Minicuentos eróticos con un toque de humor. Parte IV

Carranza, Eliseo
Si el leñador mató al lobo, fue guiado, más bien, por los celos: le estaba poniendo el cuerno con esa niña de la caperuza roja.

Carranza, Eliseo
No importa cómo se lo hace, ni qué posiciones practique con ella. Como alpinista, siempre logra la cumbre.

Carranza, Eliseo
—Te lo juro: soy un Príncipe Azul encantado —. La linda princesa lo llevó a su cama. Dos horas después, ella quedó encantada.

Carranza, Eliseo
Nunca lo hubiera imaginado: él, tan decente, ir al bosque, toparse con la bella dormida y, sin dominar sus impulsos, ¡besarla!

Carranza, Eliseo
—¡Ups! —le dijo el excitado Príncipe a la sorprendida Princesa recién despertada —¿Le puedo explicar por qué mi mano está ahí?

Carranza, Eliseo
Cuando era muñeco de madera, bastaba con mentir; siendo de carne, y ya muchos años después, ni con viagra logra lo que antes…

Carranza, Eliseo
En el laberinto Teseo y el Minotauro pelean cuerpo a cuerpo. Pronto reconocen sus íntimos gustos. Afuera Ariadna se impacienta.

Carranza, Eliseo
Hace lo que le gusta: llevar comida a la abuela, platicar con animalitos, fingir no reconocerlos cuando usan ropa de viejita…

Zárate, José Luis
Con qué cuidado se depilaba la sirenita para su príncipe que no entendía porque había tantas escamas por la recámara.

Zárate, José Luis
Nada mejor que tener una sirena en la seda mar de las sábanas.

Zárate, José Luis
Los náufragos en el mar de las sirenas gritan, desesperados, desde las aguas, para que no los rescatemos.

Zárate, José Luis
Penélope odia que, en sueños, Odiseo tarareé esas canciones tontas de las sirenas.

Zárate, José Luis
Después de una noche de pasión con la sirenita por alguna causa todos sus amantes parecen náufragos.

Zárate, José Luis
No le duraban nada las muñecas inflables a Drácula.

Zárate, José Luis
Pocos saben sobre la vida sexual del mar, el papel que tienen mareas y olas, las caricias a continentes y que es la espuma.

Zárate, José Luis
Para estremecerse el príncipe propuso sedas, lazos y artefactos. Feliz la sirenita añadió corales, ánguilas, un tiburón de 300 kgs.

Zárate, José Luis
SOBRE LA ORIGINALIDAD
Ese autor no hacía el amor porque alguien ya lo había hecho.

Zárate, Omar Julio
¿QUIÉN LA ENTIENDE?
En el taller literario la coordinadora dijo: -Hay que evitar los “lugares comunes”- pero, me dio un soberano cachetazo cuando quise hacerle el amor en el escritorio.

Hidalgo, Paloma
TAXISTA
Anduve derrapando entre sus curvas perfectas, creo que eso justifica que el marido me utilice de blanco de sus balas, aunque mi piel sea negra.

Hidalgo, Paloma
MADRILEÑA
Mirada felina y cuerpo inquietante, la gata sólo consume peces, cuanto más gordos mejor, cada noche en el Club de carretera dónde trabaja.

Hidalgo, Paloma
COMO CON LA CERVEZA
Le gustaban rubias pero cuando probó una negra todo cambió. Por si acaso, pronto probará un buen tinto.

François

Hidalgo, Paloma

En un pueblo que se llamaba Visavis convergí con la mujer de mi vida. Intentaba encontrar en las boutiques del bulevar un broche para mamá cuando la vi en un escaparate, anudando un fular en el cuello de un maniquí. Me atrajeron sus bucles, una nube roja y esponjosa digna de una reina de cabaret, y el rosicler de la piel de sus hombros. En algún lugar debía estar escrito que tras enamorarnos, nos casaríamos y tendríamos dos hijos antes de empezar a divergir. Ahora baño en champaña nuestros souvenirs, y de vez en cuando dejo que alguna madama me haga el rendibú pensando en ella.

