Ricciardi, Bibiana
La luna impaciente apuró al sol. La figura del centauro se estiró larga sobre la tierra reseca. El cristiano cumplió el ritual del atardecer, y hundió los ojos en los vestigios de su propia sombra. Cuando desapareció, la oscuridad no era tal. La luna había ganado la batalla diaria. “Por un rato”, pensó. Noche de eclipse con luna llena. El pie nervioso apretó el vientre...