Sin título

Martínez, Silvia

Lloré hasta que mis ojos quedaron tan rojos como el turbante de mi padre. ¿Por qué mi caso debía ser diferente al de todos los chicos? ¿Por qué no recibía yo regalos el 6 de enero de cada año? Nunca se me había ocurrido pensarlo hasta que mi celoso hermano mayor me dijo la fatídica frase: “Los Reyes Magos NO son los padres, tonto, por eso nosotros nunca recibimos nada.”

De ahí en adelante me tuve que conformar con ser nada más que el hijo del Rey Gaspar.