La conclusión

Contreras, Nadia

En las paredes de la casa figuraban diplomas y medallas que recibió en vida. Sin embargo, esa mañana Ernestina, imagen de la honestidad y la sinceridad murió. A la ceremonia asistieron el gobernador y su comitiva. Los medios de comunicación informaban de diversos homenajes. Al tercer día, su casa se abría a petición de seguidores y admiradores. Nadie se había dado cuenta que Ernestina vivía rodeada de los objetos, que según la Secretaría de Seguridad Pública, se reportaron como robados en los últimos veinte años. Sobre la mesa de noche, sobresalía el Libro de las Mentiras, titulado así por Ernestina y en el que hacía recuento puntual y detallado de éstas.

El más puro amor

Contreras, Nadia

Suena el teléfono del despacho. Es Gabriela. Quiere verlo. No le sorprende, el último mes lo han pasado juntos. Se verían aquella misma tarde. El hombre, dijo una vez que colgó la bocina, necesita de aventuras, necesita un escape. El hogar cansa, los hijos, sentenció, al mismo tiempo que su amigo, lo escucha con detenimiento. Es el marido de ella. Con él tiene una amistad íntima, fraterna, surgida desde hace años.
—¿De qué hablas?
—Eh, no asustes —dijo— sobresaltado. No es nada, nada importante, no me hagas caso.
—Cada vez que hablas así me convenzo de que engañas a Julia.
—¿Engañarla? Jamás me atrevería. Son pensamientos, puros pensamientos.

El hombre se sienta a la mesa, inquieto, malhumorado. Piensa en el cuerpo de Gabriela, como si éste saliera de sus manos.
—¿Te pasa algo, querido? —dice la mujer.
—No, no me pasa nada, sólo pendientes. Y ¿Álvaro? ¿Se dignará en venir a la casa?
—Quien sabe. Hablaron de la escuela para decirnos que tiene una semana que no se presenta a clases. No sé por qué últimamente se porta así.
—Tú que lo consientes. Le das todas las facilidades.
—¿Yo? No seas injusto. Lo he educado lo mejor posible.
—Pues si a eso se le llama educación… mira lo que has hecho: un vago, un maldito, un mujeriego. Ya lo veo casado… pobre mujer. Ya no hay hombres como yo. Se acabó el tiempo de los hombres responsables, trabajadores, fieles; hombres que todavía pueden hacer feliz a su mujer. Caramba —replica de manera repentina—, aquí ya no se puede comer tranquilo.
—¿A dónde vas?
—A trabajar… ¿a dónde más puedo ir? Regreso tarde, no me esperes.

Aspectos de la luz

Contreras, Nadia

1
Thomas Alva Edison se queda pensando largamente. Heredar el mayor invento es el porqué de su existencia. Avanza hacia la noche donde una luciérnaga hace piruetas entre la hierba húmeda. La observa detenidamente, muy detenidamente, y de pronto, corre frenético hacia la casa. Se sienta, abre el cuaderno de notas y escribe. El perfeccionamiento de la lámpara incandescente no es un propósito atractivo.

2
Las lámparas se encienden y se apagan. La mujer no puede ver más allá de sus brazos. Absorta quiere desentrañar el fondo de ese lugar espeluznante. Una voz la hace levantarse de prisa. No te asustes, le dice, sólo será un piquetito. Ella asiente con la cabeza al mismo tiempo que cae sobre la cama y la vida se le va entre agujas y tubos. Despierta con la luz de la mañana. Fueron las copas de la noche anterior o el hecho de poner al revés los espejos.

Amor

Contreras, Nadia

Avasalla, agita, atropella. Andrajosos andamos, anoréxicos, anulados. Amor apunta, aplasta. Apetentes animales acalorados.