Escalón

Osvaldo Palacios

Julieta: -Sube Romeo, amado mío y hagamos el amor. Es el último escalón hacia la muerte, pero el primero hacia la felicidad.

Superstición

Osvaldo Palacios

El pasado martes 13 viajamos con mi amiga Keiko, la japonesa, a nuestro pueblo natal Lobos, para reunirnos con nuestros compañeros de la secundaria, ¡Dios, como pasa el tiempo, hace 40 años que nos recibimos!- comenté. Así, durante el viaje charlamos y recordamos viejas historias, hasta que volví a preguntar: ¿Keiko, Anita viene? Ella me contestó: -Dijo que sí, que por nada del mundo se perdería este encuentro, supongo que ya debe haber llegado de España. –Preferiría que no estuviese- expresé. -¿Por qué?…- dijo mi compañera. –Es martes 13, ella es la número 13, contando los tres compañeros muertos, dos de cáncer y el rubio que se ahorcó, deberíamos invitar a alguien más para sortear la mala suerte. -¡Ay, Mabel, tú y tus supersticiones, pensemos en el reencuentro y dejemos de pensar en creencias primarias! Anita nunca llegó, su avión se precipitó al mar, por causas aún no resueltas. Mabel solo atinó a decir: Yo lo presentí, pero como soy la supersticiosa nadie me prestó atención… Todos se miraron en silencio… y cerró su predicción diciendo: Dentro de 10 años, no elijan un martes 13 para festejar, puede que alguno de nosotros no esté.

Gatito negro

Stella Maris Vacaflor

Fue como un flechazo intempestivo que sobrevoló el tiempo cuando cruzó corriendo frente a mí, sin mirar la calle y el auto lo aplastó.

Gracias a la vida

Osvaldo Palacios

Estaba desnudo, solo cubierto con una sábana, listo en la camilla de operaciones para ser intervenido quirúrgicamente, pero no pudo ser, mi presión arterial marcaba 216, y a pesar de los esfuerzos de los médicos, no logré disminuirla; resultado: volver a mi cuarto y comenzar un nuevo tratamiento. Mirando la ventana, agradecí a Dios, ya que podría haber pasado de una vida a otra sin enterarme, y de pronto, un sinfin de pensamientos ayudaron a que me tranquilizara. Busqué mi agenda y acompañado por los ruidos típicos de hospital, comencé a escribir: “La vida no es justa, pero aún así es buena”, “demasiado corta para perder el tiempo odiando a alguien”, “tú trabajo no te cuidará cuando estés enfermo, sí tus amigos y familia, escúchalos”, “no compares la vida de los otros, vive la tuya”, “llora con alguien, alivia más que llorar solo”, “haz las pases con tu pasado para que no arruine tu presente”, “elimina lo que no te sea útil, hermoso y alegre”, “perdónale todo a todos”, lo que otros piensen de ti, no te incumbe, y sino piensa, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, “el tiempo sana todo, dale una oportunidad”; “por más mala que sea una situación, ya cambiará”, “no cuestiones la vida, aprovéchala hoy, mañana es futuro”, “llegar a viejo es mejor alternativa que morir joven”, “todo lo que verdaderamente importa es que hayas AMADO”. Cerré mi agenda, también mis ojos, esperando regresar a mi casa, y con una leve sonrisa me dije a mi mismo: “Gracias Diosito, gracias a mi madre que me dio la vida, ya que juntos hoy me han dado una nueva oportunidad para que con su amparo pueda llegar a ser viejo pero con alma de joven”.

Ingenuidad infantil

Osvaldo Palacios

—¡Yo atiendo!—gritó Dieguito, y con la ingenuidad propia de un niño de cinco años, corrió y atendió el teléfono.
—Hola, ¿Quién habla? Soy Diego.
—Nene, ¿puedes llamar a un mayor?
—Yo soy grande, ¿Quién habla?
—¿Estás solo?
—No me dejan contestar esas preguntas.
—Está bien… ve y llama a un grande que esté en la casa.
—No lo conozco… ¿Quién habla?
—Nene, no tengo tiempo, haz lo que te digo.
—Si no me dice quién habla corto.
—Soy Abel, el dueño de la casa.
—¿Qué quiere?
—Hablar con tu mamá o tu papá.
—¿Y para qué?
—Problemas de mayores. ¿Puedes llamar a alguien, por favor?
—Si no me dice para qué, le dije, corto.
—(el hombre ya nervioso) Para pasar a cobrar el alquiler, quiero mi dinero, hace dos meses que no me pagan, ¡entendiste nene! ¡Llama a alguien ya!
Dieguito se asustó, y tartamudeando, dijo:
—Un…un…mo…momento señor dueño…ya vuelvo.
Dejó el teléfono, corrió hasta la cocina, explicó lo que sucedía rápidamente y regresó.
—Hola señor, perdón, pero dice mi mamá que no está.

