Capasso, Mario
De noche cuando me acuesto, no puedo cerrar la puerta. Para mí es por la madera, que se hinchó por la humedad.
El último organito, dijo la prostituta mirando con resignación el reloj en la pared, luego de mirar con lástima mi pequeña desnudez.
Volvió una noche, no la esperaba. Me agarró con los ruleros puestos.
Qué triste es recordar, me dijo durante una inolvidable velada,...