La aventura que no fue

Jorge Carmi

Era un lisiado veinticuatro horas al día. Estaba atado a la rutina como el burro que gira en torno al pozo. Cada paso calcado del otro, cada vuelta calcada de la otra. Así eran mis días, opacos y sin posibilidad de cambio. Hasta que mi desesperación me iluminó. Escribiría cuentos. Me senté ante la página en blanco. Siguió blanca y yo retorcido en agobio y frustración. Volví a mi vida plana, árida; la frustración que llevo sobre mis hombros es como la piedra que amenaza a Tántalo, un día pondrá fin a mi rutina, sumergiéndome en la Nada, una rutina infinita.

Hoy día…

Jorge Carmi

No me abrí a la calle vocinglera. No hablé… No leí… No hice gimnasia… No escribí… No discutí… No lloré. No hice el amor. Fue un no día.

De lo sublime a lo ridículo hay un paso

Jorge Carmi

-Imagina que estás en la privacidad de tu recámara de cortinas discretas y cómplices y que yo te susurro “Amada dulce amor…”
-Me embelesa tu poético hablar.
-Arma ahora la imagen en que yo, en sensualidad desatada me inclino y con mi bigote rizado rozo tu adorable triángulo virginal; estampo un beso caliente que será el inicio de la cadena fragorosa de delicias sucesivas que nos conducirán a estadios de sensualidad inéditos.
– Repugnante, asqueroso, sucio depravado”