Feliz cumpleaños

LOsvaldo Palacios

Sonó el teléfono y Araceli corrió a levantar el tubo y contestar.
— ¡Hola!— Si, ¿Quién habla?
— Hola prima soy yo Marta.
— Te reconocí enseguida, ¡Qué alegría escucharte! ¿Cómo están todos? Hace tanto que no nos vemos, ¿La familia bien?—hablaba sin parar.
— Si… si, todos bien, te llamaba porque…
— Lo sabía, estaba esperando tu llamado.
— No podía dejar de hacerlo.
— Ayer me acordé de ti todo el día. Recordaba cuando jugábamos de chicas, qué época por Dios, cómo pasa el tiempo. Marta, ¿Y tú, estás bien?
— Si, bueno, no, mejor dicho…
— No te preocupes, haz como yo, vive el presente, mañana es futuro.
— Es fácil decir eso, pero no siempre se puede, y más cuando…
— Mira el próximo fin de semana es largo, así que pensamos con Ulises ir a visitarlos.
— Creo que vas a tener que venir antes Araceli.
— Ojalá pudiera, pero te prometo que…
— Puedes dejar de hablar y escucharme por favor.
— Es que estoy tan contenta de que me hayas llamado por mi cumpleaños.
— Es que no te llamé por eso.
— ¿Y, por qué entonces?
— Porque acaba de morir mamá.

Destino fatal

Palacios, Osvaldo

Rogelio, siempre positivo, pensando en su hoy, en su presente, se levantó más temprano que nunca. Eran las cinco de la mañana… recordó lo que dicen los mayores…”Al que madruga Dios lo ayuda…” y a pesar de la fuerte tormenta eléctrica que hacía temblar a toda la tierra, no dijo no y se preparó para ir a su entrevista final, a firmar el contrato con la empresa petrolera que lo había seleccionado como ingeniero. Se vistió con sus mejores galas, corbata al tono y su inseparable paraguas negro. Cerró la puerta y se dijo: “Aquí voy, hoy madrugué y Dios me ha bendecido”. Comenzó a caminar rápidamente sorteando charcos. Siete cuadras lo separaban de la parada del colectivo, el cielo todavía ennegrecido se iluminaba de relámpagos y truenos, una sinfonía de colores, de fuegos artificiales naturales lo acompañaban. Su sueño estaba por cumplirse a pesar de las inclemencias del tiempo, hasta que un rayo certero descargó su fuerza imbatible, hizo tierra en su paraguas y lo mató instantáneamente. Estaba a dos cuadras de la garita, pero el destino le jugó una mala pasada. “A veces el hombre propone y Dios dispone”, y la Madre Naturaleza también.

La decisión de Raquel

Palacios, Osvaldo

Ella siempre lo supo, sus hijos, familiares y por supuesto, pueblo chico, infierno grande, todo el vecindario también. Más de veinte años, Galeano, su marido, tiene una amante. Eso en estos días es moneda corriente, pero lo más extraño es que Raquel sabe quién es, es su prima hermana y vive a media cuadra de su casa. Galeano, el protagonista de la historia, se pasea de una casa a otra como si nada. Duerme con Raquel, pero las tardes las pasa con Cristina. Raquel viaja con sus amigas a Bariloche por ser jubilada y él, en el verano, se va un mes a Las Toninas en carpa, porque se lo exigen. Una más joven que la otra, una más chismosa que la otra, pero lo que Raquel decidió fue hacerse cargo de su situación, no sentimental, sino más bien económica, reflexionó: ¿Para qué hacer lío? ¡Ah! No… ¡cuándo algo le ocurra a él yo me quedo con su jubilación, su pensión, todas las propiedades! Ah no… “más vale pájaro en mano que cien volando”.

¿Te acordás…?

