Los buenos deseos

Epple, Juan Armando

Al terminar la cena, la familia y los invitados se reunieron en el salón para esperar el año nuevo. Apúrate mamá, le gritaron. Ella se unió al grupo secándose el delantal. Comprobó que en una mesita de centro había un plato de lentejas y una fuente de uvas. Y cerca de la puerta, una maleta.
Cuando el ídolo televisivo empezó a contar hasta doce, algunos eligieron el ritual de las doce uvas y otros una cucharada de lentejas. Ella se acercó a la puerta y cogió la maleta. ¡La mamá desea un viaje – exclamó el hijo mayor – va a dar una vuelta por la manzana! Con la algazara de los abrazos no se dieron cuenta que ella se alejaba por la calle, con pasos decididos, sin mirar hacia atrás. De esto hace ya varios años.

El cuento en red Nº1

El cuento en red, México, nº 01, primavera 2000.

Brasca, Raúl. Los mecanismos de la brevedad: constantes y tendencias en el microcuento.

Epple, Juan Armando. Novela fragmentada y micro-relato.

Koch, Dolores. Retorno al micro-relato: algunas consideraciones.

Zavala, Lauro. Seis problemas para la minificción, un género del tercer milenio: Brevedad, Diversidad, Complicidad, Fractalidad, Fugacidad, Virtualidad.

Epple, Juan Armando. Violeta Rojo: Breve manual para reconocer minicuentos.

Sobre sueños no hay nada escrito

Epple, Juan Armando

Despertó sobresaltado por la pesadilla: el Monstruo lo perseguía rojo de odio y estaba a punto de saltarle por la espalda. Se irguió un momento, miró a su alrededor y tornó a dormirse, tranquilizado por la familiaridad del entorno oscuro de su cuarto.

Era lo que esperaba el Monstruo para avanzar, esta vez en forma definitiva. Siempre se había sentido orgulloso de su disfraz de sombra.

Revista El Cuento, Nro 67, 1974.

Para mirarte mejor

Epple, Juan Armando

Aunque te aceche con las mismas ansias, rondando siempre tu esquina, hoy no podríamos reconocernos como antes. Tú ya no usas esa capita roja que causaba revuelos cuando pasabas por la feria del Parque Forestal, hojeando libros o admirando cuadros, y yo no me atrevo ni a sonreírte, con esta boca desdentada.