Minicuentos eróticos con un toque de humor. Parte III

Maya, Estela
Quisieron hacer el amor apoyados en aquel roble viejo, pero se fueron por las ramas…

Maggio, Adriana Lis
Buscaba el punto g y cuando lo encontró, quiso la h y la i… En la jota ella lo editó y batieron records de venta. Tirada va, tirada viene.

Frini, Daniel
AMOR PLATÓNICO
Era militante del amor sin sexo. Hasta que debutó. Dicen que los más fanáticos son los conversos. Se confirma la regla.

Bollini, Ernesto Daniel
PLANIFICACIÓN
– Sos una bomba de sexo. Hagamos un trío- le sugerí al derramarme en ella.
– Sí- respondió, tocándose la entrepierna- Dentro de nueve meses.

Perinelli, Roberto
MI TÍA 1
Un cortocircuito dejó sin luz el dormitorio de mi tía. La auxilió un vecino, que por fortuna no sabía nada de electricidad.

Perinelli, Roberto
MI TÍA 2
Cuatro semanas atrás, un violador atacó a mi tía. Recién ayer el malhechor pudo entregarse a la policía.

Perinelli, Roberto
BAILARINA
La bailarina termina su número quitándose el sostén. Las tetas caen a la platea y aplastan al público de las primeras tres filas.

Perinelli, Roberto
GULA
Perica mostró sus senos al mudo, quien recuperó el habla y usó su voz para pedirle que se desnudara. Así hizo y el hombre quedó ciego.

Perinelli, Roberto
PRESAGIO
Haciendo el amor, ella gime citas de Lenin; él trozos del Mein Kampf. Para los vecinos esa relación carece de futuro.-

Resala, Graciela
SOLO
Como cada vez, la diminuta pastilla hizo lo suyo; pero esa noche ella faltó a la cita y él se quedó con la dureza interminable de su soledad.

Resala, Graciela
AMORES ALTOS
El hombre araña se sintió empequeñecido frente al solemne salto del tigre.

Resala, Graciela
LIMPITOS
Escuchó que él regresaba. No encontró otra excusa que disimular la huida del otro al grito de: ¡gracias Mr. Músculo!

Resala, Graciela
OFICIALISTA
Mientras la oposición no hacía más que quejarse por el aumento desmedido de la yerba, él no dejaba de subrayar cuanto tiempo libre tenían para el amor.

Cabrera, Rubén Faustino
LA TOMA DE LA BASTILLA
El Turco tomó la pastilla. Y en una hora, ella gritó, gozosa: “¡Vive la différence!”.

Cabrera, Rubén Faustino
SOLISTA
Te desnudé con la mirada, me encerré en el baño y te hice el amor hasta que mamá gritó: “¡Nene, queremos entrar!”.

Cabrera, Rubén Faustino
EL PRÍNCIPE AZUL
La princesa sabía que él había tomado la pastilla. Y le cantó dulcemente, esperanzada: “Tu amor es azul como el mar azul…”.

Cabrera, Rubén Faustino
COMPLEMENTO
“Tengo espacio para esos quince centímetros que te sobran”, dijo ella. Y él, gustoso, complementó.

Mancilla, Eduardo
PROFESOR DE ORTOGRAFÍA
Prefiero el sexo oral al escrito.

Mancilla, Eduardo
MUJER IMPOSIBLE
En su cuerpo gasto todos mis besos esta noche, presintiendo que voy a despertarme en cualquier momento.

Mancilla, Eduardo
ALZHEIMER
Grabé en mis manos, cada curva, cada intersticio, cada profundidad de su cuerpo, aunque sabía que al otro día perderían la memoria.

Minicuentos eróticos con un toque de humor. Parte I

Munyau, Roberto Osvaldo
EL ABUELO QUERENDÓN
-¿Así que Ud. practica el sexo anal, abuelo?
-No doctor, anual… dije: ¡anual!

Munyau, Roberto Osvaldo
EL SEXO DESPUÉS DE LOS 70
POR EL SEXÓLOGO JAPONÉS
YANO KO ITO
Esteeeeeeeeeeee…mmmmmmmmmmmmmmm… y bue…

Munyau, Roberto Osvaldo
MARÍA Y JOSÉ
-¡María!… ¡¿Qué estás haciendo con esa paloma en la cama?!
-¡José! ¡Te juro que no es lo que vos estás pensando!

Pateiro Costa, Julia Mirtha
CENSURADO
“Nunca me había ocurrido”, se excusó el príncipe ante Cenicienta, mientras abandonaban la intimidad del cortinado del salón.

Pateiro Costa, Julia Mirtha
TAMAÑO
Cenicienta desea un gran amor y repite “bíbidi bíbidi bu” como le dijo el hada madrina. Pero el del príncipe sigue siendo estándar.

Pateiro Costa, Julia Mirtha
PÉNDULO
Que la energía potencial es nula en el punto de elevación mínima lo entiende. Pero no cómo alcanza ese estado sin rozamiento.

Puga, Fernando Andrés
SIRENA
Cuando mis labios rozaron su pubis, el olor se hizo insoportable.

Puga, Fernando Andrés
FUERTE MIRAR
Te clavé la mirada con el martillo de mi deseo. Ahí colgada, me resulta más fácil desnudarte. Tú te desangras y ni te enteras.

Puga, Fernando Andrés
ARQUERÍA
Aunque no abre la boca, Serena mete la pata. Dardo no dará en el blanco si ella no tensa la cuerda. Tendrán que afinar la puntería.

Puga, Fernando Andrés
Rrr rrr…
¡Y no arrancás! Por más que meneo la llave, no emitís más que leves ronroneos. ¿No me digas que ya llegamos a los 10000 kms?

