Capasso, Mario
Eulogia no pudo saltar la tapia, así que se quedó de este lado del campito. Pero lo extraña, eso se nota, la pucha que sí.
Anoche, sin ir más lejos, no pudo poner la mesa y dio vuelta las sillas y salió a pitar afuera y a mirar las estrellas, a ver si lo veía aunque sea de pasada y de refilón, dijo.
Y antes de ayer, mientras cebaba mate y después se lo tomaba como quien se desangra, se quemó la lengua cinco o seis veces y ni ganas de putear le dieron.
Y el asunto no queda ahí arrumbado contra el rancho.
La semana pasada, que se cumplió un aniversario, ni quiso jugar el número a la quiniela, no fuera a ser cosa de que ganara. Dicho por ella.
No se la ve bien a la Eulogia, la macana grande es que ya no sabemos qué hacer con el telescopio.
Pero quién sabe, a lo mejor uno de estos días nos da una sorpresa y se pone linda por el recuerdo nomás.

Otro de los excelentes cuentos de Mario Capasso en un sitio que hay que difundir por la calidad de sus publicaciones,,,