Viaje

Mónica Landolfi

Abrió con su barco un brazo del río ese día.

¡Abracadabra! – dijo y avanzó por la senda ocre que lo llenó de brío.

Remembranzas

Landolfi, Mónica

Allá lejos en la llanura, en un ranchito alejado, vive un gaucho muy osado, de apelativo Pereyra.
Don Inodoro es su nombre y lo acompaña Mendieta, su perro y fiel compañero.
De pronto en la lontananza se escucha una pregunta acerca del Creador…
Usted no creerá Amigo, que el gaucho se hizo cristiano.
Lo que le pasa al hermano es que extraña a su mentor, su dibujante y su pluma: el Negro Fontanarrosa.
Amigo, ¡cuánta belleza ha dejado en este mundo ese hombre excepcional!
Por eso hoy te decimos mientras aúlla Mendieta: ¡Como vos no habrá otro igual!

Era un “perro” enamorado de la luna

Landolfi, Mónica

-¿Qué le andará pasando a Mendieta, Don Inodoro? Esta mañana lo vi un poco desorientado mirando hacia arriba… estuvo hasta medianoche aullándole a la luna.
El Mendieta estará tratando de establecer contacto y seguro que anda buscando la estrella luminosa en la que cree que El Negro debe estar viajando…
-No había pensado que Mendieta tuviera contactos con el Más allá! Si fuera gato, creería en las siete vidas… pero un perro conectándose con el macrocosmos es una especie muy rara!
-No crea, amigo… Ahí nomás lo veo que viene trayendo “una escalera al cielo”.

Ella y él

Landolfi, Mónica

Él era rústico y seductor.

Ella era refinada y hermosa.

Él acudía a sus viñedos de la campiña y bajo el cielo provinciano cuidaba sus vides.

Ella, a veces, lo acompañaba.

Ambos se encontraban cada noche con una copa de vino que degustaban apasionados mientras afuera la luna brillaba.

Él era rústico y seductor; Ella, refinada y hermosa.

De día los viñedos se convertían en su punto de encuentro donde el trabajo y el placer les hacían compañía; de noche, el amor los convocaba y con copas llenas de dulce elixir se unían en un claro tintineo.

Cierto día Ella, refinada y hermosa, se fue a buscar otros cielos, con viñas soleadas en otras latitudes.

De noche, Él, rústico y seductor, se quedó solo, mientras el vino le hacía compañía…

Sombra de sospecha

Landolfi, Mónica

– ¿Quién sos?- pregunté.

– Me conocés bien- contestó.

Algo en su voz me atemorizó. No lograba recordarlo.

– ¿Quién sos?- insistí.

Ya no quedaba más tiempo. Cuando quise correr la sangre se me había helado y yacía en el piso mi cuerpo ensangrentado.