Microficción en la Primera Feria Patagónica del Libro

Entre el 8 y el 12 de agosto se llevará a cabo la Primera Feria Patagónica del Libro, organizada por Fundación Cultural Patagonia en Gral. Roca, Río Negro.

La microficción estará presente entre las actividades programadas, que incluyen charlas, presentaciones de libros, expositores, conferencias, talleres y espectáculos para niños.

El 12 de agosto, a las 18hs, la doctora Laura Pollastri brindará una charla titulada “A propósito de brevedades”. Ese mismo día, a las 18:30 hs, se realizará la mesa de lectura de minificción: “Brevedades con voz de autor”, junto a los escritores María Cristina Ramos, Eduardo Gothelf y Mariángeles Abelli Bonardo.

Para más información: www.fcp.org.ar

Emboscados

Ramos, María Cristina

El balde estaba lleno de sombra. Nos mojábamos los dedos y nos pintábamos la cara. Entonces nos cubría la oscuridad y sólo seguía brillando la pregunta de los ojos. Cuando venían a buscarnos, bajábamos los párpados y no nos encontraban.

Un día el balde estuvo lleno de verde. Nos pintamos. Ahora vivimos en el bosque, y nadie entiende cuando el idioma de los pájaros deja pasar también una palabra. Alguna de las que todavía pronunciamos.

Pronósticos

Ramos, María Cristina

Dijeron que caerían cuatro gotas. Y cayeron.

Con una, Laurentino bañó los caballos en el amarradero, agua dulce a raudales sobre los lomos, agua dulce desenredando las crines.

Con otra repletamos el vientre del aljibe. La tercera alcanzó para repetir la aguada y que vinieran a beber los otros animales.

Sólo la cuarta trajo la desgracia. Ensartó su globa en los extremos de los álamos y derrumbó su capullo de lago sobre las hojas, quebró las horquetas, arrasó con los nidos, ahogó a los cuises y arrancó una por una las estacas de los corrales.

Dicen que recién mañana lloverá como Dios manda.

Caladuras

Ramos, María Cristina

El hombre cala una sandía y del rojo cercano al corazón brota un niño. El niño crece, se cala una boina, entra a trabajar en una fábrica, organiza con los otros trabajadores una huelga para reclamar por sus derechos. La huelga cala hondo en el espíritu de la gente que derroca al dictador e intenta un gobierno más justo, para que todos tengan para vivir y, cuando sea necesario, se pueda calar una sandía.

El vuelo

Ramos, María Cristina

La vid estaba exuberante aquel verano. Cada tarde, la niña corría entre las hileras. Con la mano, extendida como un ala, iba rozando la redondez de los racimos. Los terrones se rompían a su paso y algunas guías verdes se prendían en su pelo. Pero, un día, un viento de acero cortó en gajos el aire y se llevó a la niña, la envolvió en una onda transparente y la convirtió en algo pequeño y volátil.

Desde entonces, vuelve. Vuela por las viñas y roza con el ala, sensible como una mano, la redondez de los racimos.

Pronósticos

Ramos, María Cristina

Dijeron que caerían cuatro gotas. Y cayeron.

Con una, Laurentino bañó los caballos en el amarradero, agua dulce a raudales sobre los lomos, agua dulce desenredando las crines.

Con otra repletamos el vientre del aljibe. La tercera alcanzó para repetir la aguada y que vinieran a beber los otros animales.

Sólo la cuarta trajo la desgracia. Ensartó su globa en los extremos de los álamos y derrumbó su capullo de lago sobre las hojas, quebró las horquetas, arrasó con los nidos, ahogó a los cuises y arrancó una por una las estacas de los corrales.

Dicen que recién mañana lloverá como Dios manda.

Caladuras

Ramos, María Cristina

El hombre cala una sandía y del rojo cercano al corazón brota un niño. El niño crece, se cala una boina, entra a trabajar en una fábrica, organiza con los otros trabajadores una huelga para reclamar por sus derechos. La huelga cala hondo en el espíritu de la gente que derroca al dictador e intenta un gobierno más justo, para que todos tengan para vivir y, cuando sea necesario, se pueda calar una sandía.

El vuelo

Ramos, María Cristina

La vid estaba exuberante aquel verano. Cada tarde, la niña corría entre las hileras. Con la mano, extendida como un ala, iba rozando la redondez de los racimos. Los terrones se rompían a su paso y algunas guías verdes se prendían en su pelo. Pero, un día, un viento de acero cortó en gajos el aire y se llevó a la niña, la envolvió en una onda transparente y la convirtió en algo pequeño y volátil.

Desde entonces, vuelve. Vuela por las viñas y roza con el ala, sensible como una mano, la redondez de los racimos.