Prada, Josefa
Daban con mucho gusto mordiscos o abrazos. No eran peleas, eran san-cristianas reflexiones perfiladas en voz alta. Filosofía sin recado, de gaucho de alpargata. Don Inodoro, un maestro orientalista, mansa ikebana en el uso del rebenque. Mendieta la dentellada feroz para el re mate, flor y truco de lo dicho.
Juntos podían hacer un frente tormentoso, talerazo sacudiendo a diestra, siniestra y al dorso carajo. Así quisquillaban la modorra de los distraídos citadinos de orillas y pampas adentro.
Tomaban distancia de los fondeos de opinión pero no le sacaban el rostro, ni el cuerpo a nada, dibujaban el pensamiento e inventaban paréntesis ante las malas patas metidas por cualquier connacional.
Declaraciones nacionales los tienen como vigías de horizontes entre la risa y la lágrima.
