L o que se hereda no se hurta

Savoia, Liliana

En la escuela los profesores me repetían sin variar: “De ahí salió la salvación del desierto” ¡buen negocio hicieron esos hijos de p…!”
Ahora entiendo de dónde me viene lo mal hablado. Mi abuela paterna decía: “lo que se hereda no se hurta”, nena.
Maldiciones aparte “El re tatarabuelo de Martínez de Hoz les ofreció 1500 caballos al Ejército argentino y todo objeto bélico que requiriera (al entonces presidente Roca) para desalojar para siempre a los ‘salvajes’ hasta más allá del Río Negro”. Me pregunto ¿Será por el refrán que no tienen ni tendrán remordimientos, los hijos, nietos y futuros engendros de esta “noble” familia de hijos de p…?

Bastones blancos

Savoia, Liliana

La noche llegó acompañada de un batón blanco. La mano se crispa sobre él, Marité percibe que será la única vez que sintió que veía, porque la maldad la ve hasta un ciego.
El Tucu vivía a escasos metros de la sodería donde la secuestró, la había saludado ciento de veces cuando se paseaba con su marido y su hijito adelante, como si fuera un diminuto lazarillo.
A Marité la encontrarán años después, junto a los restos de ocho personas enterradas en una fosa común, en Campo San Pedro. Su cráneo tendrá heridas de balas. El predio la vio irse a su viaje de muerte.

La toalla

Savoia, Liliana

Estaba descalza cuando la bajaron del auto. La cabeza cubierta con una remera del marido. Pudo sentir el pasto húmedo en sus pies y una patadita desde su abultado vientre, estaba embarazada de ocho meses.
—Teniente tengo que ir al baño. Me siento mal, se lo juro.
— ¿Qué pasa maricona?
— Creo que llegó la hora.
Desde el baño un llanto quebró el silencio del predio.
–Mirá que desastre hiciste, aquí tenés una toalla. Vamos, el Puma cortó una sábana.
Alicia pasó siete días y seis noches con su hijo. Al séptimo el Teniente entró con una mantilla blanca que cambió por la toalla y se lo llevó.

Reconocimiento

Savoia, Liliana

Tengo la campera de nylon envuelta alrededor de la cabeza. Están como locos. Esta vez se la juegan que lo chupan. Quieren al Julio a toda costa. Dicen que dónde está, pero ni idea tengo. Atrás de la citroneta vienen tres autos, sé que está toda la patota jerárquica del predio a bordo.
Vamos por una Avenida. Las frenadas delatan colectivos y escucho autos. Muchos autos. El Tucumano me sacude. Siento frío en las piernas, pero mi cabeza es una llamarada. Por favor que no aparezca Julito.
La Calamita no dejará ir a ninguno de los dos, tiene algo de gula pantagruélica que la convierte en pozo.

Los veintisiete Apóstoles

Savoia, Liliana

Llegaron a Monjes a eso de las siete.
—Bajalos en fila—ordenó uno de los de la patota jerárquica.
—Ubíquense. Hoy sí que van a comer bien
Al final de la cena G comenzó a hablarles desde la ventana.
—Ahora un wisquicito. El líquido ambarino era tentador. Sólo la Mari sorbió unos tragos, se descompuso. Los demás se negaron a tomar la bebida que estaba envenenada.
Incómodos, los jerarcas hablaron con G, quien desde el ventanuco pidió:
—J quiere verlos. Vayan a la casita.
En la puerta R los recibió con dos disparos. Después taparon los agujeros de balas Es por los aviones -comentaron.

NN

Savoia, Liliana

—Marta… ¿Qué se siente tener una hija desaparecida?
—A mi Inés la han asesinado, Valeria. No hay palabras para describir el dolor. Mi esperanza terminó el día que exhumaron de las fosas comunes las bolsas de huesos enterrados. Inés no estaba entre ellos. Eso me confirma que ella fue arrojada en un vuelo de la muerte. Deseo que escriba que trabajaré sin descanso en la búsqueda de mi nieta, que nació en cautiverio.
La periodista hace un gesto afirmativo con la cabeza.

Puta, ¿qué es esto del Congreso de la Lengua? ¿Habrá que sacársela a los eruditos de España o mordérsela?

Savoia, Liliana

Dicen, los que conocieron al Negro, que el exabrupto que hizo reír al público en Rosario, en 2004, fueron inocentemente promulgadas cuando le presentaron al presidente del Congreso, Víctor García de la Concha. Mendieta le dijo:
– Con ese apellido qué se va a asustar de lo que digas vos, un humilde servidor
Y lo dijo así llanamente como era él de llano e inteligente…:
– “Creo que es fundamental en el idioma castellano la palabra “mierda”, irremplazable. El secreto de la contextura física está en la r, anoten las docentes, porque es mucho más débil como la dicen los cubanos: mieLda, que suena a chino.
El presidente de la Concha esbozó una sonrisa bastante forzada.
El público aplaudió.

Dibujo a lápiz

Savoia, Liliana

Siempre tuve ganas de escribir de vos. Quizás esta sea una excusa para tratar de abrir algún compartimiento de mi mente para encontrarte. ¡Puta! ¡Qué te moriste tan joven, viejo! Y yo con mis catorce años de inconciencia, adolescencia o como carajo se llame.
No tengo fotos tuyas. La abuela en esos arranques de “tanada” recortó tu cabeza de todas las que estabas.
Sólo un dibujo a lápiz que te hicieron en un “piringundín” me quedó como herencia y tal vez. Solo digo tal vez, por ganas que realidad conserve algo de tu carácter.

Mi bisabuelo, el anarquista

Savoia, Liliana

Mi bisabuelo Julio fue anarquista. Me lo contó una de esas siestas calcinadas, hace ya más de cuarenta años. El anarquismo influenciaba en los trabajadores independientes, comerciantes, intelectuales. Él era portuario cuando Rosario era la puerta de Europa, no fue a la escuela, vino de Italia adolescente y analfabeto. Un amigo de la familia le enseñó a leer.

Pertenecía a las organizaciones sindicales y luchaba por reivindicaciones, debió de haber sido bravo el viejo porque muchas veces lo encarcelaron, pero jamás se rindió. Mi padre no quería que tuviéramos esas charlas. “Dejalo al chico- le decía-, no le inculqués esas ideas en la cabeza”, pero el viejo se empeñaba.

“Leé, leé Albertito, leé- me decía con su acento siciliano-. Si no leés nunca comprenderás la historia. Fue duro Albertito, sí que lo fue”. Y mientras me contaba de aquello sacaba del baúl una vieja publicación La Protesta, que se editaba diariamente con actividad propagandística que se extendía más allá del plano sindical: centros feministas, antimilitaristas, escuelas racionalistas.

Seguí sus consejos, leí, leí tanto que me entró el gusto por el periodismo y aún conservo su única herencia material, La Protesta.

Goles y triunfo

Savoia, Liliana

Monterroso persigue al dinosaurio en completo estado de sonambulismo. Primer gol. Gritos, aplausos, hinchas. Cancha y más cancha. Segunda gol… quinto…gritos y más gritos… Luego el alarido. Alaridos cada vez más intensos. Olor a triunfo. Gritos y más gritos, ancestrales gritos. Patadas gloriosas se inmortalizan; los que ganan avanzan hacia el norte. En el centro el principio de nuevas emociones. Cuando despertó, la “vuvuzzella”, todavía sonaba allí.