Estrés

Silvia Malatesta

Después de un enloquecido día laboral, con la vista fija en el panorama de la ventanilla del ómnibus, el rojo otoño la reformateó.

Minicuentos eróticos con un toque de humor. Parte II

Fernández, Carolina
ARTE
El talento de esa mujer para el sexo oral saltaba a la vista.

Fernández, Carolina
JUEGO
Viéndolo lerdo para el arranque, Eva se animó: “Juguemos a la maestra. Alumno Adán, ¡saque una hoja!”

Fernández, Carolina
DESPACITO QUE DUELE
La única que no se quejó fue Cenicienta, y el príncipe supo que había encontrado la mujer de su vida.

Mercado, Leo
SENTENCIA
Salir de vos es deshacer el amor.

Gotthelf, Eduardo
MIL Y UNA NOCHES
Aladino frotó y frotó hasta que apareció la bella genio –Dame placer –ordenó. Ella, con un mohín, le dijo –Sigue frotando.

Saura, Rubén
Ella se agachó insinuante y me mordió suavemente la puntita… dijo el enano agarrándose la nariz.

Malatesta, Silvia
LELENGUAGUAS
Aficionado al sexo oral, elegía invariablemente tartamudas, duplicaban su placer.

Malatesta, Silvia
EL PESCADOR
Desde el inicio de su relación extramatrimonial con la sirena, por una cuestión de códigos no le miente a su mujer. Jura, sin faltar a la verdad, que jamás se acostó con otra.

Malatesta, Silvia
IMPOTENCIA
Decidido a escribir su mejor relato erótico, comenzó apasionadamente con los preliminares. Su ansiedad le jugó en contra, no lo pudo acabar.

Malatesta, Silvia
ATRACCIÓN FATAL
Como a los Capuletos y Montescos, este amor me llevará a la tumba, susurró el asmático, a su voluptuosa muñeca inflable.

Neri, Carlos Alfredo
SEXO SALVAJE
Era tan naif que su idea del sexo salvaje era el Rey León y la Sirenita teniendo sexo sobre una frazada con el retrato de Walt Disney.

Neri, Carlos Alfredo
A pesar de lo propiciatorio de su estado no debe haber nada más aburrido que hacer “cucharita” con “la bella durmiente”.

Farias, Diego Hernán
MODALES
Buenos días. Por favor. Sería tan amable. Con permiso. Muchas gracias. Perdón.

Munyau, Roberto Osvaldo
DIÁLOGO ENTRE MUJERES MADURAS
– ¡Chicas…, Chicas¡ ¿Ustedes saben cuándo un hombre maduro tiene plata?
– No, ¿cuándo?
– ¡Cuando ni te mira!

Defferrari, Olga Alicia
AVÍCOLA
Tras la discusión su mujer lo mandó a la c… de la lora. Como irónica revancha esa noche él hizo el amor con la periquilla.

Defferrari, Olga Alicia
DOCENCIA
Obsesionada por los celos, la esposa del profesor le prohibió enseñar las razones trigonométricas seno y coseno.

Defferrari, Olga Alicia
TURISMO
Su novio le pidió conocer el monte de Venus, ella respondió decididamente que no le agradaban los viajes.

Defferrari, Olga Alicia
DEVOTA
En la primera cita, cuando el joven sugirió la posición del misionero, ella consintió y se hincó a rezar.

Defferrari, Olga Alicia
ADÁN Y EVA
Primero compartieron la fruta de ella y luego la de él. Los expulsaron del Paraíso.

Villanueva, Cristina
LA LÁMPARA DE LOS DESEOS
Ella frotó lo que creía que era la lámpara. El genio se desplegó a su lado y le dijo que por los deseos no se preocupara, iban a realizarse muchos más que tres.

Mulita

Malatesta, Silvia

Desde chica era terca. Cuando algo se le metía en la cabeza, no paraba hasta alcanzarlo.
Su abuelo, comenzó a llamarla así: la mulita.
El día que escuchó que se iba de viaje, decidió no hacerlo sola.
Mientras escuchaba el ruido de los motores y sentía el frío viento en la cara, su naturaleza poderosa, intacta, la guió. En un momento, se aferró al milico y lo llevó con ella al río.
La mulita siempre se salía con la suya.

Fruta prohibida

Malatesta, Silvia

Su alergia a las manzanas, hereditaria como la nobleza, le impidió besarla. Finalmente ella se casó con un enano.

El oso

Malatesta, Silvia

Cuando la multinacional taló el último árbol de su amado bosque, alquiló un monoambiente en Floresta. Ahora pasa el tiempo cantando viejas canciones de Moris.

La osa acosa

Malatesta, Silvia

Cansado del calor y los reclamos de su mujer, se hizo el oso y se sentó a tocar su mejor canción.

Dictamen

Malatesta, Silvia

Duramadre desafiante, derogaste desencantadas décadas. Después del dolor, desentierras destinos desaparecidos.
Diáfanos, democráticos días dorados, dominan demonios decrépitos, desjuiciados, desatados.
Derrocando dantescos dioses desacuartelados, despiertas dignidades dormidas.

Pas de deux

Malatesta, Silvia

Deberías dejar de danzar, dictaminó. Despistándolo definitivamente de dos distinguidos disparos.

Doblegando deseos

Malatesta, Silvia

Despreocupada duerme desnuda debajo del diván. Despierta deslumbrada, destellos dorados dibujan dragones desafiantes. Decide dejar de disfrutar del daiquiri diario, demasiada delicia descorchada.