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Crónica García Márquez, Gabriel Nuevo cuento de loros Obra Periodística 1 – Textos Costeños Editorial Sudamericana Es una cuestión tradicional que los caballeros, al llegar a la edad en que la soltería se vuelve un estado irremediable, adquieran un par de pantuflas y un loro. No recuerdo si Gedeón- el protagonista del “Buey Suelto”- cumplió con este ineludible deber del celibato, pero no cabe duda de que George Blair, agente de policía retirado, en Detroit, sí estaba al tanto de las obligaciones adquiridas por quienes dejan de lado la femenina compañía para remplazarla por la menos costosa aunque quizá no menos conservadora de un loro real. A los cincuenta y dos años, Blair hace su testamento y lega su fortuna de 40 mil dólares a su plumado acompañante. Es un caso de gratitud como se registran muy pocos. De Nápoles, en cambio, viene una noticia completamente distinta. Vicenzenzo Marvasi, quien en lugar de adquirir las pantuflas y el loro, prefirió echarse encima la responsabilidad conyugal de Clara Maroni, no sólo estaban en estrecheces económicas, sino que se vio en la necesidad de alquilar, por medio de contrato escrito y a plazo fijo, los buenos servicios de su cónyuge amantísima. El sacrificio debió de ser mortal para Vicenzenzo, pero a cambio de él recibió de manos de Rino Vinceguerra exactamente 40 mil liras, o sea la misma cantidad, en cifras, que el agente retirado de Detroit acaba de donar a su loro de cabecera. Fue un contrato perfecto, por medio del cual un italiano cedió a otro italiano el control absoluto sobre la conducta material y moral de una italiana que después de haber sido esposa del primero durante largos años, pasaba a convertirse en un simple semoviente de alquiler. Si este mundo no anduviera tan revuelto, el policía de Detroit se habría casado con la esposa alquilada y el arrendador de ella habría adquirido los servicios del loro. En esa forma, Vicenzenzo hubiera tenido tan poca necesidad de las 40 mil liras como el loro que ahora es propietario de ellas. Por otra parte, el agente de Detroit habría tenido una esposa competente a quién legar su patrimonio y ésta, a su vez, se habría ahorrado el desagradable sacrificio de identificarse legalmente como un objeto de contrato. En resumen, se llega a la conclusión de que en este enrevesado cuento sobra un personaje: Rino Vinceguerra, a quién a cambio de las 40 mil liras recibió los beneficios de la operación comercial. ¿Cómo podría desenredarse este trabalenguas de la vida real para que todo resulte tan bien como en el cine? Simplemente, logrando que se muera el policía para que el loro pase a ser propietario único de los cuarenta mil dólares. Hecho esto, que los tribunales de Nápoles concedan el divorcio a Vincenzenzo y lo envíen a la cárcel por haber prestado su esposa en alquiler. Inmediatamente se devuelven a Rino Vinceguerra sus 40 mil liras y Clara Maroni viaja de Nápoles a Detroit y se casa con el loro. Todo quedará entonces como debía ser y se arregla uno de los tantos desequilibrios que tiene este mundo desarreglado. |
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