Torti de Peralta, Ana María
Adela mira sin pestañear. En la película el público grita, silba, golpea los pies contra el piso, pero Alfredo obediente, corta la escena del beso. Toto ríe sin mesura y su risa nos envuelve el alma.
Después el chiquillo revuelve en un cajón y saca los trozos de celuloide que fueron cortados de todas la cintas por orden del cura.
Como en un espejo, una película dentro de otra y en el final todos los besos prohibidos, toda la música acompañándonos la lágrimas, toda la magia que nos devuelve al PARAÍSO.
