Doble vida

Omar Fulco

Yo: cual golondrina urbana. Ella: paciente y fiel; eterna “Fontana di Trevi” para mis deseos y vanas promesas.

Cuenta regresiva

Omar Fulco

La última vez que lo vi, avanzaba lentamente; se balanceaba según el ritmo que le imponían los baches. Su aspecto desvencijado y los carteles apenas legibles, preanunciaban el final no muy lejano de aquellas historias cotidianas: “aunque te espere ya no vendrás” tallé en un árbol cercano a la parada.

Borgeanos

Omar Fulco

Romeo y Julieta lo hablaron varias veces: estaban convencidos de que además del amor, los unió el espanto.

Bienvenidos

Omar Fulco

Con los años aprendió a valorar los martes 13 o pasar por debajo de escaleras; también veía con agrado cuando se le cruzaba algún gato negro: la mala suerte arruinaría todos sus planes y emprendimientos. La excusa perfecta ante su ya asumida mediocridad.

Cosas de pueblo

Fulco, Omar

Le traían un mal recuerdo los besos de las películas. Esos del final, que sellaban un amor o marcaban un reencuentro. Era por algo que le había pasado hace mucho años en su pueblo. Un domingo al atardecer, al salir del cine, fueron con su novia hacia la plaza y se besaron apasionadamente al amparo de un ombú y de las primeras sombras de la noche. Para él, eso terminó siendo un beso de despedida. A los pocos días, ella lo dejó por otro.

El cautivo

Fulco, Omar

Los recuerdos infantiles, sus personajes y juegos favoritos. La infancia feliz y dichosa. Realicé el bosquejo del mural que, en honor a nuestro primer mandatario, se iba a pintar en su pueblo natal.
Pero sus asesores lo rechazaron. Una imagen los perturbó. Sostenían que no podía haber tristezas ni cautiverios; era un país feliz. En cambio, él lo aprobó; dijo que es un reflejo fiel de su pasado y su presente.

Días difíciles

Fulco, Omar

Después de dos discursos demoledores; de denuncia, dijéronle:
– Diputado, déjese de diatribas; dialoguemos.
– ¡Déspotas! ¡Deshonestos!
– ¡Discúlpese! ¡Desconsiderado!
Durante dos días, debatieron disimuladamente. Despejaron dudas. Difundieron documentos; decidieron desprestigiarlo.

Concierto para madre e hija

Fulco, Omar

Mientras iba presurosa a su casa, pasaban por su mente las vivencias del día; imágenes y voces que la atormentaban. Apareció el “¡mi madre!” del primer cliente cuando la tuvo frente a él. Después, ese susurró al oído: “¡mamita te como toda!”. Quería llegar rápido a su casa. Faltaba poco. Ya caminaba por las calles del barrio humilde. Al ingresar a su casa, todo cambió; sólo escuchaba lo único que para ella tenía sentido cada día: el “¡Mami, Mami!” de su pequeña hija cuando iba a su encuentro y se fundían en un concierto de besos, risas y abrazos.

La excursión

Fulco, Omar

Habían comenzado la excursión por las sierras; los ocho pasajeros estaban entusiasmados. El recorrido culminaría con la merienda en el castillito que está en una cima. La combi recorre el camino serpenteante. Se interna en galerías de árboles y emerge en caminos de cornisa. Alterna recorridos ascendentes o pronunciadas pendientes. El guía ya no está. Sólo se escucha su voz. Luego, descubren que la combi no tiene conductor.
No pudieron detenerla ni conducirla. Los comandos no respondían. El castillito ya no se divisa. Se sienten solos, a la deriva y se desesperan. Presienten que su final será igual al de otros. Les habían advertido y no creyeron. Lo atribuyeron a leyendas de los lugareños.

Las revistas

Fulco, Omar

Siguen ahí; en la misma bolsa a cuadros de los mandados. Son veinte revistas El Gráfico. La que tiene en la tapa al Boca campeón del ´76 está arriba de todo. Las cuido desde hace más de 30 años.
Fue una noche, después de la cena, cuando Adán, el estudiante que alquilaba la pieza de atrás de nuestra casa de la calle Solís, se acercó y me dijo:
– Cuidámelas que algún día vuelvo a buscarlas.
Me dio la bolsa y se fue por el pasillo, hacia el fondo. Nada más supe de él.
Al rato, escuchaba a mis padres dando explicaciones mientras recibían una sarta de insultos de parte de cuatro o cinco hombres que revisaron todo. No sabía qué pasaba; era yo muy chico. En casa, nunca más se habló del tema. Pero con el tiempo entendí todo.