Desafortunado en el juego…

Leandro Surce

No plenamente seguro coloqué la última ficha que me quedaba sobre el número 21. Hacía un rato largo que esta no era mi noche. Inicialmente la ruleta giraba mucho más despacio que la bolita. Mi cabeza también giraba, se estremecía repasando las posibilidades que respondían o a lo muy bueno o a lo muy malo. Un potente “No va más” retrajo en el acto los inquietos tentáculos de los jugadores. Finalmente, a fuerza de cierto suspenso, la bolita se estacionó en el cero suscitando en torno a la mesa un malestar generalizado. Quedé como pasmado, lo había perdido todo. Estaba listo para ser amado.