Sin ofender a los Dinosaurios presentes

Mario Lamique

1- Despertar

Cuando despertó. Su futura ex, aun estaba a su lado.

2- Refutación a Monterroso

Los ronquidos del escritor despertaron al Dinosaurio y en un acto, que tuvo más de impulso que de venganza o intento de reparación, fue comido de un solo bocado por el Triceratop que se preparaba para comenzar un nuevo día. De ahí que sin ánimo de desilusionar a nadie, debemos decir que el Dinosaurio por razones de disponibilidad horaria no permaneció ahí y que en realidad, el escritor nunca pudo despertar.

Reportaje

Lamique, Mario

“Si hablamos de recordar, solamente recuerdo sonidos y olores”, me dijo.
– ¿Qué sonidos?
– Pasos… pasos por la escalera, querían ser sigilosos pero pisaban fuerte, aplastaban los escalones. Después la puerta, se ve que la patearon y cayó contra el piso, en el momento me dio la idea como si se hubiese desmayado.
Gritos, sí; muchos gritos; entraron gritando, gritaban más fuerte que sus pisadas.
– ¿Hubo disparos?
– Sí y te juro que en ese momento sentí olor a sangre y a transpiración, hasta me dieron ganas de vomitar, pero me aguanté.
– ¿Después?
– Parecía que todos los sonidos habían hecho un pacto de silencio, de golpe, nada se escuchó.
– ¿Qué rompió el silencio?
– El llanto de mi hermana. Lloraba como resistiendo. Lloraba más fuerte que las pisadas; las patadas; los gritos; las balas.
– ¿Se la llevaron?
– Si, y no dejo de buscarla. Yo pude salvarme, pero ella era muy chica como para tener miedo y esconderse.
-¿Cómo pensás que está ella ahora?
-Y me la imagino como una bebé, todavía sin saber ni su nombre
-Gracias.

Como la película del fin de semana

Lamique, Mario

-Ahora estamos a salvo; aseguró mientras le daba un beso de la misma forma del que vio en una película el fin de semana.
– Aquí nada nos podrá pasar; dijo ella, entre cariñosa y maternal, pero igual, el rayo cayó por segunda vez en un mismo lugar.

La contrincante

Lamique, Mario

Desde niña se sintió vulnerable día a día al mirarse al espejo y ver a esa persona imitando cada uno de sus movimientos, imitando sus gestos, miradas y aún -estaba segura- cuando ella cerraba sus ojos para no ver tremendo plagio, del otro lado la estaban observando.

Se mudó a diferentes casas con diferentes espejos pero siempre con la misma imitadora; tiró piedras, sillas y hasta le disparó con un arma que pudo conseguir sin que su esposo supiera, pero al traer un nuevo espejo, su enemiga parecía renacer.

El tiempo y los espejos suelen aliarse en nuestra contra.

Llegó el momento en que no pudo soportar más a esa mujer ya con arrugas, con mirada perdida, que insistía en copiar sus acciones. Se paró frente al espejo dando muerte a su contrincante, que no logró sobrevivir a su última imitación.

Pedido de explicaciones

Lamique, Mario

Nunca antes se había sentido con tanta certeza, con tanta fuerza interior, con tanta motivación. Llegó al entrenamiento dispuesto a pedirle explicaciones al director técnico. No se lo contó a nadie porque sabía cuáles serían las respuestas de sus compañeros.

Llegó, abroquelado en su sentir. Se cambió repasando mentalmente de forma detallada lo que le diría a su técnico. Luego, ya con la ropa de entrenamiento, encaró hacia el objetivo. Por un momento aminoró la marcha dejando un resquicio para la duda, pero enseguida aceleró el paso y borró todo vestigio de arrepentimiento de su ser. Lo enfrentó y le dijo:

– Vengo a pedirle explicaciones.

– ¿Cómo?

– Si, si sabés que soy medio tronco, que tengo despliegue físico porque un pase a tres metros lo pifio, y corro mucho para estar lo más cerca de un compañero cuando le intento dar la pelota, no hay necesidad hay pasar papelones.

– ….

– Explicame… ¿para qué me ponés?