Traición

María Enriqueta Roland

Llegaba temprano. La fiebre era alta y se sentía muy decaído.
– Maldita gripe, pensó al entrar a su casa.
Nadie en la planta.
– Seguro sigue dormida.
Subió las escaleras sin hacer ruido y abrió la puerta.
Estaban desnudos, cuerpo sobre cuerpo.
Ella su mujer, él su mejor amigo.
No titubeó. Sacó el arma reglamentaria obligado siempre a portarla por su rango.
Disparó certero.
Recordó el refrán.
“Matar dos pájaros de un solo tiro”

Traición

María Enriqueta Roland

Llegaba temprano. La fiebre era alta y se sentía muy decaído.
– Maldita gripe, pensó al entrar a su casa.
Nadie en la planta.
– Seguro sigue dormida.
Subió las escaleras sin hacer ruido y abrió la puerta.
Estaban desnudos, cuerpo sobre cuerpo.
Ella su mujer, él su mejor amigo.
No titubeó. Sacó el arma reglamentaria, obligado siempre aportarla por su rango.
Disparó certero.
Recordó el refrán.
“Matar dos pájaros de un solo tiro”

Vida

María Enriqueta Roland

Luz, un nuevo día. La misma vida de siempre, rutina, trabajo, preocupaciones, nada espectacular, sin ninguna alegría…
Cansancio y un nuevo dolor en el pecho.
¿Imaginario o real?
Una oscuridad total, vacía, diferente…
Nada más.

Doble traición

María Enriqueta Roland

-Hola amor. ¿Sos vos? ¿Qué estás haciendo?
-Claro que soy yo, ¿Quién otra hay? Estoy recién salida de la ducha, cabello húmedo, desnuda y tirada sobre la cama.
– Ya me estas volviendo loco. Tengo un tiempo libre, voy para allá ¿Querés?
– Te espero con ansias desenfrenadas, amor. Mi marido no llegará hasta tarde.
-Tendremos una tarde de sexo salvaje. Ya me estoy excitando.
-No me sigas hablando así que me dan escalofríos de placer, Eduardo.
– Mi nombre suena hermoso en tu boca.
– Sos siempre mi dueño.
-Ya voy, Clara.
-¿Clara? Te equivocaste de mujer, traidor. ¿A quién llamaste? ¡Soy Sofía!
-¿No es el número 4942966?
-¿Daniel? ¿Daniel Martín?
-Sí.
-Llamaste a tu casa.

Nuestro viaje

Roland, María Enriqueta

Tú fuiste lo mejor que me ha sucedido.
Te sentí dentro mío. Fuimos dos en uno.
El tiempo te separó. Otras mujeres en tu vida.
Yo siempre cerca pero no tenía tu atención.
Había sido, ya no era.
Me enteré que te marchabas, sin regreso posible.
Imposible seguir viviendo sin tenerte sólo por un minuto nuevamente.
Te encontré. Estabas profundamente dormido.
¡Te besé tanto! Por momentos suspirabas y creí que sabías que era yo.
Me acosté a tu lado como muchas veces antes y te acaricié con todo mi profundo amor.
He venido para compartir tu nuevo destino. Juntos como antes.
¡Has apretado mi mano!
Tu respiración se está apagando. Cerraste los ojos .Tomé el veneno.
Comienza nuestro viaje.
Te dije al oído:
-¡Llegó mamá!

Seducción

Roland, María Enriqueta

Se la veía muy seria, pero con aires de mujer que se las sabe todas.
Era una mina con oficio y experiencia.
Él, justo lo que ella esperaba. Un pobre muchachito sin mucha calle.
Fue tejiendo, como araña ante su presa, todos los ingredientes para volverlo loco.
Sus caderas se veían netas, insinuantes bajo el vestido de satén negro.
Un gran escote que dejaba ver mucho de lo que tenía para ofrecer.
Fue fácil hacerlo suyo.
Pasión sin freno, sin tabúes ni reparos de ningún tipo.
Poco después le cortó todo. Él enloqueció.
– Quiero ser  una mujer casada.
La boda como ella quería. Vestido blanco con cola.
Apareció muerta así vestida.
No fue su casi marido, ni un viejo amante.
Sólo una madre que quiso proteger a su hijo.