Alumbramiento

Sarinski, Lilian

Con cada puntada en la urdimbre de la tela blanca, las contracciones en su vientre ya tenían el ritmo sostenido y regular. Cubrió su cabeza y salió. Llegó a la plaza y en ronda, parió con valentía y dolor a su hijo.

El cepo

Sarinski, Lilian

Le robas el sabor, el calor-arbitrariamente, minuciosamente- de la húmeda piel que se entrega por… ¿última vez?
La oscura oquedad de la razón o la sinrazón no tiene participación alguna. Instinto de gorrión dijiste alguna vez. Libre, de vuelo bajo y solitario que se detiene en algún rincón de esta ciudad de pasos apresurados sólo para mirar desde otra perspectiva las soledades acompañadas, el todo y la nada.
-¿Qué misterios se impregnaron en tu cuerpo sin edad para morir y renacer adentro mío?
Los mil y un intentos fueron vanos. No puedes escapar. No quieres escapar. Porque sabes que te aparta y te atrapa una vez más.

Tinta negra

Sarinski, Lilian

– ¡Qué lo parió!
– ¿Qué le pasa Mendieta?
– Es de no creer, vea…
– Cuente.
– Eso me pasa por espión.
– ¿Qué? Dígalo de una vez, quiere.
– Mi creador. La metamorfosis.
– Cada vez le entiendo menos.
– La tinta de sus dibujos.
– ¡¿Qué?!
– Se le adentró.
– Está alucinando Mendieta.
– Vio que le dije que no me iba a creer.
– Ver para creer ¿no?
– Y usted lo va a ver. Ahora lo van a llamar “El Negro”… y después no diga que no le avisé.