Avogadro, Marisa
Negro nocturno. Azabache. Bravío. Crines al viento y resoplidos. Lo miro a la distancia esbelto, trotando por el campo abierto. Verdes y ocres se pierden entre aromas a lavanda, tilos y recuerdos.
Negro nocturno, de noche. Cuando sale a recorrer los pastizales a paso lento o al trote.
Azabache, azabache también son sus ojos grandes, vivaces. Cada mirada es un gesto, una expresión de amor, un movimiento.
Decidí acercármele con terrones de azúcar, que comió rápidamente y de nuevo sus ojos brillaron con un gracias dulce y salvaje, mezcla de miel y menta.
Y volvió a correr al campo; desafiando el viento. Habitante silencioso de nuestros suelos. Tras él; cabalgan jinetes invisibles en caballos alados; los orígenes de nuestras tierras. Los caciques vigilando, a campo traviesa.
Un viaje imaginario.

