Consejo

Lilix

-¿Qué hace ahí arriba Clemente?
-Miro pasar el tiempo…busco qué hacer ahora que estoy desocupado.
-Yo ya pase por eso, si quiere le doy un consejo.
-Lo escucho.
-Bueno, lo que usted siente ahora es soledad, la cura para eso es subirse a los recuerdos. Ellos van y vienen, a veces se ocultan, pero un aroma, un color o la nostalgia los regresa. Y cuando eso pasa uno vuelve a sentirse vivo…
-¿Y a dónde hay que subirlos? ¿Hay que sacar pasaje?
-Ellos llegan cuando cerramos los ojos, todo lo demás viene solo.
-Tomaré su consejo Mendieta.

“Vivitos y coleando”

Lilix

“Vivitos” y “Coleando”, dos delincuentes de poca monta. Terminaron con sus huesos en la inmunda alcantarilla donde se ocultaron después de fugarse de la cárcel. De poco cerebro y llenos de ambiciones mal sanas, creyeron encontrar entre las aguas podridas, su lugar. Las viciadas aguas los envenenaron, tomaron sus cuerpos y los debilitaron hasta dejarlos sin movilidad, las ratas hicieron el resto. La policía los encontró cuando solo eran restos descompuestos.
Una pregunta quedó flotando cuando todos se marchaban:
-¿Porque les habrán puesto ese apodo?

Despedida

Lilix

-Llegamos Clemente, ya puede volver.
-Yo me quiero quedar.
-No mi amigo este no es lugar para usted, es para los que dejamos suelo terrenal. Usted tiene su espacio en la página del diario como siempre.
-¿Y quién me dibujará ahora?
-Nadie, pero si se queda conmigo pronto será olvido.
-¿Y entonces que será de mi?
-Usted es de toda la gente que por años disfruto de sus andanzas. Ahora serán quienes se encarguen de cuidarlo. Tendrá cientos de padres adoptivos. Mire ahí vienen por mí, hora de su regreso…

Olvido

Musso, Liliana

Cuando la muerte vino por ella, no la dejo entrar. Nunca fue más aborrecida la inmortalidad…

Rostros

Musso, Liliana

Detrás de ellos se escondía la muerte, los rostros de todas sus víctimas. Él los veía, fue su verdugo y la sangre derramada clamaba justicia. Se instalaron para jamás marcharse. Aún cuando encerrado por loco clamaba auxilio nadie lo atendió. Los rostros lo consumieron, le robaron las lunas y soles. Cuando por fin exhaló el último aliento ellos vinieron para llevarlo, compartiría la misma oscuridad a la cual los había condenado…

Pregunta

Musso, Liliana

– ¿Qué son los desaparecidos?-, preguntó la niña.
La abuela corrigió:
– ¿Quiénes son?-, y continuó-. Los desaparecidos fueron personas como vos y yo.
– ¿Y por qué se llaman desaparecidos?
– Porque alguien les arrebató sus vidas y se llevó sus cuerpos para que nadie los encontrara. Pero tú niña mía los has traído de regreso.
– ¿Cómo?
– Con tu pregunta y mis recuerdos ellos vuelven a existir…

Balas

Musso, Liliana

Cada mañana al llegar al cuartel se despojaba de su humanidad, aceleraba el paso hasta llegar a las celdas, donde ciento de rostros lo miraban con miedo. Su actitud fría, despojada de misericordia, era la peor de las torturas. Elegía al azar y comenzaba su tarea. La ruleta rusa rondaba la víctima, la bala buscaba víctima.
Al finalizar la jornada los cuerpos y las capsulas yacían juntos esperando por quien los recogiera. El verdugo contaba las balas del día siguiente y luego se marchaba.
En las celdas el espacio se agrandaba…

Ojos

Musso, Liliana

Los ojos fueron su último recuerdo. La ira y la violencia que le trasmitieron la dejaron sin habla, sin sus padres y un hermano al llegar. Creció en silencio rodeada de angustia y perdida.
Año después la justicia la puso frente a muchos ojos, ella reconoció al saqueador y la lengua fue suya otra vez.
Pero esos ojos estaban en blanco, como si nada supieran del horror ni de la culpa.
Decidió que su vos pelearía por la memoria enterrada y el mundo sabría de su malograda infancia…

Sepulturero

Musso, Liliana

Todos los días la misma rutina: caminar entre las cruces como fiel guardián. El cementerio era su casa y los muertos su familia. Por algunos tenía más afecto, huérfanos de nombre, caídos en tierra sagrada como estrellas fugaces.
Ni lágrimas ni flores, NN así los anotaron. El sepulturero los adopto y veló su descanso. Mucho después vinieron las excavadoras y los exhumaron. Alcanzaron por fin sus lápidas con nombres propios.
Ahora, para darles el “hasta mañana” mira al cielo, donde han vuelto a brillar con luz eterna.

Beso de película

Musso, Liliana

Fue hasta la habitación, abrió la puerta y vio el cuadro. Sus ojos se empañaron y no necesito hacer preguntas.
Ella acostada en el sillón esperaba ansiosa. La verdad no se podía ocultar por más tiempo.
Se acercó despacio, sus miradas se cruzaron y todo el amor que ambos sentían se liberó. Una caricia, un susurro, lágrimas y risas.
Atrás quedaba una promesa inconclusa, el destino llegó tarde a la cita y ellos no se encontraron.
El beso duró la eternidad prometida, afuera nevaba otra vez…

(Aclaración: Esta es la imagen final de la película Algo para recordar, protagonizada por Deborah Kerr y Cary Grant en el año 1957)