Sin título

Jorge Cappa

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014 supe que, a pesar de todo, nunca podría llegar a ser como él. Me abrazaron, me llevaron en hombros y me hicieron mil fotos con la copa. Yo sonreía y besaba la medalla. Pero no, no era feliz. Al fin en el vestuario, sentado en un rincón, miré al Pipo y, en voz baja, me enfrenté a la verdad: “Qué burro, viejo. No ví nada. Cerré los ojos, le pegué a lo que saliera y pasó por abajo del arquero. Tuve suerte. Tenía que haber amagado, gambetearle hacia mi derecha y definir suave, con el arco vacío. Era fácil. Es lo que habría hecho Diego”.

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Jorge Cappa

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014, fui yo quien durmió con la copa. Acurrucado a su lado, aquella noche soñamos juntos con cada jugada, con cada pase y con cada gol. Incluso con la vuelta que dimos todos en Maracaná, mientras yo la sostenía en mis brazos. Al despertar, retiré la sábana despacio y sonreí al ver que seguía ahí. Parecía aún más brillante. Me levanté, entré en el baño y abrí el grifo. Al mirarme en el espejo, quieto y en voz alta, me pregunté: “¿Y ahora?”.

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Jorge Cappa

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014, apenas fue el comienzo de todo. Antes, durante un mes entero, vivimos algo inolvidable. Jugamos, luchamos, sufrimos e incluso disfrutamos. Nos abrazamos, gritamos y esa tarde, al fin, lloramos. Mucho. Cuatro horas después de haber levantado la copa, mi cabeza aún seguía celebrando el gol decisivo. El mío. Y continuó siendo así, hasta que el sueño me encontró. A la mañana siguiente, pasadas las 7:17, volvió a salir el sol. Decidido y rotundo, me pareció más radiante que nunca.