Cabrera, Rubén Faustino
BAILE CON RELACIONES
Entre un “¡Adentro!” y un “¡Se va la segunda!”, el gaucho y la china la pasaron muy bien.

Cabrera, Rubén Faustino
TODA UNA VIDA ESTARÍA CONTIGO
¿Recuerdas la primera vez? ¡Pensar que el acabóse fue el principio de nuestra maravillosa convivencia!

Cabrera, Rubén Faustino
PARADOJA
¡Quién diría que fue ´”una pequeña muerte” lo que nos terminó uniendo para siempre!

Cabrera, Rubén Faustino
LA LUZ DE SUS OJOS
“¡Prenda!”, dijo el gaucho. “¿Qué, mi amor?”, dijo ella. “¡Prenda una vela, por favor! ¡Si sabe que me gusta con luz!”.

Cabrera, Rubén Faustino
EL PRECIO DEL AMOR
“Me gustó. ¿Y a vos?”, dijo él. “Joya”, dijo ella. Y él colocó sobre la almohada la pulsera de oro que le había comprado.

Lew, Sara
LA “L” DE LITERATURA
Se enamoró de aquel escritor bajito por el tamaño de sus ideas.

Lew, Sara
ATRACCIÓN FATAL
Todos le decían: “Cuídate de ella, es una planta carnívora”, pero él no supo resistirse a esos labios siempre abiertos.

Lew, Sara
OTRA NOCHE CON CASIMIRO
Me lavo los dientes, me pongo el pijama, me cuelgo la ropa, preparo la cama…

Lew, Sara
IMPOTENCIA
Es lo que él sintió al ver lo que a “ella” le sobraba.

Lew, Sara
ARDIENTE ENCUENTRO
El soldadito de plomo y la bailarina se fundieron en un eterno abrazo.

Sin barrera

Cabrera, Rubén Faustino

Cancha de once. Se enfrentan La Tierrita y La Loma. El árbitro concede un tiro libre para La Loma, muy lejos del arco. Los jugadores de La Tierrita forman la barrera y el entrenador les grita: “¡Sin barrera! ¡Sin barrera! ¡No hace falta!”. Tito Barrera se ofende y se retira del campo de juego.

El affaire del payaso

Cabrera, Rubén Faustino

La mujer de un amigo, para mí, tiene barba. Es cierto. Mi amante es la esposa de mi mejor amigo: la mujer barbuda del circo.

El hombre de la esquina anaranjada

Cabrera, Rubén Faustino

Anselmo Batalla, donde ponía el ojo, ponía el apodo. Cuarteador y milonguero, sobrador y cuchillero, cuando dejaba el carro y los caballos se apersonaba en la esquina anaranjada y se quedaba horas apalancado en el farol colocando motes a todos los transeúntes. Y andá a discutirle. Pero, no obstante la justeza de sus sobrenombres, el mejor apodo de su cosecha que se recuerda es el que le adjudicó a Fabián Flores.
-Ahí va Fabián Flores -le dijo a un ocasional interlocutor-. “Hombre de pocas palabras”.
-¿Es parco?
-No. Es mudo.

16 de octubre de 1793

Cabrera, Rubén Faustino

Gotas de sangre caen sobre mi cabeza. Son mías. Sé que parece imposible, pero son mías: caen desde la hoja que acaba de guillotinarme.

La trama

Cabrera, Rubén Faustino

Esa tarde él no volvió de la fábrica ni en los dos días subsiguientes. ¿Lo habrían secuestrado? ¿O habría desaparecido para salvar la vida y luego se comunicaría con ella? Al cuarto día comenzó a tejer, como Penélope esperando a Ulises. Tejió y destejió hasta el sexto día sin llegar jamás a terminar una prenda.
El séptimo día, sin que ella se lo propusiera, sus manos tejieron una capucha y entonces comprendió que él jamás regresaría.

Las dificultades del idioma II

Cabrera, Rubén Faustino

Me crucé con el Griego en Aráoz y Gorriti.
-Acabo de almorzar -le dije- y salí a caminar un rato.
-Yo también -me dijo-. Me comí una perra y salí a caminar un poco.
-¡Eh! ¡Qué fea costumbre esa de comer perros! ¡Igual que Demis Roussos!
-¡No! ¡No! -se apresuró a explicarme- Digo que comí una perra porque los durraznos estaban muy feos.
Ahí me acordé que el Griego es capaz de pronunciar correctamente las letras “ere” y “erre”, pero que las aplica mal. Terminé de confirmarlo cuando se despidió:
-Siempre aranco la caminata desde aquí, de Arráoz y Goriti.

El regreso

Cabrera, Rubén Faustino

A nuestra hija se la llevaron en junio de 1976, con veintiséis años, embarazada. Hace poco apareció. Ahora es una hermosa mujer de cuarenta y dos años, hermosa como su madre, y con una hija de dieciséis: nuestra nieta, recuperada por las Abuelas de Plaza de Mayo. Y nuestra bisnieta.

Vergüenza

Cabrera, Rubén Faustino

Asistía con mi esposa y nuestro hijo de cuatro años al acto del 9 de Julio en el colegio del mayor. Canté el Himno Nacional con verdadero orgullo, en voz muy alta. De repente, en el verso “o juremos con gloria morir”, donde jamás puedo reprimir un lagrimón, siento que me tiran del pantalón, a la altura de la rodilla. “Papi… ¿no te da vergüenza cantar tan fuerte?”, me preguntaba mi hijito. “No, hijo. Vergüenza, lamentablemente, me daba cantar fuerte el himno antes del ochenta y tres. Era, cómo explicarte, como que estabas de acuerdo con ciertos tipos”.