Lección

Rubén Faustino Cabrera

-¡Yo les voy a enseñar!- grité cuando sorprendí a mi mujer con su amante en el momento supremo del placer. Comenzaban a balbucear “Aaa…” cuando el mismo disparo los atravesó a los dos. Insistentes, continuaron con la misma vocal unos pocos segundos: “¡Aaaaaaaaa!”. Murieron antes de aprender a pronunciar la “b”.

La mano de Francisco

Rubén Faustino Cabrera

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014, me acordé de lo que él me había dicho en julio de 2013, cuando viajé a Río de Janeiro: “Ya bendije al equipo argentino. En 2014 somos campeones”. Desde ese día, se conoce ese hecho como “La mano de Francisco”, así como en 1986 fue “La mano de Dios”. Eso sí, como entrenador, tuve que hacer una pequeña concesión: la mayoría de los jugadores seleccionados, todo el mundo lo sabe, provenían del equipo de San Lorenzo.

Ya no puede caminar

Rubén Faustino Cabrera

La última vez que la vi estaba moribunda por efecto del veneno. Como todavía pugnaba por salir del cajón, la rematé a golpes. Luego la saqué de allí y la arrojé al jardín por la ventana. Se la comieron las hormigas.
¡Otra maldita cucaracha que ya no volvería a meterse en el cajón de los cubiertos!

Los amantes de Verona

Rubén Faustino Cabrera

-¿Ustedes son los amantes de Verona? -le preguntaron a Romeo y Julieta.
-¡Maldición! -dijeron a dúo- ¡Ya tuvo que abrir la boca!

Creencias encontradas

Rubén Faustino Cabrera

La tormenta eléctrica arreciaba y él le dijo:
-Derramar sal trae mala suerte.
-En este caso no, viejo. La cruz de sal es para alejar la tormenta -contestó ella.
Salió al patio, trazó la cruz y un rayo la fulminó. La cruz de sal dejó una marca negra en el cemento.

Gracias a Mercedes

Rubén Faustino Cabrera

“Se te conceden tres gracias”, le dijeron a un mortal. Y él preguntó: “¿Puedo involucrar a un inmortal?”. “Sí”, le contestaron. Y él privilegió tres gracias: el “¡Gracias, Piero!”, conque la homenajeó tantas veces Miguel del Sel. Y el “Gracias a la vida”, de Violeta Parra, conque nos homenajeó ella tantas veces. Y finalizó diciendo “¡Gracias, Mercedes Sosa, porque la vida me dio tantas veces la gracia de escucharte!”.

Siempre hace falta un segundo aparato

Rubén Faustino Cabrera

El teléfono llama y él atiende.
-Hola. ¿Quién habla?
-¿Cómo quién habla? ¡El dueño de casa habla! ¿Y usted quién es?
-Un ladrón, señor. Estoy desvalijando su casa.
-Pero… pero… ¿cómo que está desvalijando mi casa?
-Sí, señor, tal como lo escucha. ¡Y hágame el favor de cortar de una buena vez que también me quiero robar el teléfono!