Hinrichsen, Ana
Comenzó el día como cualquier otro. Frente a la concesionaria, el blindex reflejó mi apurada figura alejada un poco de los otros transeúntes y a ellas. La inexpresiva mujer joven que, pegada a mí, miraba hacia adelante sobre mi hombro izquierdo y la ceñuda niña que, unos pasos más atrás, no me quitaba la mirada de la nuca.
Crucé la calle Santa Fe y seguían conmigo. Las vi...