Resala, Graciela
Quienes lo recuerdan dicen que, durante años, se lo vio sentado en el mismo lugar. Que permanecía allí, durante horas, como esperando, con la mirada fija, cada una de las olas que devolvía el mar. También cuentan que, una mañana, lo observaron recoger de la orilla y guardar en su morral, un diminuto poema escrito con letras de espuma y sal. Después, no volvieron a verlo.
