsina

Resala, Graciela

Quienes lo recuerdan dicen que, durante años, se lo vio sentado en el mismo lugar. Que permanecía allí, durante horas, como esperando, con la mirada fija, cada una de las olas que devolvía el mar. También cuentan que, una mañana, lo observaron recoger de la orilla y guardar en su morral, un diminuto poema escrito con letras de espuma y sal. Después, no volvieron a verlo.