Palacios, Osvaldo

Si viviste de chico en los años 60 o 70, ¿cómo hiciste para sobrevivir…? ¿Te acordás de las cosas peligrosas que tuvimos que pasar para llegar al siglo XXI? Si sigues “vivito” es porque eres sobrenatural o todopoderoso, piénsalo, es un verdadero milagro de la naturaleza. ¿Te acordás…? Tomábamos agua de la manguera o de la canilla del colegio, no de una botella de agua mineral, no usábamos cinturón de seguridad, ir en la parte de atrás de una camioneta era un viaje especial, y hoy lo recordamos. ¡Ah…! Andábamos en bicicleta y no usábamos casco… construíamos carritos con rulemanes, los echábamos a rodar, si la calle estaba empinada mejor, cuando chocamos varias veces aprendimos a hacer trompos, salíamos a jugar con la única condición de regresar antes del anochecer, el colegio duraba hasta el mediodía y llegábamos a casa para almorzar, si nos lastimábamos, no había demandas, la culpa era de nosotros mismos, compartíamos una botella entre cuatro, tomábamos del “pico” y nadie se moría por eso, no teníamos Playstation, Nintendo, juegos de videos ni 99 canales de TV por cable, celulares, fax y menos Internet, solo teníamos AMIGOS, en bicicleta íbamos a la casa del vecino, y sino tocábamos el timbre, entrábamos sin golpear, allí estaba nuestro amigo y nos íbamos a jugar, si nos iba mal en la escuela, repetíamos, no nos mandaban al psicólogo ni teníamos dislexia, repetíamos y nos daban una segunda oportunidad, si en una fiesta (que era en una casa) te ponías en p…. tus amigos te dejaban en la puerta de tu casa, tocaban el timbre y salían c…. teníamos libertad, fracasos, éxitos y aprendimos a manejarlos, si la señorita citaba a uno de nuestros padres por una mala nota u otra observación, la culpa era totalmente nuestra, quién no se hizo “la rata” en el Rosedal, el Zoo o en cualquier placita cercana, quién no recibió un reto, de la vecina solterona, por haberle roto las plantas del jardín de un pelotazo. ¿Te acordás de…? Petete, los cigarrillos Clifton y Fontanares, del portafolios, del talco Telerín, el gordo y el flaco, Lassie, los sábados de Mancera, los Beatles, el Club del Clan, Vascolet, la Coca Sarli, 100 % natural, Paturuzito, la novia de Antonio Prieto, el Wincofón, Bidú Cola y Geniol, el Ford Falcon y el Renault, la Brillantina, la frase “Hay que pasar el invierno”, Pepto cocaína Gibson, el mejor digestivo, y muchas marcas más. ¿Vos sos uno de esa generación…? Los jóvenes de hoy dirían que éramos aburridos, pero “la pucha”, si que fuimos felices, y gracias a eso seguimos “vivitos y coleando”.

Mambrú se fue a la…

Palacios, Osvaldo

(Danny cantando): “Mambrú se fue a la guerra, no sé cuando vendrá, vendrá para la Pascua o para Navidad, no sé cuando vendrá, tra-la-la, tra-la-la, no sé cuando vendrá”.
Madre: Danny, ¿puedes dejar de jugar con esos soldaditos?
Danny: A mí me divierten.
Madre: Y dejar de cantar esa canción, hace una hora que la escucho.
Danny: No, hasta que me expliques que significa la palabra guerra.
La madre se sentó junto a él, y trató de complacerlo, pero no sabiendo por donde comenzar.
Madre: Bien, es una palabra que tiene muchos significados…por ejemplo…como diría.
Danny (sin dejar de mover sus soldados, y su héroe Mambrú): Combate, lucha, pelea, enfrentamiento.
Madre: Si, eso es, es lo que justo te iba a decir, lo tenía en la punta de la lengua.
Danny: También, una lucha armada o conflicto bélico entre dos naciones o dos bandos.
Madre: Lamentablemente si, y lo peor son las consecuencias. ¿Y sabes que es una guerra civil?
Danny: El enfrentamiento entre habitantes de un mismo país. Colombia es un ejemplo.
Madre: Y la guerra santa…
Danny: Es por motivos religiosos.
Madre: También es conocida la guerra fría, ¿lo sabías?
Danny: Si, cuando dos naciones, sin usar armas, tratan de destruir a su enemigo, por medio de la propaganda o el espionaje.
Madre (levantándose): Basta Danny, siempre me haces lo mismo, no sé para qué me preguntas, algo que ya sabes.
Danny: Simplemente, para determinar qué estrategia utilizará Mambrú, en el campo de batalla.
Madre: ¿Y cuál es el motivo de su guerra?
Danny: Luchar por la paz en el mundo, adiós al hambre entre los niños, que la escuela vuelva a ser como las antes, que los grandes nos comprendan mas…Por eso no lo puedo dejar solo, ya sea para Pascua o para Navidad, quiero que regrese, con todos sus amigos, todos Vivitos y Coleando.