Modista de sueños

Hidalgo, Paloma

Cuando deshiciste las maletas y colgaste tus sueños en mi vida, me los fui probando todos; a los que me quedaban grandes les subí el bajo y saqué la sisa de los que me estaban estrechos; abrí ojales y cosí botones; deshice jaretas y añadí pespuntes; no dejé ninguno sin arreglo, los fui ajustando a mi cuerpo y a mi mente. Un buen día me confesaste que amabas a otra y te dejé partir. Pero me quedé con ellos, de vez en cuando me los pongo, huelen a naftalina, pero me gusta recordar lo bien que me sentaba el amor.

Y no le perdonaremos nunca

Hidalgo, Paloma

Éramos dos, dice la abuela que mi madre lo supo desde nuestras primeras patadas en aquel vientre compartido. Dos varones que nacimos sanos pero agarrados a la vida con la fuerza de los prematuros. Todo fue felicidad. Efímera felicidad rota cuando vinieron a buscar a mi madre. Recién comido, la abuela pudo esconderme bajo las faldas de la mesa camilla, pero a mi otro yo, a mi gemelo que en aquel momento recibía el alimento del seno materno, también se lo llevaron. La ironía agridulce de mi salvación ancló el dolor de mi abuela mientras me sacó adelante, pero al verme convertido en hombre, ella misma soltó sus amarras y se dejó morir de pena. Me quedé sólo. Hasta ayer. Ayer me vi escogiendo manzanas en el mercado, trajeado y pulcro; él también me vio, buscando bollitos, embutido en mi mono de repartidor. Alguien evitó que la felicidad llegara puntual al andén de nuestra existencia, y los dos, ahora, sabemos quién fue.

Dos por uno

Hidalgo, Paloma

El suyo es un amor arrabalero, libre e instintivo al que poco le importan las diferencias sociales que a ambos los separan. Uno frente a otro, compartiendo el acogedor ambiente de un restaurante italiano, juntan sus trufas, manchadas seguramente con el tomate de los espaguetis que a la luz de una vela degustan con formalidad humana. La Dama y el Vagabundo sellan así su amor para disfrute de la perrera municipal: pronto habrá nuevos inquilinos en sus jaulas, de los niños: un beso siempre es un beso; y de otros personajes de dibujos que vendrán después: Fiona y Shrek.

Dentro de diez días

Hidalgo, Paloma

Debiste dejarme dormir David, despierta debo dejar de descubrir dorados destinos, debo desterrar dulces deseos. Dormida disfruto distendida de delicados dones, del don de declamar, de dibujar divinas dalias, de domar díscolos duendes… Despierta debo declinar desatinados despropósitos, deslucidos deleites deslavados desprovistos de digna delectación. Dichosa dormía duermevela: de Dante delirio, de Darwin doctrina; declaraciones decretadas de defensores degustaba, dejando dudas deliberadamente detenidas dentro de dosieres de difícil divulgación.
Descansaba dócil, desnuda de duelos, desvestida de desánimo ¿Delito dices? Desapruebo David dicha diatriba, dormir defiendo. Donar descanso disipa dolores, despoja de deberes. Dalí, Delacroix, Degas, dedos dotados dejaron dibujos de durmientes. Delibes, Diderot, Dumas describieron divinos dormitorios.
Déjame dormir David, después dame dátiles dulces, dime delicadezas, declárate desde dentro… Descansada dejaré de dudar, diré dentro de diez días despósame.

Prospecto

Hidalgo, Paloma

Guía breve del funcionamiento de una madre:
Dispensa amor veinticuatro horas, consuela, alimenta, enseña a caminar, babea, sonríe aunque caiga el diluvio universal, viste muñecos, hace trenzas, mide la fiebre con un beso en la frente, hace malabares con las naranjas y con la cuenta del banco, escucha, corrige, alienta, cuenta cuentos y vuela cometas, hace castillos de arena, tartas de chocolate, dice no. Espanta miedos, dice sí, y cree en ti. Para que no se estropee, demuéstrala que te sientes orgulloso de que sea tu madre.

Demasiada madre

Hidalgo, Paloma

Ella sabrá lo que hace, si mi madre no me deja salir tampoco el próximo sábado le voy a demostrar de lo que soy capaz. Empezaré a volver a casa mañana mismo más tarde de las diez, puede que de las once. No la dejaré que vuelva a elegirme la ropa, ni siquiera los zapatos. Y el día de mi cumpleaños las velas las soplaré yo solito, las cuarenta y dos.