García, Liliana
Eva era mi norte, mi musa, ahora en cambio, es un ave que surca mis nostalgias. Amábala tanto que el atlas me quedó pequeño de tanto seguirla, y esto no es una metáfora: desde Salta, hasta Alabama y Roma, su amor me fue llevando de aquí para allá, hasta que me di cuenta de que amar tiene la fragilidad de una rama que se quiebra fácilmente con el tiempo y la distancia.
Yo sé que acude, perpetuo, mi recuerdo, pero también sé que educa mis sentimientos en el rumbo de la vida. Hoy soy como un toro que ataca el paño rojo, fuerte e impulsivo, pero con el corazón que acata su destino.


Muy bueno!!
Muchas gracias, Ana.
Cariños.
Ingenioso, romántico, reflexivo. ¿Qué más se le puede pedir a un microrrelato que además está pautado por una consigna? Estupendo.
Estoy muy agradecido por cada uno de los informativos leer aquí. Yo, ciertamente, se extenderá la frase acerca de su sitio con la gente. Saludos.